FRAN EXTREMERA
El Vélez CF acumula deudas millonarias con sus jugadores desde el pasado año. Hasta hace dos semanas, los futbolistas llegaron a protagonizar una peculiar movilización, mediante la disputa de los encuentros del fin de semana sin haber entrenado previamente.
El resultado fue nefasto, con derrotas en contra frente a escuadras del fondo de la clasificación, a priori muy inferiores. Ahora han vuelto a los entrenamientos “para no perder la forma”, pero no comprenden que sigan sin cobrar las mensualidades pendientes desde mitad de diciembre.
“Hemos hecho de todo. Hablar con los políticos, porque el Ayuntamiento ni siquiera ha pagado la subvención de este año. Y si el año pasado perdonamos unos 5.000 ó 6.000 euros de media por cada jugador, ahora ya nos han anunciado que, pase lo que pase, nunca cobraremos los meses de abril y mayo”, argumenta Alfonso, uno de los pilares de esta escuadra que llegó a disputar hace dos campañas la fase de ascenso a Segunda B.
Algunos jugadores han decidido que no volverán a jugar al fútbol: “Varios tienen claro que tras estos dos años entrenando y jugando sin cobrar lo que está pactado, colgarán las botas para siempre”. Porque aman este deporte, “pero el sacrificio tiene un límite y encima la grada te dice los domingos que eres un pesetero. Que a cualquier trabajador le digan que tiene que estar cuatro meses jugando sin ver un duro. ¿Seguiría en su puesto por amor al arte?”.
De regreso a su ciudad
El central cordobés Salas tiene muy claro que el fútbol desde Segunda B hasta Primera Andaluza dejará de ser lo que fue. “Ahora muchos, como es mi caso, volveremos a nuestro barrio. Al equipo donde nos formamos como jugadores y donde está nuestro futuro. Volveremos a ser plenamente aficionados. A mí me han hecho ahora una oferta de mes y medio para trabajar en la piscina del parque acuático de aquí y cuando termine ese mes y pico me veo de vuelta a Córdoba.
Su buen amigo Javi García, delantero que se ha ganado un puesto este año en el once veleño por su garra y capacidad física, también tiene claro que deberá buscar en otro sitio los ingresos extra que lograba con el fútbol.
“Soy técnico de automatismos, trabajo con puertas automáticas y cada semana recorro más de 500 kilómetros para poder estar a tiempo con el equipo y así entrenar. Es un esfuerzo que haces a diario, desde el año pasado, sin recompensa. Y la gente tiene que saber que para nosotros el fútbol es un trabajo. Nos gusta, pero tenemos un plan semanal que estamos obligados a cumplir para jugar”, apunta el jugador.
Uno y otro representan la cruz y la cara de una misma moneda, porque con o sin trabajo, el futuro es oscuro.