Euroliga

¡Gladiadores!, a la arena

El triunfo en Siena permitiría soñar aún con el Top 8 y la derrota dejaría ya sin opciones al equipo en Euroliga

 
La expedición del Unicaja, en el Aeropuerto de Málaga, se prepara para viajar a Siena.
La expedición del Unicaja, en el Aeropuerto de Málaga, se prepara para viajar a Siena. José Luis Arciniega

RAFAEL M. GUERRA Los mismos valores que han llevado al Unicaja hasta la Copa del Rey como cabeza de serie, que le han mantenido en el tercer puesto de la Liga Endesa hasta hace unas cuantas jornadas y que le han permitido cumplir también de forma holgada con el objetivo de acceder al Top 16 de la Euroliga son los que deben devolverle al equipo el crédito perdido. Desde hoy mismo, en la idílica ciudad italiana de Siena, con nieve en las calles pero calor y fervor dentro del pabellón, debe renacer ese espíritu que ha hecho grande este proyecto durante todo lo que va de temporada descontando las dos últimas semanas. Es el espíritu de los gladiadores.

Ha sido el Unicaja un equipo modélico. Ha hecho que la «marea verde» regrese en masa al Carpena. Que el divorcio se selle en armonía a base de buen baloncesto más un trabajo feroz y diario en cada entrenamiento. Luego, esa labor se ha llevado a la competición. Y al Unicaja la vida le ha ido de perlas. ¿Cómo? Pues con sangre en las rodillas, como decía el gran Bozidar Maljkovic. Estos «gladiadores modernos», como calificaba el serbio a los actuales jugadores de baloncesto, han llevado el escudo verde a su máximo esplendor desde que se alzó el telón en la presente campaña. Han sudado la camiseta malagueña. La han empapado en una energía que nacía en la defensa y se prolongaba luego por el aro contrario.

Y ha sido a base de esfuerzo, sacrificio y lucha. Y también de talento. Porque en este grupo, lo hay. No vi yo ayer a ningún manco en la expedición cajista que salió de Málaga a eso de las 11.00 horas y llegó a su hotel de concentración, en pleno Centro histórico de la ciudad medieval de Siena, pasadas las seis y diez de la tarde.
Tampoco vi caras de resignación y desasosiego. Todo lo contrario, eran de responsabilidad y preocupación. Son seis ya los partidos que el equipo ha perdido de forma consecutiva entre Liga y Euroliga. Y duelen como un puñal clavado en el costado. Todos saben que hay un problema. Y ése es el comienzo, el mejor principio para arreglarlo. La plantilla asumió tras la debacle ante el Obradoiro que las cosas no se están haciendo nada bien. Y todos, absolutamente todos, están dispuestos a arreglar la compleja situación.

Y ahora llega la disyuntiva. Lo bueno del caso es que hasta hace menos de un mes estos 13 tipos jugaban al baloncesto de una forma maravillosa. Han demostrado que saben pulsar las teclas adecuadas para que salten los resortes correctos y tiemblen rivales de la Liga Endesa y de la máxima competición continental. Es cuestión de retomar el hábito del trabajo en grupo, la comunión con uno mismo y luego con el compañero. Y volver a ganar partidos. Adquirir de nuevo esa confianza perdida. Pero sin llegar al límite de creerse mejor que nadie. Sin pensar que saltando a la arena, con una espada desafilada, una mano a la espalda y el escudo en el suelo, se le puede ganar al gladiador rival.

Eso es lo bueno. Pero también hay una parte mala. No, nadie dijo que esto fuera un cuento de hadas. El problema es que el momento en el que ha llegado este bajón profundo de ideas, espíritu y juego –en ocasiones, también de actitud–, es peliagudo. El Top 16 no perdona un despiste. Y tras la injusta derrota ante el Madrid, los de Chus Mateo cometieron uno en Bilbao y otro en casa ante el Siena. No queda pues margen de error. Toca ganar los tres próximos partidos europeos y esperar carambolas. Y hay que empezar esta misma noche, en la pista del líder invicto del grupo, el Montepaschi.

Mateo cuenta con todos, no hay lesiones y ha dejado en Málaga únicamente a Álex Abrines. El rival es despiadado, no perdona una y tiene un talento inmenso, en la dirección (Zizis), en el tiro (Rakocevic o Moss) y en la pintura (Lavrinovic o Andersen). Si no se defiende como en las grandes noches, se pierde la guerra por el rebote y se le deja correr, McCalebb marcará el ritmo y la única duda que habrá esta noche será si el Montepaschi gana por 10, por 2o o lo hace por 30. Así que el Unicaja necesita volver a ser el gladiador que fue. Con sangre en las rodillas. No hace mucho tiempo atrás.

  HEMEROTECA
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