Opinión. El rincón de... Javier Imbroda

Cinismo

 05:00  

JAVIER IMBRODA Llama la atención periódicamente, la presión que ejercen los dos «grandes» del fútbol de siempre sobre el arbitraje según sople el viento interesado de cada uno. Puro cinismo. No solo tienen los mayores presupuestos, el mayor seguimiento mediático por todo lo que generan, para lo bueno y para lo malo, no tienen solo los mejores jugadores del mundo, sino que además no consienten que su rival de siempre vaya por delante por el mero hecho de ser superior en el juego. No respetan el deporte.

El Barça ha sido claro dominador estos últimos años en la recolección de títulos. Y no solo de títulos, también en cómo lo han hecho. Todos queremos obtener buenos resultados, pero nos diferencia la manera de conseguirlos. Un equipo formado por el 80% de jugadores formados en su cantera, con un estilo de juego fiel a sus principios. Un estilo de juego que además tiene su clara influencia en el juego de la selección española, y que tanto Luis Aragonés como Vicente del Bosque tuvieron la inteligencia de mantener. Los resultados están a la vista. Tampoco es fácil mantener este ritmo de juego, ese nivel de excelencia en que se convierte el equipo cuando salta al césped.
Sin embargo ya empiezan a irrumpir jugadores de la cantera que van anunciando su llegada al máximo nivel, aunque sustituir a los que están en la actualidad será una tarea muy complicada, por no decir casi imposible para el entrenador que sustituya a Guardiola, si éste decidiera salir, que lo hará. En definitiva, un equipo dominante que ha ido exhibiendo su fútbol, y que será recordado como uno de los mejores de la historia. Ya están escritos en esos libros.

El Madrid es otro modelo de construcción de equipo, tan legítimo como cualquier otro. Mucha inversión, y una presencia de la cantera en el primer equipo casi testimonial. Modelos opuestos. Otra cuestión es que te identifiques y lo compartas. Pero fue llegar Mourinho al banquillo madridista para que ese dominio azulgrana empezara a ser cuestionado, pero no a través del juego. Transmisión permanente de sospechas de ayudas extras al rival, insidias, desplantes. En definitiva, un rosario de acusaciones que cada partido que se disputaba entre ellos o con quienes fueran se convertía en algo así, como una delirante lupa que observaba cada movimiento del árbitro, número de faltas, criterios varios, manos voluntarias o no tan voluntarias. Un seguimiento obsesivo. O tal vez enfermizo.

Algo así como decir: «No puedo reconocer tu superioridad, no la admito. No puedes ser mejor que yo, necesitas ayudas arbitrales para ganarme». Y desde estas afirmaciones se generan ríos y ríos de comentarios. Forofos y no forofos se sienten atrapados en debates interminables, donde algunos periodistas en cualquier tertulia actúan como auténticos hooligans defendiendo el color... ¿que les paga? Una «auténtica» lección de objetividad. Pues bien, ha sido el Madrid en esta temporada superar a su eterno rival en la Liga para que comiencen las sospechas a emanar ahora desde Barcelona. El cinismo que cambia de barrio. Todavía leve, pero veremos qué alcance tiene según pasen las jornadas.

Todos los que formamos parte de la alta competición sabemos que hay una regla no escrita donde los grandes siempre han sido tratados de distinta forma en los diferentes criterios del juego. Son favorecidos respecto a los demás, y como están habituados a ello, no consienten que se les haga lo mismo cuando se enfrentan entre ellos. No se conforman con su superioridad en los medios que disponen, también quieren los criterios arbitrales favorables.
Harían un gran favor al deporte, si dejaran de presionar a los árbitros. Se desenmascaría la hipocresía, esa falta de sentido común que tanto daño hace desde comentarios y comportamientos malintencionados. Es cansino observar constantemente como algunos medios de comunicación participan en una especie de cruzada anti-arbitral que beneficie los intereses de «sus equipos». Si desde los clubes no dieran esas opciones, muchos de esos manipuladores se quedarían sin argumentos.

Dejen a los árbitros en paz, ya habrá controles suyos que corrijan y/o suspendan sus actuaciones. Pero por lo visto, no les interesa. Prefieren justificar sus errores que reconocerlos. La soberbia en su máxima expresión. Y la soberbia es antipática.

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