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rafael m. guerra. málaga Un gesto vale más que mil palabras. Braulio Medel, el presidente de Unicaja, es muy poco dado a acudir al Martín Carpena. Lo hace en contadas ocasiones. Sobran dedos de una mano para contarlas en los últimos años. Tiene demasiadas ocupaciones y eso le impide acudir al palco todo lo que a él le gustaría. Pero el máximo dirigente de la entidad financiera sabía que el partido de ayer ante el Valencia era muy especial. La credibilidad del club estaba en juego.
Por eso Medel acudió anoche al Carpena. Llegó diez minutos antes del inicio del duelo. Ocupó un lugar en la primera fila, pero huyó de protagonismos y se sentó en el penúltimo asiento de la zona derecha, entre el vicepresidente primero de la caja, Manuel Atencia, y el ex presidente del club y alto dirigente de la entidad financiera, Ángel Fernández Noriega.
El ´jefe´ de la primera caja andaluza supo sacar tiempo a su apretada agenda, repleta de fusiones, para dar la cara y respaldar este proyecto. Se agradece. Y mucho. Porque en estos momentos de zozobra y crisis deportiva, la imagen de Braulio Medel en el palco del Palacio tranquiliza. La caja apuesta y seguirá apostando muy fuerte por el baloncesto, por su gran símbolo fuera de Andalucía y lejos de las fronteras de España.
Unidad, algo que solicitaron los 13 jugadores de la plantilla verde el martes, es esto. Y no la puesta en escena de la plantilla, solos, a los pies de los caballos, en la comparecencia reseñada, con los responsables del club sentados frente a ellos, no junto a ellos.
Por eso, con todos los pesos pesados de la caja y del club en el palco, el Unicaja sí que dio la imagen deseada y anhelada. Con un palco repleto de altos dirigentes, tanto de la entidad financiera como del club. Desde el propio Medel hasta Francisco Molina, representante del equipo de básket.
Y lo que Braulio Medel vio en la temida noche de los cuchillos largos fue una afición entregada con sus colores, esperanzada en salir del bache. A la ´marea verde´ le bastó con un par de gestos para aplaudir, gritar y vitorear a los suyos. Y eso que el Unicaja jugar, lo que se dice jugar, apenas lo hizo. Especialmente en el primer tiempo. Por eso, su demostración de civismo y amor a unos colores debe reconfortar y servir de estímulo.
La afición malagueña lo perdona todo. Se olvidó, desde la rueda de calentamiento, del espantoso ridículo en Santiago contra el Xacobeo. Y recibió a su equipo con aplausos. Así fue durante todo el encuentro. En los momentos malos, que los hubo, y también en los buenos.
Activa y participativa, la ´marea verde´ hasta tuvo tiempo para mosquearse con los árbitros –Pérez Pérez, Guirao y Munar–, malísimos. Los 8.400 aficionados acudieron al Palacio con fe en las posibilidades del equipo. Por eso, cuando concluyó el choque, la plantilla, en el centro de la pista, se llevó una gran ovación. Ganó, que era lo importante, y borró la imagen de desgana y apatía mostrada en Santiago de Compostela.
Eso sí, cuando los jugadores se fueron por el túnel de vestuario, los aficionados que aún quedaban en sus asientos le dedicaron una abucheo al palco presidencial. Unas 5.000 personas expresaron, sin pañuelos, su disconformidad con la actual situación del equipo. La pitada, esperada, pilló a los mandatarios entrando ya en la zona del antepalco. Una única pancarta rezaba: ´Berdi, vete ya´. La sangre, por fortuna, no llegó al río.
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