Ricardo Molinelli/efe. Lodz (Polonia)
España se complicó la vida y los cuartos de final al perder contra Turquía, por 63-60, en un partido en el que las dos selecciones se mostraron un profundo respeto y en el que los últimos segundos decidieron, tras no poder anotar Sergio Llull con doce segundos de posesión y 61-60 para los otomanos.
El respeto que ambos equipos se tenían quedó patente desde el mismo inicio del partido, con las defensas muy pendientes de su par y con ambos equipos buscando asegurar canastas sencillas.
El primer desequilibrio vino con la defensa de Turkoglu, 2,08 metros, sobre Ricky Rubio, 1,90 m., que el jovencísimo base español supo aprovechar para anotar un triple y repartir juego una vez desequilibrado su marcador.
El entrenador de los turcos, Bogdan Tanjevic, asignó después a su estrella NBA la defensa de Rudy Fernández, con resultados similares. En el otro bando, Omer Asik resultaba imparable para los pívots españoles.