RAFAEL MOLINA GUERRA
Los ´chicos de oro´ se quejaban amargamente de su antiguo jefe, Aíto García Reneses, en plena experiencia olímpica. Que si Aíto no les dejaba alternar de vez en cuando o tomarse unas cervecillas ni fumarse el ´piti´ de después de las comidas. Lo de Aíto no cicatrizó, pero el inmenso talento de la selección y la libertad que otorgaba el sistema de juego del técnico, propiciaron la plata en Pekín. José Luis Sáez, presidente de la Federación, escogió como recambio del ahora preparador cajista a otro ex, Sergio Scariolo. Un estratega, un tipo meticuloso y concienzudo, de los cinco mejores técnicos del básket europeo, al que le gusta tenerlo todo atado, controlado y encorsetado. Y eso no casa con el ´modus operandi´ de este grupo de jugadores, con el ´carpe diem´ del que hacen gala estos chicos.
La falta de sintonía se plasmó ayer públicamente cuando Mel Otero, de La Sexta, acercó la alcachofa al pequeño de los Gasol. Y Marc, que está que se ´sale´ en Polonia, espetó: "Es complicado, teniendo a Pau –Gasol– en pista, jugarse la última con el chico, el último que ha llegado... (Sergio Llull)". Luego pidió perdón. El vestuario es un polvorín. Se ha perdido la magia. Y esto tiene una única solución, la que tomó Aíto: carta libre. Claro que conociendo a Scariolo no habrá redención. El italiano morirá con las botas puestas. Y con él, probablemente, este Eurobásket.