Historias irrepetibles

'Uranus' y el barón

Takeichi Nishi consiguió la medalla de oro de saltos para Japón con un caballo del que tuvo que separarse cuando fue destinado a Iwo Jima

19.06.2016 | 12:34
Nishi salta un obstáculo con ´Uranus´ durante un entrenamiento.

Takeichi Nishi fue uno de los muchos jóvenes a quienes la Segunda Guerra Mundial truncó su carrera deportiva. Aún hoy es el único japonés que ha sido capaz de colgarse una medalla de oro olímpica en unos Juegos Olímpicos con la inestimable compañía de «Uranus», el caballo con el que se encaprichó durante un viaje a Italia y con el que desarrollaría una extraordinaria complicidad hasta que fue destinado a la pequeña isla de Iwo Jima. Entonces sus caminos se separaron para siempre

La hípica y Takeichi Nishi nunca se hubiesen cruzado de no mediar la estricta formación académica que el joven recibió desde su nacimiento. Hijo de un miembro de la antigua nobleza japonesa, heredó el título de barón de su padre cuando solo tenía diez años y siguiendo el deseo de éste se formó en rígidos colegios militares que seguían al pie de la letra el modelo prusiano, el paso previo a ingresar en la Academia del Ejército Imperial de Tokio. Tras graduarse en 1924 (con 22 años) su primer destino como alférez fue el Regimiento de Caballería de Setagaya.

Nishi era un joven atractivo, de carácter agradable, aficionado a las fiestas y a vivir bien. No era tan ceremonioso como muchos otros oficiales del ejército, lo que sumado a su espíritu alegre le permitió disfrutar de una importante reputación en la alta sociedad japonesa. Pero lo que más le apasionaba eran los caballos y los concursos de saltos. Comenzó a competir en diferentes pruebas y los resultados llegaron de inmediato. La hípica además le permitía disfrutar de otra de sus grandes aficiones como era la de viajar, preferentemente a Europa.

En uno de aquellos viajes a Italia se encaprichó de un caballo. Se llamaba «Uranus», un animal extraordinario. Aprovechando su rango, Nishi trató de que el Ejército lo comprase para el Regimiento de Caballería, pero rechazaron su petición. Entonces lo pagó de su bolsillo. «Uranus» y Nishi comenzaron entonces una intensa relación que les llevó por todo el mundo conquistando torneos internacionales. Dedicaba horas a su entrenamiento y cuidado y en el fondo de su cabeza residía el convencimiento de que ambos conquistarían la gloria olímpica para Japón.

Su gran ocasión llegó en 1932, en los Juegos de Los Ángeles. Aquella aventura por Estados Unidos le permitió además alternar con el mundo del cine y el espectáculo. Nishi se convirtió en un habitual de las fiestas que organizaban actores y productores. Influían muchas cosas. Su carácter, educación, exotismo?.en un tiempo convulso para el mundo se convirtió en una prueba de distinción tener en casa a aquel oficial japonés que no paraba de sonreír y disfrutar de los placeres que le permitía la vida. La pareja que formaban los actores Douglas Fairbanks y Mary Pickford le incluyeron en su círculo más estrecho de amistades y de su mano todo Hollywood pasó frente a él.

Pero el glamour y los focos no le impidieron apartarse de su objetivo. La competición individual de saltos se disputó en el mismo estadio olímpico de Los Ángeles. Allí Takeichi Nishi y «Uranus» lograron lo que llevaban más de dos años preparando, desde el día de 1930 en que ambos se vieron por primera vez en Italia. Nishi ganó el oro por delante del americano Harry Chamberlin con «Show Girl» y del sueco Clarence von Rosen que montaba a «Empire».

Pese a la derrota de un compatriota, el pueblo americano fue muy cariñoso con Nishi, que volvió a casa convertido en un pequeño héroe para el país, algo menos que Kusuo Kitamura que con solo catorce años había conseguido el oro en los 1.500 metros libres de natación.

No fue su única presencia en unos Juegos Olímpicos. Cuatro años después, en Berlín, Nishi (que para entonces ya era capitán y se había convertido en instructor en la escuela de Caballería del Ejército Imperial) y «Uranus» acudieron a la cita con la esperanza de repetir el complicado logro, pero una caída les dejó sin opciones de pelear por las medallas. A partir de ese momento sus preocupaciones vitales irían ya por otro lado. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Nishi era comandante y estaba encargado de la compra de caballos para el Ejército.

En 1943, con Japón metido de lleno en la guerra, fue destinado a un regimiento de tanques en Manchuria. Poco antes de partir trasladó a «Uranus» a las cuadras que el ejército tenía en Setagaya, su primer destino como militar, no muy lejos de Tokio. A partir de ese momento sus encuentros fueron más ocasionales aunque siempre que se acercaba a la capital rendía visita a su caballo, le ponía la silla y volvía a montarlo.

En verano de 1944 su Regimiento de Tanques recibió la orden de dirigirse a una pequeña isla de las Vulcano de la que Nishi apenas había oído hablar: Iwo Jima. 20 kilómetros cuadrados de terreno yermo y maloliente por las emanaciones de vapores. Pero su ubicación era clave a mitad de camino entre Japón y las bases de las Islas Marianas. Era evidente que los americanos tarde o temprano intentarían tomar aquella isla por su importancia estratégica.

La de Nishi era una de las unidades elegidas para reforzar la defensa aunque los medios para hacerlo eran muy escasos. Su Regimiento de Tanques quedó bajo el mando del general Kuribayashi, cuya rigidez chocaba con el carácter de Nishi, despreocupado para muchas cosas, entre ellas la uniformidad como demostraba al ir siempre calzado con botas de montar francesas. Pero Nishi le ayudó a tejer esa red de túneles y cuevas en las que defenderse del desembarco americano.

Los marines pusieron los pies en Iwo Jima el 19 de febrero de 1945. El Regimiento de Nishi se trasladó al este de la isla, lejos de los objetivos prioritarios. Los americanos, que sabían que Nishi combatía frente a ellos, lanzaban casi a diario mensajes en los que le pedían su rendición «para evitar que el mundo tuviese que llorar la muerte de un héroe olímpico». Lógicamente nunca hubo respuesta a sus llamamientos.

En marzo los americanos iniciaron un duro enfrentamiento que duró siete días contra lo que quedaba del Regimiento de Tanques. Resistieron hasta el límite y no hubo supervivientes. El cuerpo de Nishi nunca se encontró. Las teorías sobre cómo murió son diversas, pero imposibles de confirmar. Tenía 42 años. Solo una semana después de que el regimento de Nishi cayese en Iwo Jima, «Uranus» moría en su cuadra de Setagaya.

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