Luis m. Pascual/efe. Colmar (Francia)
La general del Tour de Francia parece escrita en mármol, porque los favoritos para la carrera han decidido aplazar ´sine die´ la batalla que se anuncia cada víspera y que se pospone cada jornada. La primera etapa de montaña de la recta final del Tour, una jornada en los Vosgos, aperitivo de los Alpes que se afrontarán la semana próxima, acabó con todos los favoritos en el mismo paquete, el que parece petrificado en este Tour.
Nadie se atreve a desafiar el poderío del Astana, que mostró que tiene una formación dispuesta para controlar. El italiano Rinaldo Nocentini, un desconocido de 31 años, sigue luciendo un maillot amarillo, y van seis días, los mismos que Marco Pantani, Mario Cipollini o Francesco Moser, tres grandes del ciclismo transalpino.
Ni en sus mejores sueños había soñado este modesto ciclista especialista en clásicas ver su nombre situado junto a algunos de sus mejores compatriotas. Y todo gracias a que la carrera no termina de explotar.
"Esperábamos mucho de esta etapa pero al final no ha pasado nada", resumió Laurent Fignon, ganador del Tour en 1983 y 1984. "El Tour está petrificado", añade el ex corredor Laurent Jalabert, seleccionador francés de ciclismo. Alberto Contador se lo toma con calma. "Han decidido no atacar, mejor para nosotros".
El director de competición, Jean-François Pecheux, no está inquieto. Había señalado la etapa de Colmar como "una cita llena de trampas" en la que habría ´sorpresas´ pero tuvo que conformarse con una jornada anodina, sin ataques entre los mejores.
La lluvia y el frío cambiaron la pinta de la jornada. Del sol de Vittel, que elevó el mercurio hasta los 32 grados, se pasó a una jornada bajo el agua, con 20 grados menos y todo el peligro que acarrean las carreteras mojadas.
El único cambio entre los mejores fue la desaparición del cuarto de la general, el estadounidense Levi Leipheimer, lesionado en una muñeca y que dijo adiós a la carrera. El Tour pierde a uno de los favoritos. Y Lance Armstrong y Alberto Contador a un compañero.
Pero la carrera no se ha modificado. Sigue con la misma configuración, un líder de paja, dos postulantes de peso en la segunda y tercera plaza y un montón de favoritos que no se deciden a dar el paso. Mucha lluvia, mucho frío y poca pendiente ascendente. Nada de nada. A partir del domingo ya no se podrá retrasar más. La carrera llega a Verbier, una cima de primera categoría donde también está la meta. Es la cita.
Positivo español. El triunfo ayer fue para el esprinter alemán Heinrich Haussler, del Cervelo, que entró en meta emocionado, llorando bajo la lluvia, con las manos tapándose la cara. No se creía su hazaña, firmada con un tiempo de 4h.56.26. La segunda plaza, a 4.13, fue para el español Txurruka (Euskaltel). Su compañero de equipo, Iñigo Lanzaluce, ha dado positivo por CERA en la pasada edición de la Dauphiné Liberé.