Final Supercopa Endesa

El Coyote volvió a ser el Coyote

Cuando parecía acorralado, el Correcaminos encontró escapatoria, salió más fuerte y cumplió el guión

04.10.2015 | 02:42
Álex Abrines levantó al cielo de Málaga la copa de campeones. El alero, silbado desde que dejó el Unicaja para marcharse al Barça abonando su cláusula, cumplió su venganza.

La gloria tendrá que esperar para el Unicaja, que tuvo a 40 minutos levantar un nuevo título, tras nueve años sin tener un hueco entre los elegidos, pero que no pudo ante un rival que fue mucho mejor. El mayor logro, definitivamente ya, es la recuperación del Martín Carpena, lleno para ver esta Supercopa de Málaga.

El Unicaja tendrá que seguir comprando boletos en la lotería del baloncesto en busca de ese título deseado, anhelado y esperado, que ha tenido a 40 minutos, pero que se esfumó ante un FC Barcelona Lassa superior, que conquistó la Supercopa Endesa con claridad y justicia. Todos soñábamos con volver a levantar un título nueve años después (tras la Liga ACB de 2006), pero el Barça, el rival de las habituales pesadillas del cuadro costasoleño, se encargó de despertar de golpe al Unicaja y a un Martín Carpena que, pase lo que pase, ha recuperado definitivamente la ilusión por el baloncesto y por el Unicaja. Y eso sí que vale un título.

El Coyote volvió a ser el Coyote. Lo intentó, hasta el 42-45, con todas las tretas a su alcance. Con dinamita, con rocas, con trampas de todas las clases posibles. Pero cuando veía cerca, muy cerca al Correcaminos, el bicho volvía a escaparse, a poner distancia de por medio. Devolvió el Correcaminos cada intento de ser cazado con más astucia y más determinación. Y el Coyote, como siempre pasa en los dibujos animados, se salió con la suya. Cuando estaba casi atrapado encontraba una treta para salir intacto. Y aún más fuerte. Y no hubo forma de atrapar al veloz Barça, siempre con una marcha más que el Unicaja.

Lo intentó con todas sus fuerzas el cuadro de Joan Plaza, en un partido muy diferente al del Real Madrid de las semifinales del viernes. El encuentro ante el Barça fue mucho más físico, se jugó a cara de perro, con un rival más metido, que supo frenar al conjunto cajista, y que le llevó al terreno que más le interesó. Pero no se quiso rendir el Unicaja, que mediado el tercer cuarto logró divisar la tierra prometida: 42-45.

Pero ahí cayó el Unicaja de golpe. Se le fundieron los plomos. Se le hizo de noche. Y el Barça, cuando olió sangre, no hizo rehenes, no entendió de banderas blancas y trató de pasar por encima del Unicaja, con Carlos Arroyo llevando con maestría los hilos del partido.

Al Unicaja le faltó la energía mostrada el viernes y sin ese fuelle, se estrelló ante la defensa del Barça, que castigó siempre que pudo al cuadro verde, que penalizó sus errores hasta el límite. No pudo ser. El Carpena lo vio muy cerca, pero al Unicaja le faltó un puntito para seguir compitiendo y no irse del partido tan de repente. La Supercopa Endesa ya es pasado. Las sensaciones son buenas. El Unicaja ha mostrado un repertorio ilusionante y ahora debe limar todos los defectos que tiene. Hay ahora una semana antes del debut liguero en Murcia, porque entonces ya no habrá tiempo ni de respirar, con partidos semanales de ACB y Euroliga.

El próximo título se jugará en febrero, en La Coruña. Hay que hacer los deberes ahora en la ACB y llegar lo mejor posible. Aquí han sido dos partidos. Allí serán tres. Un escalón más. Tiempo hay ahora para coger carrerilla.

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