Entrevista a Vicente Cárcel

´El papa Francisco es anticlerical en cierto sentido porque condena el clericalismo´

Tras haber escrito 40 libros, ahora publica dos volúmenes con tres mil páginas sobre los 'Mártires del siglo XX en España' ante la beatificación de 522 mártires en Tarragona el próximo domingo

10.10.2013 | 05:00
El sacerdote e historiador Vicente Cárcel, con el Papa Francisco.
El sacerdote e historiador Vicente Cárcel, con el Papa Francisco.

¿Por qué a la Iglesia le gusta tanto recrearse en la memoria de los mártires?
¡Hombre, es normal! La Iglesia comienza con un mártir: el mártir del calvario. El primer mártir es Jesucristo. A partir de ahí, el martirio ha estado siempre presente en la Iglesia, así que no es una recreación caprichosa. Las personas que mueren por su fe, la Iglesia los declara mártires. Como en otras ideologías o instituciones, que también homenajean y reconocen a los suyos, aunque sea de manera distinta. Eso la Iglesia lo ha tenido desde el siglo I.

Dice en su libro que las raíces históricas del anticlericalismo hay que buscarlas en el siglo XIX.
Sí, es el antecedente más próximo. El anticlericalismo es siempre la reacción al clericalismo. Por tanto, como fenómeno sociopolítico, cuando hay mucho clericalismo surge una reacción contra ese movimiento. Eso lo encabezan los escritores, que critican la voluntad de la Iglesia de unirse al poder del Estado.
Lógicamente, hay una reacción tremenda contra eso.

Como el propio papa Francisco, que condena el clericalismo.
Eso mismo iba a decirle. En cierto sentido, este papa es anticlerical, porque está en contra del clericalismo. Alguien podría pensar que eso es paradójico, pero es así: el papa no quiere aparecer como un hombre de poder y de influencia, sino como un hombre que quiere regresar a la sencillez y la originalidad del mensaje evangélico, a lo más esencial del cristianismo.

Hablemos de los mártires: ¿Qué tienen en común los 1.523?
Que eran personas sencillas, normales y corrientes que nunca empuñaron un arma ni fueron beligerantes. Había religiosos trabajando en sus instituciones y muchos seglares católicos. Unos y otros fueron asesinados porque representaban a una institución que se llama Iglesia católica y que había de ser destruida y eliminada según la ideología de la II República en los años 30. Pero sólo son reconocidos aquellos que comparten las circunstancias de martirio de Jesús. Es decir: que mueren perdonando, rogando por quien los mata y sin deseo de venganza.

¿Qué historia de martirio le ha removido más la conciencia?
Una historia muy tremenda que sucedió en Algemesí. Había una mujer de 84 años, llamada Teresa Ferragut Girbés, y tenía cinco hijas. De esas cinco, cuatro eran monjas y una estaba casada. A las cuatro hijas religiosas, todas jóvenes y en un convento de clausura del pueblo, fueron detenidas en 1936 y las llevaron a matar. La madre, con 84 años, decidió ir con ellas voluntariamente porque decía que adonde iban sus hijas iba ella sin dejarlas solas. Fusilaron a sus cuatro hijas, una por una, delante de su madre. Y cuando cayó la última, los autores del fusilamiento le dijeron que ya podía marcharse a casa. Pero ella se negó: «Donde van mis hijas, voy yo». Y al final, mataron también a la madre. La Iglesia las ha beatificado juntas a las cinco. Murieron juntas y fueron beatificados juntas, como dijo el papa.

También aconteció lo que usted llama «el martirio del arte».
El arte es una cosa que a mí me duele muchísimo. Por descontado que la vida de las personas no tiene precio y está por delante de todo, pero el patrimonio que perdimos es impresionante. Archivos parroquiales, incunables, pergaminos, órganos, retablos, coros, imágenes€ ¿Qué culpa tenía el patrimonio?

¿Y la Iglesia debe hacer alguna autocrítica sobre lo ocurrido en aquel tiempo?
La Iglesia ya la ha hecho. Hace ya muchos años que la está haciendo. El primero fue el papa, que en un famoso discurso de 1936 se preguntaba qué habría hecho la Iglesia para merecerse todo esto. ¿No será que no hemos sido próximos a la gente para que esto no sucediera?, se preguntaba el pontífice. A principios de los setenta, una asamblea conjunto de obispos y sacerdotes también realizó autocrítica de la guerra y del papel de la Iglesia española en el pasado. Pero por mucha autocrítica que se haga hoy y se pida perdón, lo que pasó ya pasó. No se puede solucionar.

Pero la autocrítica ayuda€
¡El problema es que esa autocrítica no la han hecho los otros! Porque viven los hijos y nietos de los responsables políticos y morales de todo aquello. Se trata de partidos que después han estado en el poder y que han insistido en que la Iglesia debe pedir perdón. ¿Y ellos, cuándo piden el perdón, cuándo devuelven lo destrozado, y cuándo habrá un resarcimiento de los daños cometidos?

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