la opinión. Tenerife
El Málaga probó ayer su propia medicina, si en la primera de las tres eliminatorias que tenía que superar, ante el Almansa, se había impuesto con sendos goles en el descuento de cada encuentro, ayer en el Heliodoro Rodríguez el filial del Tenerife le dejó fuera de la carrera por el ascenso en el minuto 86.
No comenzó bien el choque, con un gol tempranero de los canarios, materializado por Omar Ramos. Los locales estaban a un tanto de la clasificación, por culpa de los dos goles que materializaron en El Viso en los últimos minutos –después de situarse con un 4-0 en contra que era casi definitivo–. Pero los minutos pasaban y el filial malaguista se cerraba bien y buscaba sus opciones al contragolpe.
El choque era vibrante, con llegadas a ambas áreas. Hasta que un tanto del canterano blanquiazul Pedrito, poco después de reanudarse el choque tras el descanso, establecía una igualada esperanzadora para los pupilos de Rafa Gil. El pase preciso había sido de su compañero David González. Otra vez, como hace siete días, había una renta relativamente cómoda. Lo que no podía ocurrir, bajo ningún concepto, era relajarse y recibir otras dos dianas.
Ocasiones perdidas. Pero el recién incorporado Rubén Rosquete, nueve minutos después de pisar el césped (70´), se encargó de meter otra vez presión al Málaga B. La acción arrancó con un control dentro del área y con un disparo duro y cruzado que sirvió para batir al cancerbero Fran.
Desde ahí, el conservador posicionamiento del conjunto malacitano con el objeto de defender su renta del partido de ida y abonarse a los contragolpes animó aún más a los locales.
Ya por entonces se lamentaban las ocasiones visitantes de Carlos Rodríguez. Sobre todo con el susto que pasaron los malaguistas al transformar una diana Vianney. Era el delirio en la grada, que no obstante acalló el colegiado, al anular el tanto por supuesto fuera de juego. Esa jugada ya había tenido como protagonista al autor del 2-1, que fue el encargado de asistir a su compañero.
El tiempo pasaba a favor del Málaga B. Pero los nervios también eran cada vez más intensos en las filas de los pupilos de Gil. Y otra vez fue decisivo Omar Ramos, que después de recibir un balón en profundidad se marchó de sus marcadores y con otro potente disparo anotaba el gol que clasificaba al Tenerife B para la tercera y definitiva ronda de ascenso.