El origen de la violencia

El primer crimen de la Historia

La víctima, un adulto joven del que se ignora el sexo; del agresor que acabó con esa vida sólo se sabe que era diestro

05.09.2015 | 17:50
El primer crimen de la Historia

Un grupo de geólogos de Atapuerca ha conseguido situarse en la primera línea de investigación del desarrollo de la humanidad gracias al estudio de un cráneo que nos revela cómo fue el primer acto violento. Ocurrió hace 430.000 años y aunque ofrece pocas pistas desde el punto de vista policial el valor paleontológico de estos restos incalculable

La víctima es un adulto joven, del que se ignora el sexo; fue golpeada con un objeto contundente sin identificar, pero que perforó el cráneo tras provocar dos fracturas idénticas. Del agresor solo se sabe que era diestro. Esos son los datos, exiguos desde la perspectiva policial, pero muy reveladores desde la de la paleoantropología, que permiten hablar del primer acto violento documentado de la humanidad. Ocurrió hace 430.000 años en Atapuerca.

Nohemí Sala, madrileña, geóloga con un doctorado en Paleontología, vinculada a las excavaciones del yacimiento burgalés desde 2004, es la primera firmante de un artículo publicado por la revista Plos One que refleja, en el áspero lenguaje de la ciencia, ese lejano suceso. Junto a ella aparece la plana mayor del equipo que ha conseguido situarse en la primera línea de la investigación del desarrollo de la humanidad sobre la base de la que pasa por ser la mayor acumulación de fósiles humanos del mundo.

El cráneo que revela este acto violento se reconstruyó a partir de 52 fragmentos extraídos de la Sima de los Huesos, una de las áreas de excavación. De esa sima han salido a lo largo de treinta años de trabajos unos 6.500 fragmentos de huesos, las piezas de un enorme puzzle que una vez armado han resultado ser los restos de 28 individuos y los 17 cráneos. Sobre esta base, el equipo de Atapuerca publicó el año pasado un artículo en Science que supone reescribir la evolución humana en Europa.

La nueva publicación es más modesta, pero tiene el aliciente del morbo de los sucesos. «Analizando las roturas de esos 17 cráneos vimos las fracturas anómalas de este individuo en concreto». Nohemí Sala relata así el comienzo de una investigación cuyo interés se acrecentó al comprobar que se trataba de «un caso de fractura peri mortem, el periodo que está cerca del momento de la muerte, y no post mortem, una fractura que se produce después del fallecimiento y que son las habituales en la Sima de los Huesos».

Las características del hueso delatan cuándo se produce del óbito, como sabe cualquier aficionado a las series de investigación criminológica. «Cuando el hueso todavía lleva adherido tejido se comporta de forma diferente, es más rígido y se parte de manera distinta a cuando la rotura se produce con el hueso seco, ya limpio de tejido blando». Sin embargo, «lo más excepcional», continúa Sala la exposición del caso, «no es el momento en que se produce esa fractura: se trata de fracturas muy características e idénticas en tamaño y en forma. Esas dos incisiones penetrantes exactamente iguales descartan la posibilidad de que fuera una fractura accidental. Por accidente te golpeas una vez, pero no dos y con el mismo objeto. Esto es algo único, no nos hemos encontrado con ningún otro hueso de estas características». Son dos fracturas que llegan a perforar el cráneo y que «siguiendo criterios forenses, tienen las características de un enfrentamiento cara a cara. Todo ello unido hace que nos encontremos ante un caso excepcional, no se ha visto nada parecido hasta la fecha». Estaríamos ante «el primer acto violento de la humanidad que podemos documentar o rastrear», concluye la investigadora. La víctima es un neandertal adulto joven del que no se puede determinar el sexo. Del agresor solo podemos saber que era diestro porque «las dos fracturas son frontales y están en el lado izquierdo del cráneo, en una zona característica de los actos violentos».

Tampoco resulta posible concretar el «arma» utilizada para propinar los golpes. «No hemos podido identificarla, ni creo que se pueda hacer nunca. Es un objeto tan contundente como para perforar el cráneo de un neandertal, cuyos huesos son de mucho mayor grosor que los nuestros. Es probable que fuera una roca o un herramienta de piedra. Podría tratarse de una pieza de madera, pero en Atapuerca, por las características del yacimiento, ese material no fosiliza. No sabemos con qué objeto se produjo esa agresión, pero es evidente que fue el mismo para las dos fracturas». Este relato de un oscuro y violento hecho ocurrido hace más de 400.000 años tiene otras implicaciones.

La especialidad de Nohemí Sala es la tafonomía. «Me dedico a investigar cómo se forman los yacimientos, qué ha ocurrido con los huesos de esos individuos desde que murieron hasta que los recuperamos los paleontólogos". Desde esa perspectiva la Sima de los Huesos plantea grandes incógnitas para determinar cómo pudo producirse esa acumulación de fósiles en un lugar de tan difícil acceso. La discusión sobre si la presencia de esos 28 individuos es la consecuencia de la geología, los animales carnívoros o una reiteración de accidentes constituye «uno de los debates más intensos no ya en Atapuerca sino de la paleoantropología mundial», según Sala, una discusión que ahora podría empezar a despejarse. En el caso de la víctima de ese acto violento resulta claro que fue arrojada a la sima por sus congéneres, lo que podría apuntar a que el origen de esos restos sea «un incipiente comportamiento funerario, nada complejo» que «muestra que existía ya una intención de acumular los cadáveres». Así, el cráneo que nos habla de un crimen resulta también «revelador de cómo se formó el yacimiento».

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