La Roja

El goleador hecho a sí mismo

Ronaldo, su ídolo de infancia, le cerró el paso en un Madrid obsesionado con el éxito a corto plazo

 
Soldado, en el hotel de la selección en Málaga.
Soldado, en el hotel de la selección en Málaga.  REUTERS / Jon Nazca

Con constancia y ambición redibujó su trayectoria, triunfó en el Valencia y ha acabado convenciendo a Del Bosque, el primer técnico que apostó por él, con 13 años.

VICENT CHILET ­El pequeño Roberto Soldado, el atacante más prometedor del Don Bosco, tenía claro con 11 años a qué delantero se quería parecer. A Ronaldo Luiz Nazario, la emergente estrella del Barça de Bobby Robson, a la que comparan por entonces con Pelé. Le cautiva por su potencia, por su habilidad en la definición, sus desmarques y movimientos.

Quince años después, Soldado todavía recuerda a aquel brasileño como «un avión». Nunca podría haber imaginado el trigoleador del miércoles en La Rosaleda que acabaría compartiendo vestuario hace ya varios años con su gran ídolo de infancia. Y menos todavía que el gran Ronaldo, ya veterano, con las rodillas cosidas a cicatrices, pero con la clase de siempre intacta, sería el tapón que le impidiese triunfar en el Real Madrid y obligarle, de nuevo, a empezar de cero.

La carrera de Soldado ha sido un ejercicio de perseverancia, afrontando desafíos que siempre superaría con constancia y que afilarían su carácter ganador, excesivamente temperamental. Es un goleador hecho a sí mismo, desde que con 13 años fuera llamado por Vicente del Bosque, el mismo técnico que tanto ha retardado su llamada definitiva para la selección, para formar parte de las categorías inferiores del Real Madrid. El cambio a una gran ciudad, de hábitos, la toma de responsabilidades...

Roberto destacó desde un inicio. Sus goles —7, 16, 21...— aumentaban en progresión aritmética en cada campaña. La vida, como promesa en la «Casa Blanca» era placentera. Pronto, mucho antes que cualquier canterano de cualquier otra institución, despierta un incipiente reclamo mediático en la prensa deportiva capitalina. La proyección lógica de Soldado se frena al coincidir su llegada al primer equipo con la vorágine del primer proyecto de Florentino Pérez. Aquel Madrid, a diferencia de la paciencia de orfebre de La Masía, hacía cualquier fichaje, a cualquier precio, para conquistar títulos en el menor tiempo posible.

Baja de la nube y le toca batirse el cobre, como a tanto canterano, con cesiones. Su primera parada fue el Osasuna. «Una filosofía completamente distinta», recuerda. El viejo Sadar le enseña cuál es la dimensión real de la élite, la dificultad de llegar a Primera. Autor de 13 tantos, se gana el afecto de la grada rojilla, que lo bautiza con el apelativo de «Gudari», su primera convocatoria con la selección —la última hasta la del partido de anteayer—y el derecho de volver a probar fortuna en el Real Madrid.

Bernd Schuster, en cambio, prefiere la veteranía de Van Nistelrooy y Raúl. El Real Madrid le cierra otra vez las puertas. El camino al reconocimiento deportivo final tendrá que llegar con goles en la clase media del campeonato. Ángel Torres, el hábil presidente del Getafe, sabe que Soldado responde al perfil —jugador con proyección descartado por los grandes— que busca para consolidar su proyecto en Primera. El Coliseum Alfonso Pérez le ofrece esa posibilidad de revancha. En dos temporadas anota 33 goles en 64 partidos. Unas cifras lo suficientemente importantes para llamar la atención del Valencia, el equipo de su tierra. Así completa Soldado su Odisea. Como Ulises, que pasó diez años luchando en la guerra de Troya y empleó otros diez en regresar a Itaca, Soldado volvía a Valencia tras intentar triunfar en el Madrid y justificar con goles en equipos medios su retorno a casa.

Soldado, en Mestalla, es ahora otro delantero. Con el mismo gol pero con más movilidad y recursos, capaz de armar la jugada sin esperar un pase, desmintiendo el argumento (el del atacante estático), con el que algunos han pretendido invalidar su presencia en el fútbol asociativo de la Roja. La fama no le ha cambiado. En su mejor momento ni con la selección en su cumbre histórica, no le duelen prendas para denunciar las pocas oportunidades que tiene la cantera española. Soldado, mejor goleador nacional y por fin internacional, no olvida de dónde vino y por lo que pasó.

Hoy es el futbolista de moda en España tras su hat trick ante Venezuela. Una actuación que le ha valido para sacar billete y medio camino de la Eurocopa de Polonia y Ucrania del próximo verano.

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