rafael m. guerra. Málaga
La profunda reestructuración del Unicaja y la apuesta por jugadores de pedigrí del Bizkaia Bilbao hacían presagiar este verano dos equipos y dos modelos diferentes, pero atractivos, dos apuestas firmes de continuidad. Uno, el Unicaja, en la elite, codeándose con la nobleza de la Liga ACB. Otro, el Bizkaia, en pos de subir ese escalón que le separaba de los ´grandes´ de la competición española. Las perspectivas de unos y otros eran muy buenas.
Pero algo comenzó a gestarse, a sentirse en el ambiente, cuando midieron sus fuerzas en un amistoso de pretemporada, en Torrox, el 14 de agosto. Se presenció el típico encuentro de preparación, con muchos cambios, con más emoción que buen juego. Y ya entonces se comenzaron a vislumbrar los graves problemas estructurales que luego se han hecho crónicos en el Unicaja. La victoria, que era lo de menos, se fue al País Vasco (66-70).
Ni los cambios de cromos ni la inversión económica han permitido que ni Unicaja ni Bizkaia cumplan con sus objetivos en este aciago curso. Repasar el inicio de los malagueños, con 0-5 en la ACB, es ya mortificarse. A los vizcaínos tampoco les fue mucho mejor. De hecho se han convertido en asiduos de la zona baja de la clasificación.
Txus Vidorreta había juntado un equipo de lo más apañado. Con una pareja de bases nacionales de buen nivel –Salgado-Rodríguez–, un americano con pedigrí de Euroliga como Warren (ex Cibona o Avellino), el gigante francés ex NBA y Real Madrid Moiso o el internacional español Álex Mumbrú.
Pero si el arranque del Unicaja fue irrisorio (0-5), lo de los bilbaínos también puede catalogarse como decepcionante. De hecho, después de siete jornadas, los dos igualaban en el fondo de la tabla con un registro de una única y triste victoria por seis humillantes derrotas.
Los dos han vivido vidas paralelas. De hecho, a esas alturas de la temporada, sólo el Murcia, virtualmente descendido ya a la LEB Oro, era capaz de igualar esos terribles registros. Los murcianos cerraban la clasificación, con el Bizkaia en el puesto 17 y el Unicaja, en el 16.
Los dos fueron de la mano a partir de entonces en la Liga. En la décima jornada, ambos seguían empatando, con 3-7. A partir de aquí, el Unicaja comenzó un leve despegue que el Bizkaia tardó en seguir. Ese impulso no le sirvió al cuadro de Aíto para alcanzar el objetivo mínimo de la primera vuelta, obtener la clasificación para la Copa. Los vascos sí que fueron como club organizador. Pero cumplieron a pies juntillas con la célebre frase de Aíto. Para ir y perder por 30, pues mejor quedarse en casa. El cuadro vizcaíno cayó en el derbi vasco de cuartos ante el Caja Laboral: 62-75. Casi esos 30 premonitorios puntos.
Tanto el Unicaja como el Bizkaia le han dado media vuelta a sus plantillas. Si en Málaga hemos tenido de una forma pasajera a Pooh Jeter, Larry Lewis, Taquan Dean, Shammond Williams o Juan Dixon, en el País Vasco no se han quedado atrás. Allí hasta han cambiado de entrenador. Txus Vidorreta, tras media vida en el banquillo, dio paso a Fotis Katsikaris, ex del Pamesa.
Y precisamente desde entonces han comenzado a llegar mejores resultados. Tres victorias consecutivas, su mejor racha del curso, le han bastado para llegar al Carpena fuera de los puestos calientes de la tabla. El Bizkaia respira ahora con un balance de 8-15, con un solo triunfo, eso sí, respecto a la permanencia. Y el Unicaja también comparece suscribiendo esa misma racha, con tres alegrías. De hecho, si gana mañana (12.30 horas/Canal Sur 2) engancharía su mejor racha de toda la temporada: cuatro triunfos consecutivos. Algo que, para este Unicaja, sería ya todo un éxito.