álvaro Faes. Oviedo
En plena ascensión al Galibier, en el Tour de 1952, Fausto Coppi le ofreció su botella de agua a Gino Bartali. El gesto se interpretó como el armisticio de una gran rivalidad, la que habían alimentado durante años los mejores ciclistas que había conocido Italia hasta entonces.
´Copistas´ y ´bartalistas´ dividían a todo un país con un enconado debate que incluía matices religiosos. Coppi, agnóstico declarado, portaba la bandera del escándalo, alimentado por una relación extramatrimonial que hasta el propio Papa Pío XII condenó en público. Bartali era el hombre del pueblo, católico convencido, un tipo sencillo del sur, contra el gentleman que había construido el ´Campeonissimo´ alrededor de su figura de leyenda.
La duda desapareció con el paso del tiempo y en Italia, una amplia mayoría señala a Coppi como el mejor ciclista, incluso por encima del mismísimo Eddy Merckx. Se han cumplido 50 años de su muerte en un hospital de Tortona (Italia).
La versión oficial dice que se lo llevó la Malaria contraída en Burkina Fasso cuando, en 1959, cuando acudió invitado a una carrera. Hace ocho años, Mino Caudullo, un dirigente del CONI (Comité Olimpico Nacional Italiano) aseguró que Coppi no murió por la malaria, sino por un misterioso veneno que le dieron en África como venganza por la muerte de un ciclista costamarfileño en una carrera en la que el italiano participaba.
Caudullo contó que supo de la historia por un octogenario benedictino francés, que le había revelado un secreto de confesión de varias décadas atrás. Su hijo Faustino zanjó la polémica cuando se habló de exhumar el cadáver.
La afición de Coppi a la caza fue lo que le llevó a enrolarse en la aventura africana. También eran habituales sus visitas secretas a España. Federico Martín Bahamontes le preparaba cacerías con frecuencia. El propio Bahamontes desliza que en alguna de ellas llegó a participar el general Franco. La relación de Coppi con el Águila de Toledo era estrecha. El italiano le asesoró en 1959, cuando se convirtió en el primer español que ganaba el Tour.
La vida de Fausto Angelo Coppi (Castellania, 1919) se escribió a base de trazos novelescos. Las dudas sobre su muerte engrandecen la leyenda de un ciclista al que la II Guerra Mundial le impidió engordar su palmarés, por la suspensión del Tour en sus mejores años, entre 1940 y 1946. De su clase y poderío sobre la bicicleta da fe que dominó las grandes vueltas antes y después del conflicto. La guerra fue un frenazo a su progresión e incluso fue enviado a África enrolado en la Divisiona Ravenna de infantería. Los ingleses le hicieron prisionero durante dos años y no lo soltaron hasta 1945. Ese mismo año volvió a las carreteras.
Las grandes gestas. Para entonces, ya había ganado su primer Giro (1940), al que había llegado como gregario de Gino Bartoli. Con 20 años, fue el más joven vencedor de la ronda italiana. Su palmarés no alcanza a los de Merckx, Anquetil o Indurain pero no tiene nada que envidiarles por cómo dominaba las carreras. Asombra en la Milan-San Remo de 1946 con una escapada de 147 kilómetros y 14 minutos de margen ante el segundo.
Y supera la gesta en 1949, en la etapa Cuneo-Pinerolo del Giro (258 kilómetros). En un día de perros, completó una fuga de 192 kilómetros. Atacó en La Madeleine, coronó en solitario Vars, Izoard y Montgenevre para terminar llegando a la meta de Sestriere con casi 12 minutos de ventaja sobre su gran rival, Gino Bartali. Aquella tarde infernal tocó la gloria. Así lo entendió el famoso periodista Mario Ferretti, que narraba en directo la etapa. Le ganó ese Giro a Bartali por 24 minutos.
Aquel año también se hizo con el Tour y se convirtió en el primer ciclista de la historia que conseguía el doblete en la misma temporada. Y otra de tantas, en su último triunfo en el Giro (1953) cuando el pujante suizo Hugo Koblet discutía su dominio. Asustaba el Stelvio y sus 2.758 metros de altitud. Coppi perdía 1.59 en la general y lanzó el ataque desde las primeras rampas. Rompió el pelotón y se quedó a solas con la promesa. Lo destrozó. Cuatro minutos de diferencia en la meta y la carrera decantada otra vez para el de siempre.
Polémica. Cincuenta años después de su muerte la polémica sigue a su alrededor. Los oficialistas hablan de malaria, otros de envenenamiento. Y de la foto que le convirtió en un señor de las carreteras, ofreciendo su agua a Bartali, hay quien dice que era Coppi el que recogía la botella.
La polémica siempre rondó a Fausto Coppi. En la carretera, por su enfrentamiento abierto con Gino Bartali; y fuera, por su declarado agnosticismo en una época difícil para serlo en un país como Italia, incluso para una estrella indiscutible.
Declaró su anticlericalismo en 1952, cuando su hoja de servicios ya tenía cuatro Giros y un Tour. Desató la polémica en Italia y la antipatía de los sectores más puritanos, volcados con el muy creyente Bartali.
Coppi saltó a la crónica rosa en 1953. Casado con Bruna Ciampolini, con la que tuvo a Marina, su primera hija, se embarcó en una relación extramatrimonial con Gulia Ochhini. Tras ganar el Mundial de ese año en Lugano entregó el ramo a una mujer vestida de blanco. Por ella dejó a su esposa y la ´Dama blanca´, como la rebautizó la prensa italiana, abandonó a su vez a su marido, el conocido doctor Locatelli, ferviente admirador del Coppi ciclista.
El Papa Pío XII condenó la relación pecaminosa y Giulia pasó tres días detenida acusada de adulterio. Huyeron a México, donde se casaron y más tarde a Buenos Aires. Allí nació Faustino, el segundo hijo del gran Coppi.