rafael m. guerra. enviado especial vitoria
Se consumó el fracaso. No habrá Copa del Rey este año para el Unicaja. No lo ha merecido. Ni más ni menos. Ganar 7 partidos de 17 tiene delito. Y la pena que deberá pagar el Unicaja es ver por la tele la competición más bonita y eléctrica del deporte español. Tenía que ganar en Vitoria para estar en Bilbao a mediados de febrero y no lo consiguió. La Copa no se perdió ayer. Se dejó escapar en el Carpena contra el Fuenlabrada o el Joventut. Se marchó en esas pistas de Dios donde el Unicaja se ha dejado el escudo, el nombre y la vergüenza, como Santiago de Compostela, San Sebastián o Manresa, por poner tres ejemplos.
El conjunto de Aíto García Reneses sólo certificó ayer ante el Caja Laboral lo que parecía evidente, que no es capaz de ganarle a un equipo medianamente bueno, nada del otro mundo, que repite cuatro cosas muy bien hechas de manera mecánica y que martilleó el aro malagueño hasta la extenuación. El Unicaja fue un coladero en defensa, un caos en ataque, sin sistemas, sin ideas, vendido a la inspiración de una plantilla con escaso talento ofensivo, y cayó, cayó de nuevo, por décima vez esta temporada en Liga, y no estará en la Copa.
Ayer fue un día muy triste para los que queremos a este club, para los que sentimos las victorias y sufrimos con las derrotas. Será duro asimilar lo que viene ahora, pero si la caída de ayer, si el tremendo fiasco que supone borrarse de la cita de Bilbao sirve para algo, bienvenida sea. Que el club mueva el árbol, deje caer la fruta podrida y reconduzca la situación. Urge tomar, en frío y tras meditar, soluciones y decisiones. Por muy drásticas que éstas sean. A este equipo no le falta sólo un tirador. Ése es uno solo de sus muchos problemas, de sus tremendas limitaciones. Necesita pasión, entrega, calidad, espíritu y trabajo, mucho trabajo. Y, para que nadie me tilde hoy de aprovechado, que las lesiones le respeten. Porque ése, y es una verdad como un templo, ha sido también un grave problema, pero no el único. Ni debe ser la excusa a la que se agarre el club, comenzando por su técnico.
A Aíto se le ve superado por los acontecimientos. Lo que tiene no es demasiado (¡¡¡qué pena de 18 millones de presupuesto!!!), pero él tampoco le está sacando el jugo que puede y debe. El madrileño, en su larga y exitosa carrera, pocas veces se ha encontrado en esta situación. Está ante lo desconocido. Ante el abismo de tener un grupo que no asimila lo que explica, que no traduce en la pista lo que entrena, que deambula por los pabellones de España, que se ha quedado sin Copa.
El Unicaja debería dar para más, pero no llega al nivel mínimo exigible para estar en Bilbao. Es una pena, pero es la cruda realidad. El equipo no transmite absolutamente nada. Volvió a ser ayer un fantasma vestido de verde sobre la pista. Habrá que preguntarles a Berdi Pérez y Juanma Rodríguez qué han hecho estos últimos meses para llegar hasta aquí. A ver cómo le explican a la afición que el tercer presupuesto de la ACB no es capaz de meterse en la Copa. No sé qué se pensó este verano en los despachos de Los Guindos. Cómo se descabezó el equipo, cómo se dejaron marchar a los referentes de la plantilla y se fichó lo que se fichó a un precio desorbitado. De verdad que no alcanzo a comprenderlo.
Ojalá que en estos próximos días se haga reflexión y autocrítica en la entidad, se analice de forma pormenorizada la situación y se fiche bien para no tirar por la borda toda una temporada. Ojalá que al equipo comiencen a respetarle las lesiones y el proyecto pueda crecer para volver a ilusionar a una afición que ha respaldado al equipo siempre, que ha viajado con su Unicaja a 9 de las 10 últimas Copas del Rey. En la de este año no estará la ´marea verde´.
Del partido, la verdad, hay poco de qué hablar. Fue un quiero y no puedo constante del Unicaja, de principio a fin. Claro que encajando 47 puntos al descanso, demasiado hacía el equipo malagueño con mantenerse al rebufo baskonista. El 75% local en tiros de dos en ese punto chocaba contra el 15% de acierto malagueño en el triple (2 de 13). El Caja Laboral no dio la sensación de ser tremendamente superior al Unicaja, pero el equipo malagueño no daba más de sí.
Los primeros relevos de Aíto fueron los ´niños´ Freire y Lima, los únicos que aportaron ilusión. El Unicaja no supo tapar la vía de agua que el tridente English (10), Teletovic (10) y Splitter (12) le había provocado hasta el intermedio, y que continuó hasta el final. El escolta firmó 19, el balcánico 16 y el brasileño 18. Todo el mundo sabía dónde estaba el peligro baskonista. El propio Manel Comas, ex del Tau, lo había advertido el sábado en estas páginas. Para intentar ganar había que frenar a su pareja interior. Lo sabían hasta los chinos. Y no se hizo. O no se supo hacer, porque con este equipo uno ya no sabe a qué atenerse.
"La Liga ACB es muy fuerte y cualquiera puede quedarse fuera de la Copa", explicaba tras el partido Dusko Ivanovic, después de que Aíto hubiera culpado a las lesiones como el problema principal del equipo. Quizá lleve razón el montenegrino, ovacionado cuando aparece antes del partido por el parqué. Aquí Dusko es un pequeño dios. El Carpena acogió, durante el Trofeo Pollinica del pasado año, a Aíto sin recelos, con pasión y amor. Ya era uno de los nuestros. Tras una pasada temporada notable, este curso ha llegado el caos. Es terrible esta situación. Me cuesta escribirlo y nos costará asimilarlo. No nos podemos quedar cruzados de brazos.