josé criado. Málaga
"Será un partido especial", afirma con brillo en los ojos uno de los jugadores del Málaga que ya sabe que será su despedida. Para muchos en la plantilla blanquiazul serán los últimos 90 minutos bajo el amparo de la afición malaguista. También la última vez que utilizarán los vestuarios de local. Será el último grito, la última celebración y el último aplauso como malaguistas. Porque no habrá un después tras el partido de mañana ante el Real Betis en La Rosaleda. No lo será para un gran grueso de la plantilla, que dirá adiós a la que ha sido su afición fiel y se marcharán, con la cabeza muy alta, de donde han vivido uno de los mejores años que se recuerdan en Martiricos.
Puede que haya lágrimas y sentimientos encontrados. Abrazos eternos para no borrarlos nunca de la memoria. Una imagen, un recuerdo, un beso al cielo malaguista en señal de agradecimiento. Sin duda, gestos para el recuerdo y con sabor a despedida para afrontar una nueva aventura que se avecina.
Y es que más de media plantilla blanquiazul aún tiene su futuro en el aire, pese a que el final de la temporada está a la vuelta de la esquina. Las opciones matemáticas de entrar en Copa de la UEFA –son remotas, pero existen– han frenado la desbandada generalizada antes del pitido final.
Sin embargo, la oportunidad de jugar en La Rosaleda sin la presión añadida de luchar por el descenso otorga a los ´damnificados´ de la plantilla a salir entre honores.
Salidas. Es ley de vida que los ciclos se acaben, pero vendrán otros. El que parece a punto de tocar a su fin es el de uno de los artífices del milagro malaguista. Antonio Tapia, la materia gris del Málaga de los récords, mantiene en vilo a la afición blanquiazul. Su silencio es casi una negativa a una continuidad y cada día que pasa está más lejos del banquillo de Martiricos. Su adiós no es oficial, pero a veces los gestos dicen más que las palabras.
Otros que también tienen muy cercano su adiós son dos de los capitanes y referentes de este equipo. Tanto Iñaki Goitia como Javi Calleja también afrontarán el encuentro ante el Betis como si fuera el último como malaguistas . Ambos mantienen silencio ante la oferta de renovación, y su futuro parece lejos de la Costa del Sol.
Goitia llegó al filial blanquiazul procedente del Burgos en la temporada 2003/04. Su mujer y su niña son malagueñas, por lo que no podrá olvidar nunca Málaga. Javi Calleja ha vivido lo mejor y lo peor de este Málaga. Pilar básico en la resurrección, aterrizó con el descenso a Segunda y se prometió devolverlo a la elite. Lo ha conseguido y siendo uno de los partícipes del éxito.
Cedidos. Hay otra serie de jugadores, que aunque sólo han cumplido un curso en Málaga, han calado en la afición. Están cedidos y tendrán que volver a su club de origen, pero no cierran la puerta de salida con llave. Son el caso del onubense Lolo, que ha explotado en el centro del campo blanquiazul; Duda, que ha vuelto a sentirse estrella; Nacho, que ha recuperado la sonrisa; Adrián, que ha encandilado a la afición con sus regates imposibles; Pablo Barros, que se hizo mayor de golpe; Adriano, que apuntó más de lo que pudo demostrar; o Albert Luque, que alcanzó la felicidad cuando ya había perdido la esperanza de encontrarla.
Salvo el delantero asturiano, que volverá sí o sí al Dépor, el resto tienen la puerta abierta para comenzar una nueva etapa en la casa de los malagueños.
Otros, como Salva Ballesta, Cheli, Rossato o José Juan Luque, quizás no tengan la oportunidad de despedirse, o quizás no se vayan, como puede suceder con el delantero maño.
Pero también estarán los que vivirán el partido con la sensación de ser el último. Son los Jesús Gámez, Apoño, Eliseu o Baha. Jugadores con contrato en vigor, pero que gracias a su gran temporada están en el punto de mira de media Europa.
Para todos ellos será el momento de los agradecimientos. Incluso para aquellos que no será un adiós, sino un hasta luego.