R. MOLINA GUERRA
En el cuarto de siglo se llega a una encrucijada personal. Es la edad en la que se suelen acabar los estudios y se sale al mercado laboral. Momento de tener pareja estable. De comenzar a ver la vida de una manera diferente. Con ojos del adolescente que uno fue y del hombre en el que aspira a convertirse. Para Joel Freeland los 25 años representan mucho más que para el común de los mortales.
El inglés siente que comienza a madurar, que ya entiende el juego, que el camino trazado hace ya unos años sigue su curso con paso firme. La vida le sonríe tras mil sacrificios, una mentalidad ganadora y un espíritu de trabajo y de mejora encomiables, algo que aliña con unas cualidades que predicen una próspera carrera. Los mejores tiempos están por llegar. Y el ala-pívot inglés lo siente así. 25 velas en la tarta de la vida. Y en pleno «bache» que le abre la ventana del inconformismo.
Algunos se tomarían la actual situación del Unicaja como una crisis sin parangón. Él pretende transformarla en un empujón a su carrera, una nueva enseñanza que le ayude a mejorar y a prosperar. Que le haga ser más fuerte cuando los pitos del Carpena vuelvan a ser aplausos. Por eso no habla de «crisis». «Porque no es eso», reclama el jugador franquicia del club cajista.
«Es un mal momento, y he visto en muchos sitios la palabra crisis. Pero no quiero hablar de crisis, sino de un mal momento. Normalmente pasa en todos los equipos en un punto de la temporada, y nosotros vamos a superarlo seguro. Llevamos dos o tres semanas malas, y cada día vamos a trabajar más fuerte para mejorar y pelear. No vamos a parar hasta encontrar de nuevo el buen juego que hemos hecho».
Freeland es una estrella del baloncesto como lo podría haber sido de cualquier otro deporte. Combina lo innato de la aptitud con la rectitud de la actitud. Y el cóctel en un cuerpo de 2,07 metros, que respeta horarios, alimentación y el día a día de un deportista de elite, surte efecto. Le chifla el fútbol. Y, claro, el que mejor juega ahora es el FC Barcelona. «No hay otro como ellos, me encanta ver sus partidos». Aunque sus raíces son sólidas. «Yo soy del Totthenham», dice el inglés. «Estamos haciendo una gran temporada. Estamos arriba en la Premier».
Vuelve al básket y a la edad a la que se asomó ayer. «25 años hablando de baloncesto es la madurez, al menos yo lo siento así. No soy un jugador joven, yo no me veo así, ya he hecho muchas cosas, aunque sé bien que tengo que mejorar y aprender. Por todo eso estoy muy feliz e ilusionado por el resto de temporada, que será muy buena».
El domingo, tras la debacle ante el Blusens Monbus, la plantilla se reunió a solas en el vestuarios. Sólo ellos. 13
muchachos en busca de soluciones. «Hablamos juntos y es algo que necesitábamos hacer desde hace ya mucho tiempo, como un equipo. Fue muy bueno hacerlo. Hablando de lo que tenemos que cambiar y de lo que tenemos que hacer para mejorar».
«Tenemos que sacrificarnos». Y la principal conclusión a la que llegaron esos 13 hombres fue que deben sacrificarse más. «Tenemos que sacrificarnos para el equipo» –lo dice en inglés, como buscando en lo más profundo de su sentir–. Ésa es la clave ahora: sacrificio.
Luego, este lunes, el presidente, Eduardo García, y el director deportivo, Manolo Rubia, se reunieron con los capitanes, Berni Rodríguez y Jorge Garbajosa. «Nos han dicho que la reunión fue muy positiva y sabemos lo que hay que hacer. Ahora empieza por jugar bien en Siena. Sabemos que es un partido muy complicado. Es un equipo impresionante y juegan muy bien. Ésta es una prueba para nosotros. Tenemos que pensar que si perdemos se acabará el Top 16, así que hay que ganar e ir partido a partido».
«Hemos enseñado al mundo lo bien que podemos jugar y yo creo que nadie debe olvidarse de eso. Es un mal momento, y ya está. Lo vamos a superar lo antes posible para recuperar sensaciones dentro del equipo. Vamos a volver al nivel de antes muy pronto», explica desde la sensatez, en un alegato que pretende no caiga en saco roto.
La esperada Copa del Rey. Falta aún una semana y dos partidos –Siena y Valladolid–, pero su mirada brilla cuando en la conversación sale a relucir la Copa del Rey. Vino a Málaga desde Las Palmas para hacerse un gran jugador y, en ese camino de prosperidad personal, encontrarse con algún título, un trabajo de equipo. Y la Copa es el atajo perfecto. Pero en sus dos años en la Costa del Sol ha visto el torneo del KO por la tele. «Tuve dos presencias en la Copa en Gran Canaria, y pensaba que tendría muchas en Málaga. Pero éste será mi primer año. Estoy muy ilusionado». Desde la responsabilidad, Freeland cumple 25 años. No es una edad cualquiera. El cuarto de siglo de la encrucijada.