fran extremera. Antequera
Hasta la meteorología jugó en El Maulí frente a la permanencia del Antequera. El equipo adiestrado en esta recta final de la temporada por Jorge Muñoz descendió ayer tarde a Tercera, justo un año después de alcanzar con mucho esfuerzo la categoría de bronce del fútbol español. La tarde empezó lluviosa y los locales se adelantaron pronto, pero el Terrassa, que ya tenía dos tantos a su favor del partido de ida, empató al salir el sol en el tiempo de descuento de la primera mitad.
Para los verdiblancos, paradójicamente, el auténtico chaparrón empezó ahí. Tras la reanudación, todo se nubló de forma definitiva respecto a su continuidad en Segunda B. Quizás hubiese habido un guión bien diferente si el ariete local Óscar no saca bajo palos un balón que había rematado un compañero suyo tras un córner. El Terrassa, desde ese instante, se volcó en ataque. A la presión pudo sacarle el máximo rendimiento. El colegiado, por sendas entradas duras, enseñó la cartulina roja directa a Samu (63´) y una segunda amarilla a Valentín (67´). Y con dos hombres más sobre el césped la escuadra catalana dictó la sentencia, con un gol del recién incorporado Víctor Curto –en la ida había anotado el segundo tanto–. El ariete superó de cabeza a Lara en una salida a la desesperada.
El público se marcha. Se había cumplido el minuto 71 y ya ni se soñaba con la remontada (el Antequera estaba obligado con nueve a marcar cuatro goles más). Empezaban a tomar la salida decenas de aficionados y los rostros eran de desesperación extrema. Aunque quedaba ´chaparrón´. Los visitantes perdieron en la celebración a Julio de Dios, que veía la segunda amarilla, pero sólo dos minutos más tarde vendría el 1-3, de nuevo con Curto como protagonista. Esta vez anotaba de disparo raso y sin oposición alguna.
A falta de seis minutos para que terminara el encuentro, una gran acción individual de Óscar sirvió al menos para acortar distancias. El delantero de Alameda fue zancadilleado en el área y él mismo, a lo Panenka, superó de penalti a Pau. Ni celebró el gol. Todo lo contrario a la fiesta que se vivió en la primera mitad, al inaugurar su compañero Tete el marcador.