miguel gámez .enviado especial Benahavís
El pulsómetro comienza a ser el elemento más odiado de la pretemporada en Benahavís. Los jugadores del Málaga se levantaron a las ocho de la mañana para, después de tomar algo de fruta o yogurt, dirigirse en autocar a los hoyos 6 y 7 del campo de golf El Higueral, a escasos kilómetros del hotel, donde les esperaba seis series de 1.000, 1.500, 2.000, 2.000 1.500 y 1.000 metros.
El inicio de las carreras, que estaba previsto para las 8.30 horas, comenzó con un cuarto de hora de retraso. El preparador físico, Enrique Ruiz, dividió a la plantilla en varios grupos en función de las capacidades de fuerza y resistencia. Estaban todos, a excepción de los cuatro porteros –Arnau, Munúa, David Sánchez y Fran–, que hicieron trabajo específico a las órdenes de Paco Ruiz en el campo de fútbol municipal, y de los tres lesionados, dos de ellos de larga duración, Apoño y Cuadrado, así como Andrade, algo cargado tras estar demasiado tiempo parado. Omar, ´tocado´ estos días atrás, se incorporó al grupo. Los tres lesionados trabajaron junto a los fisioterapeutas Luis Barbado y Pedro Serrano, y el masajista Marcelino Torrontegui.
A lo largo de los nueve kilómetros, pudieron observarse escenas de sufrimiento de algunos de ellos. No en vano, hubo quien se acostó a las 2.30 de la mañana, con lo que sólo había dormido cinco horas y media. Otros se lo tomaban con humor. "Te cambio esto por la cámara de fotos", señaló el mediocentro ovetense David González a un fotógrafo cuando acusaba cierto cansancio.
Tras la paliza física, vuelta al autocar para tomar el desayuno y con posterioridad dirigirse al gimnasio, aunque como había algo de tiempo algunos aprovecharon para visitar el Spa.
El bloque se repartió en dos grupos para acudir al gimnasio: uno a las 12.00 horas y otro a las 13.00. Cada futbolista debía completar un circuito de diez ejercicios, explicados por el readaptador físico Rafa Mondragón, con pesas, bicicletas estáticas y demás máquinas para desentumecer la musculatura.
El entrenador de porteros, Paco Ruiz, y el guardameta Arnau vencieron a los también cancerberos Munúa y Fran en una especie de pádel –jugaron con las manos y no con raquetas–. No fue un motivo de distracción, sino un ejercicio ideal para los porteros, donde se suman la fuerza de las articulaciones, la rapidez de movimientos, los reflejos y otras capacidades.
La llegada del almuerzo fue esperada como agua de mayo. Era la hora de reponer fuerzas. El nutricionista del equipo, el fuengiroleño Paco Jaime, había dado las consignas para el día de ayer: ensalada de frutos secos, gazpacho, y picadillo de patatas con atún o arroz a la marinera de primer plato, mientras que de segundo podían elegir entre salmón a la plancha y muslitos de pollo asados. De postre, zumos naturales, fruta natural y yogures desnatados. Eso sí, cada uno tiene una cantidad determinada en función de las necesidades.
Jaime, satisfecho. "Van a marchas forzadas. Las mediciones de los niveles de hidratación de esta mañana han sido buenísimas. Prácticamente todos están en su peso y el que no lo está va por muy buen camino. Todos mejoran mucho con el paso de los días", expuso Jaime. Dado que no hay carne de cerdo en el buffet especialmente preparado para los jugadores, los musulmanes no tienen problemas, como son los casos de Baha y Benachour. Y por la tarde, lo más esperado: el balón.
La sesión de ayer fue un calco de lo que les espera a los jugadores del Málaga casi todos los días en la pretemporada en Benahavís. "Todos menos el sábado por la tarde y el domingo, que los tenemos libres", apuntó un veterano jugador, que, como otros muchos, comienza a sufrir los efectos de la carga de trabajo.