rafael molina guerra
Obama, Samaranch, Rogge, COI, Río de Janeiro, Lula, Pelé, Chicago, votaciones, Tokio, 2016, corazonada, Madrid... Alinear el complejo rompecabezas es una ardua misión de la que sólo pueden dar parte los miembros del Comité Olímpico Internacional. Los astros se alinearon y el sol brilló lúcido sobre Río. Mandó la lógica, la misma que faltó cuando Chicago se fue a casa a las primeras de cambio. ¿Mensaje del COI? ¿O disparo en el pie? Aquí mandamos nosotros, fue el alegato de la asamblea ante el viaje relámpago de Obama. Pero las televisiones y los patrocinadores que sustentan el suculento negocio provienen de EEUU, responderá más pronto que tarde la Casa Blanca.
Muerto el perro se acabó la rabia. Por el camino cayó Tokio, convidado de piedra de esa final inesperada: Madrid-Río. Y ahí ya no hubo nada que hacer. Madrid había ganado la primera votación, la que echó a Chicago. Obtuvo la candidatura española 28 votos, Río se quedó con 26, Tokio con 22 y Chicago finalizó con 18. A partir de ahí, Madrid sólo pescó cuatro votos hasta la final (32), en la que cayó hecho trizas ante Río (66), que pescó para llenar sus redes.
Madrid no pudo luchar en igualdad de condiciones por tres factores determinantes. La regla no escrita de la rotación continental se clavó pronto en el corazón español. En 2012, los Juegos se celebran en Londres. Imposible que Madrid se hiciera con los de 2016. De eso, además, se encargaron tres grandes capitales de Europa: Roma, París y Moscú. Las tres opositan desde hace ya algún tiempo para organizar los Juegos de 2020. Sabían que si Madrid triunfaba resultaría fatal para su suerte ser sede para esos Juegos. Y ayer la machacaron. A Madrid acabó por apuntillarla el presidente Rogge, que se cuelga la medalla de llevar a Sudamérica los primeros Juegos de la historia. Suerte y samba.