Historias irrepetibles

La media hora que condenó a Ramme

Hay leyendas que se construyeron en una jornada y vidas que se derrumbaron en un santiamén. Este es el caso de un joven portero llamado Jens Ramme, víctima de una de las remontadas más grandes que el fútbol europeo ha vivido

01.02.2016 | 05:00
Una foto del equipo alemán de la temporada 1986.

Una heroicidad o una enorme farsa. A los historiadores les cuesta ponerse de acuerdo a la hora de determinar exactamente lo sucedido el 16 de marzo de 1986 en aquella asombrosa noche, en la que el Bayer Uerdingen alcanzó una de las remontadas más grandes de la historia de las competiciones europeas. La sufrió el Dynamo Dresden en los cuartos de final de la desaparecida Recopa. Un partido sobre el que inevitablemente planea la sombra de la Stasi, la policía secreta de la RDA que dirigía Erich Mielke, devoto seguidor del Dynamo de Berlín y enemigo declarado, hasta un punto enfermizo, de los de Dresden.

El Dynamo Dresden había sobrevivido de forma ejemplar a Mielke que llevaba más de treinta años persiguiéndoles. A mediados del siglo XX, cuando eran el mejor equipo de la República Democrática de Alemania, les desmanteló la plantilla y se llevó por decreto a los mejores futbolistas a Berlín bajo la teoría de que el mejor equipo del país debía estar en la capital. Así montó el Dynamo Berlín y ya de paso envió a Segunda a los de Dresden, que fueron incapaces de asumir la transformación de la plantilla.

Obstinados, regresaron a la máxima categoría, no sin esfuerzo y en la década de los setenta tras una nueva resurrección, llegaron a formar otra gran plantilla para ganar cinco ligas de forma consecutiva, algo que extremó el enfado de la Stasi y de Erich. Otra vez se les obligó a ceder a sus mejores futbolistas, mientras el reclutamiento se multiplicó por todo el país para formar el mejor Dynamo Berlín que se recuerda. Pero no se quedó ahí Mielke. Partidos amañados, árbitros dócile. La estructura del fútbol de la RDA se articuló para que los títulos fuesen en una única dirección. Desde 1978 hasta 1989 el equipo favorito del régimen ganó de forma consecutiva once títulos de Liga.

En Dresde cundía el desánimo. Por lo que sucedía en los campos y también fuera de ellos. El equipo viajaba siempre con compañía de la Stasi, convencidos de que muchos de ellos tenían la intención de escapar del país. En 1981, tres de sus jugadores fueron detenidos en el aeropuerto de Berlín acusados de tentativa de fuga, aprovechando un viaje a Argentina para jugar un amistoso. A Matthias Müller, Peter Kotte y Gerd Weber se supone que les esperaba el Colonia para hacerles un contrato profesional en la Bundesliga. Se les calificó como desleales a la República, lo que les condujo a prisión. Al menos su pena fue más liviana que la sufrida por Lutz Eigendorf, exfutbolista del Dynamo Berlín, que sí logró fugarse al otro lado del Muro para jugar en el Kaiserslautern y en 1983 se estrelló misteriosamente con su coche contra un árbol. Los papeles desclasificados tras la unificación alemana confirmaron la peor de las sospechas, que fue eliminado por Stasi.

En ese ambiente sobrevivía el Dynamo Dresden, que en los años ochenta consiguió al menos conquistar un par de Copas de la RDA, las migajas que dejaba su gran rival. Una de ellas fue la de 1985, que les permitió jugar la Recopa del año siguiente. Tras dos eliminatorias tranquilas, los de Klaus Sammer (el padre de Matthias Sammer) se enfrentaron en cuartos al Bayer Uerdingen. Un enfrentamiento entre alemanes de ambos lados, lo que siempre alimentaba el morbo y el interés político. Es aquí donde difieren los caminos de quienes se preocuparon por interpretar lo sucedido el 16 de marzo de 1986. Unos sostienen que la Stasi ordenó al Dynamo Dresden la clasificación, ya que querían aprovechar la victoria con fines propagandísticos ante la República Federal Alemana.

Otros consideran que Mielke por nada del mundo deseaba la clasificación del equipo de Dresden, algo que posiblemente les convertiría en un símbolo para la RDA. Según esta teoría, entre glorificar a su odiado enemigo y desprestigiar a su patria, elegía lo segundo. En ese clima, la presencia de miembros de la policía secreta alrededor del equipo durante aquellas semanas se disparó. El control era máximo.

Histórico 7-3. En lo deportivo, el enfrentamiento estaba siendo un verdadero paseo para los de Dresden, que habían ganado 2-0 en la ida y en el descanso del partido de vuelta se imponían por 1-3. Las ansias de los 20.000 espectadores que habían llenado el Grotenburg de Uerdingen en busca de la remontada se habían esfumado de golpe porque el equipo de Sammer estaba siendo muy superior. Solo había dos cosas que inquietaban al técnico en el descanso. Por un lado la lesión de su hijo Matthias –solo tenía diecinueve años pero que ya estaba claro que iba para figura gigantesca del fútbol alemán–y los problemas de Bernd Jakubowski el eficiente portero que había sufrido un terrible encontronazo con un rival y apenas podía mover el hombro. Unas pequeñas pruebas determinaron que resultaría imposible que siguiese jugando, y aunque saltó en el segundo tiempo al campo, pronto comprendió que su esfuerzo era inútil y el técnico dio entrada al portero suplente. Se llamaba Jens Ramme, tenía 22 años, y apenas llevaba unos meses en la primera plantilla.

Ramme pasó con calma los primeros doce minutos e incluso rechazó el primer disparo que fue entre los tres palos. Pero en la última media hora de partido se desató una tormenta sobre su portería, que se lo tragó por completo. Funkel marcó el 2-3 y aunque al Bayer Uerdingen le faltaban otros cuatro goles se lanzaron como fieras hacia el área del Dynano. Marcaron Gudmundsson, Schäfer y Klinger, cuando solo faltaban doce minutos. Ya solo quedaba uno por marcar y no tardó en llegar. Al minuto siguiente el árbitro señaló un penalti que Funkel –el que había lesionado al portero de manera fortuita– culminó la remontada. Schäfer pon-dría el 7-3 en los últimos instantes. Ramme se vio desbordado por completo. En tres de los goles pudo hacer bastante más y lógicamente buena parte de los análisis giraron a su alrededor. Pero no fue el principal objeto de discordia aquella noche.

Muchos futbolistas del Dynamo se comenzaron a encontrar esa noche mal. Sufrieron vómitos y terribles jaquecas, lo que ayudó a construir la leyenda de que por orden de Mielke en el segundo tiempo –mientras atendían a un futbolista– uno de los asistentes les dio de beber agua con alguna clase de producto que provocó el desfallecimiento del equipo en la media hora final. Nunca quedó demostrada esa sospecha.
Sobre lo que no hubo dudas es acerca de la carrera de Ramme. Se terminó aquella fatídica noche. Se le responsabilizó de la tragedia y en las dos temporadas siguientes apenas jugó, aunque permaneció en la plantilla del equipo con resignación. Eternamente unido a esa media hora. Cuando Jakubowski se retiró, el equipo buscó otro portero y él desapareció de la máxima categoría para siempre.

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