Entrevista

"En Cataluña se ha enseñado una historia falseada"

Carmen Iglesias es la primera mujer que ocupa la Presidencia de la Real Academia de la Historia

06.12.2015 | 17:26
Carmen Iglesias, presidenta de la Real Academia de la Historia.

La dedicación al estudio desde que era una niña, hija única, marcada por las ausencias de sus padres, y su decidida voluntad de ser alguien, bailarina del Ballet de Nueva York, por ejemplo, han llevado a Carmen Iglesias a ser la primera mujer que ocupa la Presidencia de la Real Academia de la Historia, después de haber presidido un gran grupo de comunicación y de ejercer como profesora del rey Felipe VI y tutora de la infanta Cristina, por quien guarda un gran cariño a la vez que lamenta que no haya dado la cara para pronunciar un «lo siento» tras el escándalo del ´caso Nóos´ que tanto ha perjudicado a la Corona. Iglesias, «un bicho raro» durante su niñez y adolescencia que se llegó a inventar una hermana mayor para contarle sus sueños, se revuelve al escuchar «las falsedades» históricas que propagan los nacionalistas catalanes que «ocultan» las investigaciones de Vicens Vives en las que se dejaba claro que se puede ser español y catalán al mismo tiempo. Carmen Iglesias advierte de forma enérgica a los jóvenes de que no se puede confundir la democracia con la mayoría porque es más importante el imperio de la ley a la vez que denuncia la «demagogia» imperante en la Facultad de Políticas de la Complutense de Madrid en la que nació Podemos para hacer una clara distinción entre el grupo de Pablo Iglesias y el de Ciudadanos, «que lleva diez años plantando cara al nacionalismo».

¿Qué historia de Cataluña se ha enseñado a los catalanes durante la Transición?
Una historia literalmente falseada, llena de mitos inventados en un bucle de melancolía que ha falseado los hechos. No se ha tergiversado la historia, se ha falseado.

¿Son acaso la CUP y Carme Forcadell el resultado de las enseñanzas recibidas en los colegios catalanes?
En parte sí, pero el principal problema es el modelo de Educación que se instauró. Es un modelo extensivo y muy fragmentado en el que se perdió el valor del esfuerzo y se trató muy mal a los profesores, sobre todo, de enseñanza secundaria, a los que se les cortaron las alas. Se olvidó que la enseñanza cívica es importante sobre todo tras 40 años de dictadura. Nadie ha educado a los jóvenes sobre el valor de la democracia y se creen que la democracia es siempre la mayoría cuando lo que es fundamentalmente es el imperio de la ley.

¿Hasta qué punto ha sido un error haber transferido Educación a las comunidades autónomas?
Fue un error clarísimo en el que la asignatura de Historia se llevó lo peor. Los jóvenes no saben Historia y se quedan con tópicos ideológicos que lanzan los políticos de turno. Los chicos solo conocen los ríos hoy en día por el tramo por el que pasan en sus comunidades autónomas. Ni saben dónde nacen ni dónde desembocan. Otra cosa son las políticas lingüísticas de inmersión que se han aplicado en las comunidades autónomas nacionalistas olvidando que la lengua común es un vehículo importantísimo de movilidad social. Lo que se ha hecho es tratar peor a los más desfavorecidos que se ven obligados a asistir a una enseñanza pública poco eficaz. Están creando mano de obra barata.

¿Debería recuperar el Estado sus competencias en Educación?
Desde luego que debería de existir un tronco común, el mínimo, para Lengua, Historia, Humanidades, Ciencias y Matemáticas.

¿Se puede enseñar la historia de un país con objetividad?
Se puede enseñar hasta donde llega la investigación, con distancia y explicando distintas interpretaciones de un hecho. Los hechos son los hechos y no se pueden tergiversar como hacen algunos vascos y algunos catalanes. Hay que desconfiar del que dice que la historia no existe porque lo que pretende es imponer su propia historia. La historia tiene siempre un elemento narrativo y un principio de incertidumbre.

Dice el historiador Josep Fontana que la formación de Cataluña como pueblo se remonta al siglo XIII, cuando pasó de Estado feudal a ser el «primer Estado nación moderno de Europa». ¿Qué opina usted?
No quiero entrar en polémicas pero ahí está el libro de Roberto Fernández, Premio Nacional de Historia con Cataluña y el absolutismo borbónico y todo lo publicado el año pasado sobre la Guerra de Sucesión y el Tratado de Utrecht.

¿Cuál sería el mensaje de Vicens Vives al pueblo catalán de hoy?
Diría lo que dejó escrito: que hay que apostar por la moderación y que se puede ser al mismo tiempo español y catalán. Es una pena que la magnífica historia escrita por Vives esté hoy oculta en Cataluña.

¿Hay algún precedente histórico en el que la extrema izquierda, los antisistema y la derecha estén a punto de ponerse de acuerdo para apoyar un Gobierno de concentración?
No como se pretende hacer en esta ocasión en la que pactan personas que desconocen la historia, analfabetos radicales, antisistema y anarquistas de los malos.

Hace poco, el primer ministro francés Manuel Valls, de orígenes catalanes, afirmó tajante que en Francia sólo hay un pueblo: el francés. ¿Por qué el Estado español es tan débil respecto del francés?
¡Cómo envidio a los franceses! Ellos han cerrado filas, no como nosotros durante el 11-M de 2004, cuando los políticos utilizaron una tragedia para tirarse los trastos. Es curioso porque la unificación de la lengua francesa se hizo en el siglo XX. La tradición jacobina hace que el francés sea francés. En España padecimos una dictadura demasiado larga. La sombra del franquismo es aún muy alargada y el péndulo antifranquista está cometiendo defectos similares a los que cometió Franco.

¿Hasta qué punto se puede enmarcar la radicalización independentista en los recortes producidos por la crisis y en la amenaza de los inmigrantes?
No sé hasta qué punto influyen esos fenómenos en esta radicalización. Lo cierto es que el nacionalismo es por definición xenófobo y en el caso de Cataluña tapa una corrupción que comenzó con Pujol y en la que Madrid miró hacia otro lado.

¿Se puede ser marxista y nacionalista sin caer en la incoherencia?
Se cae en la incoherencia total porque el marxismo tiene un espíritu cosmopolita, universal y de revolución total, aunque luego tiene también esa parte delirante del marxismo-leninismo que provocó millones de muertes.

Los franceses cantaban con orgullo La Marsellesa tras los brutales atentados de París, cosa que no haríamos los españoles en similares circunstancias ¿quizá porque la Transición no consiguió cicatrizar las heridas de la Guerra Civil y del franquismo o porque nunca hemos tenido un sentimiento nacional tan firme y tan asumido como el de los franceses?
El principal problema es que los responsables de hacer esa Transición fueron unos pusilánimes. Se ve hasta en la Ley Electoral, que se puede cambiar sin necesidad de tocar la Constitución y no se ha hecho nunca. Si esa ley se hubiese modificado nos hubiéramos ahorrado la presión nacionalista. Esa ley ha fomentado la corrupción política. El poder político, con el monopolio de la fuerza y el Boletín Oficial, perdió el sentido de la realidad.

¿Por qué tenemos tan escaso respeto por los símbolos españoles, un tema que usted coordinó cuando dirigía el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y que mereció el premio Nacional de Historia de España en 2000?
Por la larga duración del franquismo que dio a esos símbolos el carácter de un solo sector y que ahora rechazan con virulencia los del péndulo antifranquista.

¿Habría encontrado la misma unanimidad en España que ha tenido en Francia la enérgica declaración de guerra del presidente Hollande como respuesta a los recientes ataques terroristas de París?
Me temo que no. En España se ha desarrollado un buenismo y confusionismo total. Estamos en una perspectiva de conflicto de obligaciones. Queremos defender los valores de libertad del individuo sin darnos cuenta de que esos valores sirven también para destruirnos cuando no son asimilados ni aceptados por otras culturas que entran en el país. A Occidente le ha costado siglos, dolor y guerras lograr que el individuo esté por encima del grupo y que el mérito se valore más que el lugar de nacimiento. Los nacionalistas regresan ahora con el criterio del nacimiento y vuelven a lo peor del antiguo régimen. Lo malo es que estas malas prácticas e ideas son contagiosas y el pensamiento totalitario del nacionalismo se extiende por la sociedad. Es una locura, un delirio que hace renacer los Reinos de Taifas, y es además un despilfarro.

¿Cuál es su lectura del acuerdo de la izquierda municipal de Córdoba de guardar también un minuto de silencio por las víctimas de las operaciones antiterroristas francesas?
Es una hipocresía total querer igualar a los verdugos con las víctimas.

¿Está usted de acuerdo con el papa Francisco en que estamos en medio de una tercera guerra mundial?
Soy historiadora, no futuróloga, y lo que puedo decir es que todos los momentos de la historia son complicados. Cuando se leen las crónicas nos damos cuenta de que vivimos temiendo el Apocalipsis desde el siglo I. El conflicto es inherente al ser humano y por eso es importante estar en la línea de la realidad. Las dictaduras, precisamente, van contra esa realidad que por ejemplo se esconde en Cataluña.

¿Qué hay detrás de Estado Islámico o Daesh?
Conflictos tremendos y heridas internacionales. No olvidemos que a los primeros que asesina el EI son a los suyos. Hay una gran guerra entre suníes y chiítas. El islamismo no ha tenido ni Renacimiento ni Ilustración. Renunció a la ciencia que no estuviera en el islam ya en el siglo XII. Además, el islam desde el punto de vista de las ideas tiene el problema de no separar la política de la religión, lo que hace que el Corán intervenga en la vida cotidiana de cada cosa.

Señora Iglesias, ¿qué sentimientos le ha producido el haber sido la primera mujer en ser elegida directora de la Real Academia de la Historia?
Me emocionó muchísimo el ser elegida por mis compañeros. Rompí un techo de cristal muy importante.

¿Qué orientación quiere darle usted a la Academia, cuyo prestigio ha quedado seriamente tocado con el Diccionario Biográfico que tantos disgustos causó a Gonzalo Anes?
Primero hay que poner en orden esta Institución cuyo germen está en las reuniones de amigos que se celebraban en 1735 en la casa del Marqués de Villena. En 1778 se pidió protección a la Corona pero manteniendo la independencia que nos da el ir eligiéndonos entre nosotros sin injerencias políticas. Solamente alguien del PSOE quiso poner cuotas para que el Gobierno entrase en esta academia y Felipe González lo paró. Los únicos que han querido interferir en esta academia y en la Real Academia Española han sido el tirano, absolutista y nefasto Fernando VII, luego Primo de Rivera, el Frente Popular con un decreto de Azaña y luego Franco. Respecto al diccionario, yo nunca estuve de acuerdo con ese diccionario que mezclaba a vivos y muertos, pero no me hicieron caso. Hay una edición en papel que no se va a reeditar y quedará para los bibliógrafos y en 2016 estará la versión en internet que se ha actualizado y revisado.

¿Cómo van a arreglar ese desaguisado en el que no se reconoce que el gobierno de Franco fue una dictadura?
La polémica sobre este tema se exacerbó. Es un diccionario riguroso en el que Franco aparece en muchísimas ocasiones como dictador y falla esa rigurosidad solo en un 0,047% del texto total que incluye más de 50.000 voces recogidas por 5.500 historiadores. El diccionario es de una riqueza total.

¿Se puede calificar de «dictablanda» la dictadura del general Primo de Rivera?
En parte sí porque no hubo muertos.

¿Por qué se comprometió usted con el FLP contra el franquismo?
El franquismo me agobiaba, estuve a punto de exiliarme a Francia o a Suiza. Me agobiaba la sociedad pacata del momento. He sido siempre una mujer muy libre.

¿Era complicado ser mujer y libre en aquella época?
Sí. Soy hija única, me quedé huérfana de padre muy pronto y mi madre estaba siempre ausente. Lo que hice fue ponerme a estudiar y fui muy buena estudiante porque veía que las buenas notas me daban libertad. Recibí el consejo de mi madrina, una mujer muy independiente, de que no iba a poder contentar a todos, pero que lo que debía de hacer siempre era actuar en consecuencia para no arrepentirme al día siguiente. Yo era de chica un bicho raro.

Que se llegó a inventar a una hermana, ¿no?
Sí. Todos los lunes teníamos que hablar en el colegio en público sobre el fin de semana y yo no tenía nada que contar. Me inventé que tenía una hermana mayor para la que inventaba historias. Un día, yendo al colegio en el tranvía, me dio vértigo lo que estaba haciendo. Sabía que estaba haciendo algo muy mal y cuando llegué a clase reconocí que no tenía a esa hermana. Desde ese momento me di cuenta de que estoy incapacitada para mentir.

¿Es cierto que soñaba con ser primera bailarina del Ballet de Nueva York?
Sí, así es. Quería ser alguien y me gustaba mucho bailar.

¿Qué ha aprendido de la irrupción en España de nuevos líderes políticos como Iglesias, Errejón o Albert Rivera?
Me parece muy bien que exista una generación de jóvenes que explicite su desacuerdo y desasosiego, pero hay que diferenciar a unos de otros. Sé lo que se cuece en la Facultad de Ciencias Políticas en la que surgió Podemos y donde reinan la demagogia, el populismo y las conexiones con Venezuela. Nada que ver con Ciudadanos, que lleva diez años plantando cara al nacionalismo.

¿Vivimos en España un momento de amnesia histórica?
Lo peor es que no se sabe Historia.

¿Están actuando responsablemente los medios de comunicación en la difícil situación que está viviendo la sociedad española o son tan culpables de los males como denunciaba Karl Kraus?
Los medios de comunicación aclaran situaciones a veces y otras crean más ruido del que se merecen algunos asuntos. Eso sí, sin los medios de comunicación no habría democracia. Lo peor son esas tertulias televisivas en las que se habla sin criterio de lo divino y de lo humano y que convierten en analista a cualquier persona.

¿Qué le enseñó como ciudadana y como historiadora haber presidido un grupo de comunicación como Unidad Editorial, grupo editor de El Mundo?
Fue una experiencia muy interesante en la que hice muchos amigos, pero también me sentí muy a gusto volviendo a mi mundo académico.

¿Es cierto que tuvo que convencerla el rey Juan Carlos para aceptar aquella presidencia?
Es verdad. El rey Juan Carlos me empujó a que aceptase ese cargo. Yo siempre he sido muy reacia a aceptar puestos políticos o empresariales.

¿Qué siente cuando ve a la infanta Cristina, de la que usted fue tutora, entrar en los juzgados?
Tengo mucho cariño a la infanta Cristina y lamento que se haya llegado hasta aquí. Creo que fue un error el no salir públicamente a dar explicaciones sobre lo que estaba pasando. Ha perjudicado mucho a la Corona.

¿Qué consejo le daría a la Infanta en las circunstancias que vive?
El consejo hubiera sido que diese la cara y pronunciara un «lo siento».

¿Cómo le parece que lo está haciendo Felipe VI, de quien fue usted profesora?
Lo está haciendo genial. Es una persona inteligente, profunda, bondadosa, con criterio y serena.

¿Qué gran lección de utilidad para los tiempos que nos toca vivir nos ha dejado su maestro Luis Díez del Corral?
La excelencia que tanto se echa hoy en día de menos. Él enseñaba a hacer siempre las cosas lo mejor posible, la liberalidad personal. Recuerdo su caballerosidad y distancia entrañable en el trato.

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