Atentados

¿Quiénes son realmente los kamikazes?

Lo 'novedoso' de las prácticas terroristas de los últimos atentados es el incremento del autosacrificio, cuando todas las religiones entienden la vida como un don de Dios, además de proscribir el suicidio

12.12.2015 | 05:00
Terroristas islamistas.

El terrorismo, desgraciadamente, tiene ya una larga historia en la que el uso del terror como medio de presión política es el rasgo que lo define y lo caracteriza dentro de sus múltiples manifestaciones. No obstante, asistimos recientemente a un incremento de casos de autosacrificio. En efecto, resulta llamativo que nunca hasta hace algunos años, los atentados políticos/religiosos, entre chiítas y sunitas, occidentales y medio oriente, habían llegado en sus relaciones beligerantes a tantas manifestaciones de inmolación, de kamikazes, apareciendo cada vez más nuevos perfiles como mujeres y niños procedentes de una multitud de pueblos. Por todo ello, cabe preguntarse si los perfiles que aparecen en el conflicto sirio siguen persiguiendo una finalidad política, que como decía anteriormente, caracteriza y define en principio la táctica de cualquier grupo terrorista.

Tal vez debemos buscar el origen de esta guerra no en la realidad que nos rodea, sino más bien en el discurso que la ha motivado. Que se trate de la ilusión de un ideal religioso y/o político, el gran número de mártires aparece en cualquier caso como la garantía del poder redentor de Tanatos para algunos, y como la mejor arma política para otros.

No entraré en el detalle de los múltiples intereses económicos obvios de los distintos actores que operan ahora en esta guerra, sino más bien en esa forma nueva, por parte de los terroristas, de tratar de afrontar los conflictos que les enfrentan a occidente pero también con sus semejantes. En efecto, lo novedoso de las practicas terroristas que demuestran los últimos atentados, es el incremento de prácticas de autosacrificio cuando todas las religiones monoteístas, entienden la vida como un don de Dios y proscriben en su libro de referencia el suicidio.

En el caso del Islam, el Corán lo deja claro desde la primera Sura la Fatiha, que viene a sintetizar el mensaje coránico, estableciendo que ante la complejidad de la existencia y las dificultades de la vida, no se debe renunciar a la felicidad, ni aislarse, ni dejarse morir, El ser humano ha de aceptar las condiciones de la existencia y adoptar una actitud de apertura al mundo porque si el ser humano alcanza su máxima plenitud en la vida de un mas allá, el Corán precisa que no debe olvidarse de la parte que le toca en el mundo. La vida es dura, grave y bella a la vez dice el Islam. La vida es una puesta a prueba del ser humano, que ha de superar sus decepciones y dificultades.

Por todo ello, la fascinación mortífera y patológica de estos terroristas que aspiran a un mundo en el que queda excluido Eros, no tiene nada que ver con la gran mayoría que aspira a unos valores democráticos, mayoría que queda por supuesto excluida del debate que enfrenta algunos gobernantes con una minoría de su propio pueblo que malentiende y malutiliza el dogma religioso para legitimizar la irracionalidad de sus actos.

Por ello, debemos evitar caer en ese reduccionismo simplista que establece una correlación entre Islam y terrorismo.



Ante tal desprecio a la vida, nos podemos preguntar si no estamos ante la emergencia de una nueva patología de etiología social, secundaria a un contexto donde la adversidad de las condiciones socioeconómicas llevan a los sujetos a compartir con otros su sufrimiento, y donde inevitablemente algunos pueden coincidir en su respuesta un tanto desadaptativa, en el rechazo de la realidad sufrida, y la decisión de alejarse de ella por su incapacidad de proporcionarle cualquier tipo de satisfacción.

Ante el carácter insoportable de una existencia marcada por la frustración, la injusticia, los terroristas de ahora están señalando con sus modos de actuar, la emergencia de un nuevo culto a Tánatos, donde el autosacrificio al servicio de una masacre aparece como única oportunidad para demostrar que si su existencia aquí en nuestro mundo no vale nada, puede llegar a significar algo en un más allá, ante los ojos de Alá. Actuar en el nombre de Alá y de su venganza, abre para ellos una posibilidad legitima, compartida con otros, de alcanzar una satisfacción imposible de lograr en la existencia, en el sentido de Heidegger.

Para Martin Heidegger el ser, es ante todo un ser histórico, es decir un ser que se manifiesta en un aquí y ahora, es decir un ser que se manifiesta en y a través del mundo: el dasein. A través del suicidio, los kamikazes niegan esa posibilidad del ser, y además lo hacen público.

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