la opinión. Viena (Austria)
Un pensionista austríaco ha sido detenido y acusado de haber sometido a abusos sexuales a ocho niñas, seis de ellas parientes suyos, a lo largo de un periodo de 38 años. El caso, desvelado ayer por la radiotelevisión pública austríaca ORF, se refiere a un jubilado de la región sureña de Estiria, de 59 años de edad, y que en las últimas cuatro décadas sometió sucesivamente a abusos a varias niñas de entre 8 y 12 años, la última su propia nieta.
Al parecer, la niña comenzó a sufrir las vejaciones en 2005 y sólo ahora, con doce años de edad, se ha atrevido a desvelar que su propio abuelo la violó en tres ocasiones en aquella época. Ese testimonio fue el que motivó la inmediata denuncia del padre de la niña y la detención del presunto pederasta. La posterior investigación policial permitió descubrir la existencia de más víctimas. La información conocida hasta ahora indica que el acusado abusó por primera vez de una menor cuando él mismo tenía 17 años. En aquella ocasión, obligó a una chica de doce años a mantener contactos sexuales con él. Seis de sus víctimas eran parientes en distinto grado y las otras dos, amigas de las niñas. Las afectadas tiene hoy día entre 12 y 54 años.
Amstetten. Esta noticia ve la luz un mes después de que el también austríaco Josef Fritzl, conocido como el ‘carcelero de Amstetten’, fuera condenado a cadena perpetua tras ser declarado culpable de asesinato por omisión de socorro de uno de los bebés que tuvo con su hija Elisabeth, a la que había encerrado y violado durante 24 años en un sótano. Así lo dictaminó el jurado popular de la Audiencia Provincial de Sankt Polten, al oeste de Viena, al considerarlo responsable de la muerte, en 1996, de uno de los siete niños que procreó con su hija.
El acusado, que ha protagonizado unos hechos que han consternado a la opinión pública mundial, cumple inicialmente su condena en una institución para criminales con desarreglos mentales. Una vez que se considere que supera su patología, el condenado sería enviado a una prisión para seguir cumpliendo su condena. Durante el juicio, una psiquiatra estableció que, pese a su desajuste de personalidad, fue completamente consciente de sus actos y podía ser juzgado por ellos. El sistema judicial austríaco contempla la teórica posibilidad de que fuera liberado, pero sólo tras un mínimo de 15 años en prisión y si así lo determina un tribunal de tres jueces.
La decisión del tribunal fue firme después de que Fritzl asegurara comprender la condena, aceptarla y renunciar a recurrirla. “La acepto”, respondió Fritzl a la jueza cuando le recordó su derecho a apelar la sentencia en un plazo de tres días.