ISABEL LÓPEZ. MÁLAGA
Ha dejado a todos, a los que siempre han apostado por él y a los que llevan años preguntándose cuánto le queda de magia, con la boca abierta. El malagueño Miguel Ángel Jiménez (-21) sumó ayer su decimoctava victoria en el circuito europeo de golf, tercera de la temporada, al ganar el Omega European Masters de Crans-Sur-Sierre. El torneo suizo, uno de los favoritos del malagueño, no se le resistió esta vez. Él mismo reconocía al terminar la vuelta que le encanta el campo y el lugar y que se ha quitado una espinita al ganar.
Pero más allá de lo que supone una victoria en el circuito europeo, lo que hizo ayer Jiménez es para quitarse el sombrero. Una vez más. Ya son 18 victorias, 22 años en el circuito europeo con el nivel y el sacrificio que eso supone. Además se convirtió en el primer jugador que esta temporada suma tres triunfos: Dubai, Francia y Suiza.
Cuando embocó el último putt para par en el 18 –aunque tiró para birdie, como él siempre hace–, los jugadores españoles le esperaban para bañarle en champán y arrojarle al lago. Los más lanzados fueron el también malagueño Pablo Martín Benavides y el barcelonés Pablo Larrazábal, dos jugadores que se confiesan admiradores y buenos amigos de Jiménez. Y es que el malagueño es además un jugador comprometido con las nuevas generaciones. Jiménez se llevó su baño de campeón antes de entregar la tarjeta que por fin le hizo campeón en Suiza.
Pero antes de todo esto, le tocó sufrir. Desde el hoyo 13 tocó apretar los dientes y aguantar los tirones de su rival por el triunfo, el italiano Edoardo Molinari –que será su compañero en la Ryder Cup–. Hasta el 13 Miguel no había dado opción ninguna a Molinari (terminó con -18), que aún firmando el birdie en el 12, todavía estaba a cinco golpes del líder.
A la altura del tee del hoyo 16, sin embargo, parecía que se iba a repetir la historia de años anteriores y que Jiménez se quedaría finalmente sin alcanzar el triunfo en un torneo que ha buscado con ganas edición tras edición.
Y es que Molinari le había comido cuatro golpes en los dos pares 5, hoyos 14 y 15, enlazando birdie-eagle y coincidiendo con una horrorosa corbata del español en el 14, donde firmaba el bogey. Para colmo, la salida de Jiménez en ese tee del 16, par 3, era muy defectuosa, pues su bola, después de pegar en un árbol, se quedaba a unos 50 metros de bandera.
Pero entonces Jiménez recuperó su magia. No era fácil, porque de un plumazo había perdido toda su ventaja y el momento era de extrema tensión, teniendo además por delante un golpe que no era de swing entero y que requería calidad y tacto. Jiménez la clavó a un metro de bandera y, de paso, complicó al italiano una molesta salida de búnker.
La veteranía de Jiménez pesó al joven Molinari, que algo agobiado terminaba haciendo el bogey, con lo que Miguel se ponía con dos golpes de ventaja. Fue un mano a mano de lo más emocionante. Quizá un bonito adelanto de lo que veremos en la Ryder.
En el 17, el malagueño sumó otro birdie. Ya era imparable. Y en el 18 tiró para birdie un putt que estuvo muy cerca de entrar. Luchador hasta el final. Miguel, con 46 años, vive quizá su mejor temporada.
Hasta este momento la del año 2004 había sido la mejor campaña de golf de su carrera. Entonces, con los 40 cumplidos en enero, firmaba un año monstruoso con cuatro triunfos –en 2010 suma ya tres– y cinco top-ten más –en 2010 acumula ya tres, además de un 12º puesto en el Masters de Augusta–. En aquel 2004 terminaba cuarto en la Orden de Mérito europea –hoy marcha octavo y mejorando–. En aquel 2004 Europa ganaba la Ryder con Bernhard Langer de capitán...