miguel gámez. málaga
´Locos por volverte a ver´ rezaba la pancarta que mostró Malaka Hinchas en su popular y populosa esquina situada entre Preferencia y Gol. Y qué razón tiene la hinchada malaguista. Porque la afición ardía en deseos de ver en acción a este nuevo Málaga, que infunde ilusión a borbotones.
Quizás el Atlético de Madrid era el peor rival posible por su mayor rodaje veraniego, pero a su vez contribuyó a que el espectáculo fuera el mejor posible.
Sólo por ver el golazo de chilena de Nabil Baha merece pagar los cincuenta euros que costaba la entrada. Y los regates del ´Topa´ Forestieri, los centros de Duda, la brega del ´león´ Xavi Torres, la disposición táctica de Juanito, los pases en diagonal de Valdo, la seguridad defensiva de Jesús Gámez –ayer, de central– y Stepanov, las cabalgadas de Manolo por la banda derecha y el desparpajo en defensa y en ataque del torremolinense Manu, que sustituyó a los 16´ a Mtiliga por la lesión del internacional danés.
Juan Ramón Muñiz, que volvía a ´su casa´, tenía muy claro por quien apostar para el comienzo liguero. Sorprendió al situar a Forestieri. No fue tal sorpresa la inclusión del extremo Duda, pese a los escasos entrenamientos del portugués con sus compañeros. Ambos pueden dar muchas alegrías a este Málaga; intercambiaron sus posiciones por momentos, una variante ofensiva interesante para crear peligro.
La defensa adelantada del conjunto rojiblanco ayudaba a la velocidad del ´Topa´, que junto a Duda creó la jugada más peligrosa antes del tanto de Baha. El luso centró al segundo palo, y la dejada atrás de Valdo la aprovechó Xavi Torres para disparar, aunque se fue fuera por poco, como también un remate seco del alicantino tras un rechace en una acción posterior al 1-0. Cabe recordar que el internacional marroquí, que ayer estrenaba botas, está pasando el mes del Ramadán –todo hay que decirlo–, con lo que cuesta jugar en ayunas.
Lástima la lesión de Patrick Mtiliga, que en un cabezazo de Simao se hizo una brecha en la testa. Fue la ocasión más clara del bloque ´colchonero´. La mano del hasta ahora cuestionado Gustavo Munúa fue milagrosa. El charrúa tocó lo justo para que la pelota diera en el larguero y se marchara a saque de esquina. El guardameta malaguista también se lució a un zurdazo de ´Kun´ Agüero y a un tiro lejano de Cléber Santana.
Muñiz sabía lo que debía hacer: ganarle la espalda a los centrales del Atlético mediante balones diagonales. Y el tridente Valdo-Forestieri-Duda era letal.
Sin embargo, hubo que recomponer el esquema tras el descanso ante la lesión del serbio Stepanov. Muñiz puso a Manu de central, a Duda de lateral izquierdo y entró Albert Luque para actuar de extremo zurdo. La zaga albiceleste estaba formada en esos momentos por tres malagueños, todos menos Duda.
Abel Resino, que había sido expulsado en la primera mitad, metió, obligado, a Jurado por la lesión de Raúl García a entrada de Forestieri –el pivote también le había dado ´estopa´ al ´Topa– y a Reyes, dos ex madridistas.
Y llegó el delirio. La enésima acción a balón parado. Duda, cómo no, fue el encargado de botar el libre indirecto y, tras tocar de cabeza Albert Luque y despejar Asenjo, Manu se encontró con la pelota que todo el mundo quiere rematar, a placer, dentro del área: ¡Goooool! 2-0. La afición, a partir de ahí, a cantar el himno, a emborracharse de placer, con palmas, cánticos y disfrute al máximo. No era para menos. Victoria ante el Atlético, todo un rival de ´Champions´.
El último cuarto de hora era para contemporizar. Muñiz metió al internacional tunecino Benachour, un experto en recuperar balones y en darlos con criterio. Había tiempo para el tercero. El cuadro albiceleste lo merecía, tras una segunda parte en la que Muñiz le ganó la partida a Abel Resino, que había manifestado que era un partido psicológico y se encontró con un gol en contra psicológico. Selim Benachour, que también pasa el Ramadán, botó un córner que cabeceó en el segundo palo Xavi Torres. 3-0. Primer triunfo para el Málaga, que es segundo en la clasificación. El parón vendrá bien para recuperar a Apoño, Hélder y Cuadrado. Bendito dilema para Muñiz.