Fernando Castán / efe. Roma
Aunque Michael Phelps regresó ayer a lo más alto del podio, con récord del mundo incluido en los 200 mariposa, no ha restado actualidad a su derrota del martes en los 200 metros libre de los Mundiales de Roma. Su segundo puesto en la citada prueba por detrás del alemán Paul Biedermann, aumentó, si cabe, la polémica sobre los bañadores de competición que ha marcado a la natación en los últimos dieciocho meses.
En la Piscina Olímpica del Foro Itálico de Roma se pudo ver a Phelps por primera vez en mucho tiempo con cara de pocos amigos tras salir del agua en una gran competición internacional.
El germano utilizó un bañador Arena de última generación, es decir forrado de poliuretano, para vencer al estadounidense con su Lazer de Speedo empleado en Pekín y quitarle el récord del mundo de la distancia. La fidelidad a su bañador y a su patrocinador le hizo perder el oro al nadador de Baltimore.
Biedermann paró el crono en 1:42.00 por 1:43.22 de Phelps, que tenía su récord del mundo desde los Juegos Olímpicos de Pekín en 1:42.96. De los dieciséis récords del mundo batidos en Roma hasta la jornada del martes, sólo uno ha sido logrado con un bañador de la generación del año pasado, el LZR de Speedo, que también emplea ese material pero no en su totalidad, el de Gemma Spofforth.
Esta nadadora británica se impuso el martes en los 100 metros espalda con un crono de 58.12 por los 58.48 acreditados el día anterior por la rusa Anastasia Zueva, medallista de plata. Por si fuera poco, la Federación Internacional de Natación (FINA) ha aprobado una normativa para poner fin a los bañadores de poliuretano, del tal forma que a partir de 2010 todos tengan que estar hecho de material textil.
Al mismo tiempo se recorta la superficie de estas prendas volviendo a patrones propios de los años noventa cuando en los hombres no podía superar la cintura por arriba y las rodillas por abajo y en las mujeres no puede cubrir el cuello ni los brazos ni bajar de las rodillas.
Si bien la normativa parece ir en la buena dirección, las comparecencias de los dirigentes de la FINA siempre se caracterizan por una cierta indefinición. "Tenemos que definir qué es textil", dijo el director ejecutivo de la organización internacional, el rumano Cornel Marculescu.
El propio presidente de la FINA, el uruguayo Julio Maglione, decía "no sé" y remitía a Marculescu cuando se le preguntaba por la vigencia de las mejores marcas mundiales a partir del próximo año. Pero la FINA ahora se encuentra, entre otros, con dos problemas gordos: Primero, qué hacer con los récords establecidos en los últimos veinte meses, 152, desde febrero de 2008, que podrían estar lustros sin ser rebajados. Segundo, qué les dice a los fabricantes de bañadores que han desarrollado e invertido en la producción de unas prendas que podrían ir en 2010 al museo.