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emilio fernández. mÁLAGA Estáis perdonados (aunque no hayáis pedido perdón). Después de los tres días más difíciles del baloncesto malagueño desde que Queipo de Llano decidió apostar porque hubiera baloncesto de elite en la Costa del Sol, hace ya más de 30 años, el Unicaja salvó el ´match ball´ liguero que tenía anoche frente al Valencia (ex Pamesa) con una victoria necesaria en lo deportivo, reparadora en lo anímico, reivindicativa en lo social, salvadora en lo empresarial e imprescindible en lo institucional.
Lo de ayer era una finalísima sin trofeo. Había 40 minutos para reflotar el barco o para su hundimiento definitivo. Con la credibilidad por los suelos tras el esperpento vivido en Santiago el pasado domingo, no sé qué habría pasado anoche si a las 23.00 horas el Valencia hubiese ganado en el Carpena. Ni lo sé ni me lo quiero imaginar. Sólo sé que el Unicaja, ex campeón de Liga y Copa, ex finalista europeo en Atenas y vigente subcampeón de la Copa del Rey, puso su orgullo –esta vez sí– sobre el parqué y logró un triunfo que sirve para tapar la herida del Obradoiro, aunque deje al enfermo todavía herido, muy lejos de las expectativas creadas y con las mismas dudas que antes del partido ante el futuro inmediato de esta ACB (Estudiantes, en Madrid; y Barça, en el Carpena).
Estamos en noviembre y no es momento de sacar conclusiones existenciales, pero sí es preocupante que los rectores del club sigan convencidos de que lo han hecho todo bien. Lo de Cabezas, lo de Germán, lo de Guille Rubio, lo de Jeter… Es negar la evidencia. Es su opinión contra la del resto de los mortales. Los resultados no les dan la razón, pero la autocrítica, de momento, brilla por su ausencia. Y así les (nos) va.
El equipo, con lo que tiene –mucho o poco–, sumó ayer su segunda victoria liguera ante un rival que llegó a Málaga dispuesto a hurgar en la herida, pero que fracasó en el intento y mostró una imagen patética. El Valencia asustaba a priori más que en temporadas pasadas. Pero nada de nada. Eso sí, su balance actual de 6-2 en la clasificación ACB les permite un traspiés como el de ayer. Porque ellos perdieron, pero estarán en la Copa de Bilbao 2010. ¿Nosotros? Las matemáticas aún dicen que sí, las sensaciones, ¡que ni de coña!
En esta particular montaña rusa en la que ha convertido el Unicaja su temporada, ayer tocó ´subidón´. Parece que a los verdes les ´mola´ jugar entre semana. En la Euroliga no saben lo que es perder cada vez que se han vestido de corto un miércoles o un jueves. Ayer no sonó el ´I fell devotion´ por megafonía, no hubo himnos nacionales ni árbitros extranjeros, pero era miércoles y eso lo pudo todo.
No fue un buen partido. Los primeros 20 minutos mostraron muy poco baloncesto de caché. Por parte de unos y de otros. Nada inesperado ante lo que había en juego. El Unicaja bastante tenía ayer con ganar y frenar la sangría deportiva y social. Desde luego, el que quiera espectáculo a estas alturas que se vaya al cine o al teatro. Porque en el Carpena...
De cara. Los verdes tuvieron el marcador de cara desde el inicio y eso fue una bendición para que la grada, el palco y el equipo tuvieran tranquilidad. El Unicaja encontró en Berni a su anotador más eficaz en el primer cuarto y siempre mantuvo la delantera en el marcador. Mínima, es verdad, pero ventaja al fin y al cabo.
Un par de triples del ex cajista Kelati amagaron con torcer el guión (22-24). Pero un 7-0 parcial devolvió la paz al Carpena. Los de Aíto, que rotó y rotó y rotó y volvió a rotar, llegaron a mandar por ocho. El intermedio se cerró con 39-35 y todo por decidir.
El inicio del tercer cuarto fue inmejorable. Triple de Taquan Dean, triple de Jiménez y canasta de dos de Welsch. En menos de dos minutos, el Unicaja se colocó 12 arriba. Después fueron hasta 14, 52-38. Rafa Martínez sacó su fusil y se empeñó en discutir el segundo triunfo liguero de los verdes.
Pero entonces llegó el ´festival Shammond Williams´. Cook estaba con cuatro faltas y el americano-georgiano cogió la batuta. El recién llegado dirigió, tiró del equipo y anotó al más puro estilo Carlos Cabezas para despegar otra vez a los suyos. El 67-53 ya con sólo 10 minutos por jugarse pareció definitivo.
El Valencia no tiró la toalla todavía. Aprovechó que Aíto dejó en el banco al héroe de la noche para volver a darle el timón a Cook y se volvió a apretar el marcador. Kelati las metió desde todos los lados y el rival se creció, 67-61 y más de ocho minutos por delante.
El Unicaja se tranquilizó, apretó las tuercas en defensa, buscó el aro rival con serenidad y vivió un final de partido de lo más cómodo. La segunda victoria ya está en el zurrón. El sábado, en la pista del Estudiantes, nuevo reto.
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