Ginés Muñoz / efe. Barcelona
Tres golazos en la segunda mitad de Leo Messi, máximo artillero del campeonato con 22 tantos, dinamitaron las aspiraciones del Valencia en el Camp Nou (3-0) y permitieron al Barcelona mantener el pulso por el liderato con el Real Madrid. El mejor jugador del mundo volvió a salir al rescate de un equipo que no atraviesa por su mejor momento y al que le cuesta solventar sus partidos, sencillamente porque, de todos sus efectivos, el único que ahora mismo está rindiendo a su nivel es el astro argentino.
Ayer volvió a evidenciarse que el Barcelona no anda fino, en la que probablemente fue la peor primera parte en el Camp Nou de la era Pep Guardiola. El sancionado técnico azulgrana, a quien ayer le tocó ver el partido desde el palco por su expulsión en Almería, debió pensar que aquel equipo vestido de azulgrana que estaba en el campo no era su Barça, que se lo habían cambiado.
Todo cambió tras la reanudación. Algo debió decir Guardiola a sus jugadores cuando bajó al vestuario durante el descanso. Quizá que no podían invertir de nuevo la tendencia del líquido que llena los vasos comunicantes de Barça y Madrid. Que una inesperada derrota en casa, aunque fuera con el Valencia, sacaría de la UCI al eterno rival, en estado comatoso desde que el pasado miércoles cayera eliminado por el Olympique de Lyon en la Liga de Campeones.
En el enésimo intento de redimir a Henry, el técnico azulgrana sacó al punta francés y quitó a Bojan. Titi se convirtió en el ´9´, con una línea formada por Pedro, Messi e Iniesta guardándole la espalda. Henry se enchufó al partido y enchufó al Barça, que se adueñó del balón, metió un par de marchas más y puso cerco a la portería valencianista.
Pero si Thierry Henry fue la causa, Messi fue el efecto. El ´crack´ argentino avisó a los cinco minutos y mató a los diez de la segunda, con un eslalon marca de la casa en el que dejó sentados a Banega, Bruno y Dealbert antes de batir por bajo a César.
En pleno desconcierto valencianista, Emery movió ficha y ordenó la entrada de Zigic por un desafortunado Domínguez. El gigante serbio tuvo la ocasión más clara de la segunda mitad nada más saltar al terreno de juego: un mano a mano con Valdés que el portero azulgrana resolvió.
Lo de Zigic no fue más que un espejismo. A esas alturas del partido el Valencia, muerto físicamente, se había echado tan atrás que hasta le costaba amenazar al contragolpe. En cambio, el Barça seguía llegando con peligro: Xavi, Pedro y sobre todo Messi. Un par de fogonazos casi seguidos de la ´Pulga´ en la recta final del partido sentenciaron. El Barça mantiene el pulso al Madrid, porque Messi salió al rescate.