´Arrivederci´ cuartos de final

El Montepaschi de Siena arrasa al Unicaja en el Carpena y deja a los verdes con mínimas opciones matemáticas de pasar al Top 8 de la Euroliga

 11:22  
Con Freeland no fue suficiente ayer para supera al Montepaschi Siena.
Con Freeland no fue suficiente ayer para supera al Montepaschi Siena.  Gregorio Torres

EMILIO FERNÁNDEZ Dicen que viene una ola de frío siberiana, pero al Unicaja le va a pillar «calentito». La Euroliga es desde anoche casi una quimera para los de Los Guindos después de la exhibición del Montepaschi de Siena sobre el parqué del Palacio. Y digo «casi» porque las matemáticas todavía no eliminan al Unicaja de esta liguilla del Top 16, aunque a alguno le parezca mentira. Y es que si los verdes ganan en Siena, en Madrid y al Bilbao, en el Carpena, el pase al Top 8 –con tres victorias y tres derrotas– sería del todo posible contando, eso sí, con una carambola con el average. Lo que pasa es que eso es el cuento de la lechera en versión ciencia ficción y dirigido por el Tarantino más histriónico.

Hubo un tiempo –no muy lejano– en que el Unicaja era un equipo ejemplar. Un grupo solidario que anotaba, defendía, reboteaba, no daba un balón por perdido y lo que era todavía más elogiable: nunca bajaba los brazos. Por muy mal que vinieran las cosas, el equipo seguía y seguía al más puro estilo del conejito de Duracell. Pero todo eso se ha convertido ahora en sólo un bonito recuerdo. Ahora el Unicaja es un manojo de nervios, con pocas ideas en ataque, que recibe demasiados puntos y que ni corre ni impide correr al rival.

Ayer era un día clave. Un partido para dar un puñetazo encima de la mesa continental. Con los focos de media Europa apuntando al Martín Carpena, por lo que la Euroliga denomina el Game of week (partido de la semana, en cristiano), el equipo de Chus Mateo tenía una gran oportunidad para reivindicarse. Pero a la tercera, tampoco fue la vencida y el rol de presunto aspirante a los cuartos de final de la Euroliga se quedó por el camino.

Anoche, el equipo necesitaba ganar sí o sí. Pero el multicampeón de Italia fue demasiado rival. Los italianos son muy líderes en su país y también en este grupo. Parecía que el empuje del Carpena podría igualar las fuerzas y obrar el milagro... pero no. Lo que no puede ser no puede ser y además fue del todo imposible.

El Unicaja, para más inri, no mejoró en nada su imagen respecto a sus últimas comparecencias públicas. No se quedó en los pobres 49 puntos anotados el pasado fin de semana ante el Gran Canaria, pero recibió un palizón todavía más contundente que el de Manresa o el del Bilbao Arena.

En definitiva, que sigue la crisis. Después de una cuesta de enero para olvidar, con cuatro derrotas seguidas, el primer envite de febrero también cayó cruz. Sigo pensando que este equipo durante casi toda la temporada ha dado más síntomas de que «sí» que de que «no». Pero la verdad es que los últimos partidos acaban con los argumentos del más optimista.
El Montepaschi fue un ciclón. McCalebb inició la sangría en el primer cuarto, Kristoff –el hermano gemelo bueno del Lavrinovic que estuvo en el Real Madrid– hizo lo que quiso en la pintura y en sus alrededores y luego fue Moss el que remató a los verdes en la segunda parte.

El equipo italiano supo qué hacer en cada momento. Los de Siena se lo montaron muy bien. Cerraron a cal y canto su zona y dejaron que el Unicaja tirara. Se ha convertido en una costumbre en las últimas semanas. Los rivales saben que el tiro exterior es un problema para los chicos de Mateo y permiten lanzamientos exteriores con tal de que el balón esté lo más lejos posible de la pintura.

Y eso que todo empezó de forma muy distinta a lo que estaba por venir. En tres minutos, el Unicaja marcó un 7-0 que hizo pensar en una buena noche continental. Pero la respuesta del Montepaschi al estallido inicial verde fue un parcial de 2-17 que dejó el partido medio muerto. Porque el guión a partir de ahí fue el de un claro dominador del tempo en la pista (ellos) y otro equipo jugando a tirones, sin intensidad defensiva, sin chispa en ataque y a merced de un rival que cuando quiso corrió, cuando quiso mareó la bola con botes y más botes y que siempre encontró la manera de romper la defensa cajista. Hasta 15 arriba llegaron a mandar los de Pianigiani cuando el primer tiempo agonizaba (35-50). Poca renta comparada con el 66-91 ya en el esprint final.

El Top 8 deberá esperar un año más. A ver si el cambio de formato que la Euroliga ha aprobado varía la dinámica de un club acostumbrado a estar entre los 16 mejores, pero que no sabe lo que son los cuartos de final desde 2007 en la que fue su primera y única vez entre los mejores de los mejores.

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