Euroliga

Pasión turca por el baloncesto sin recompensa

El Fenerbahce, la pasada temporada, fue el primer equipo de Turquía que se clasificó para una Final Four de la Euroliga

29.10.2015 | 05:00
El Fenerbahce jugó su primera Final Four la pasada Euroliga.

Los resultados de los equipos otomanos están muy lejos de las millonarias apuestas de los clubes de este país durante los últimos años – El Darussafaka, un nuevo rico que visita Málaga

Que Turquía se ha convertido últimamente en uno de los mercados emergentes del baloncesto continental no tiene discusión. La presencia de cuatro equipos esta temporada en la Euroliga da buena prueba de ello. Además de los dos «clásicos», Fenerbahce y Efes Pilsen, este curso otros dos clubes del país otomano han llegado a la elite continental merced a sendas «invitaciones» de la máxima competición europea. El Pinar Karsiyaka, vigente campeón de la Liga de este país, y el Dogus Darussafaka (rival mañana del Unicaja en el Carpena) completan el póker turco de esta Euroliga 2015/2016 que acaba de echar a andar.

La pasión turca por el baloncesto lo cierto es que dura ya casi tres décadas. Su selección llegó a convertirse en subcampeona mundial en 2010 al calor de su gente y varios de sus jugadores más importantes (Ibrahim Kutluay, Mehmet Okur, Ersan Ilyasova, Enes Kanter, Omer Asik o Hedo Turkoglu) compiten actualmente ­–o lo han hecho temporadas atrás– en la NBA.

Su torneo doméstico también ha crecido como la espuma esta última década. La recientemente rebautizada como Basketball SuperLeague BSL es una de las competiciones más potentes de Europa, acortando distancias a pasos agigantados con la Liga Endesa y situada ya por delante del emergente campeonato ruso, que también ha crecido de manera exponencial el último lustro.

El baloncesto turco presenta instalaciones modernas, cuenta con un buen número de equipos con presupuestos de primer nivel y está dirigido desde los despachos por nuevos mecenas con el suficiente poderío económico como para fichar a algunos de los mejores jugadores del básket FIBA. Vesely, Granger, Saric, Dunston, Redding, Slaughter, Datome, Dixon, Antic... la nómina de jugadores de máximo nivel es casi infinita.

Tampoco resulta baladí la gran cantidad de sponsors de Turquía que tiene la máxima competición continental. La compañía aérea Turkish Airlines es el principal patrocinador de la Euroliga tras el acuerdo entre ambas partes hasta el año 2020. El Grupo Dogus, patrocinador del Darussafaka que mañana visita Málaga, es otro de los anunciantes que tiene la Euroliga. El país otomano completa su representación a nivel de patrocinios del torneo con la cervecera Efes Pilsener y la agencia de viajes Detur.

Malos resultados de clubes. Frente a este panorama tan atractivo, llama la atención que el balance de los conjuntos otomanos en los torneos internacionales a nivel de clubes sea paupérrimo. El ingente despilfarro de dinero durante los últimos tiempos no ha tenido la recompensa esperada. El título de Copa Korac conquistado por el Efes Pilsen en 1996 resulta anecdótico ante la colección de fracasos no sólo en la Euroliga sino también en un torneo de rango menor como la Eurocup. El Efes es el único que presumía hasta la pasada campaña de haberse clasificado para una Final Four, aunque no fue de la Euroliga sino de la Suproleague, competición paralela amparada por la FIBA y que tuvo escaso éxito. Eso sí, para rememorar este «hito» del cuadro cervecero hay que remontarse quince años atrás, hasta el curso 2000/2001.

El Fenerbahce de Zeljko Obradovic repitió «hazaña» el pasado curso, en este caso sí en la Euroliga, siendo uno de los cuatro «elegidos» que se jugaron el título en la Final a Cuatro de Madrid, que coronó finalmente al equipo blanco de Pablo Laso como campeón de Europa.

Lo cierto es que ante el boom económico de varios equipos turcos, los jugadores no dudan a la hora de recalar en el país puente entre Europa y Asia. Los reclamos son los que cualquier deportista pide: sueldos generosos, puntualidad en los pagos salvo alguna rara excepción ­–el Galatasaray tuvo serios problemas el pasado curso que parecen ya resueltos– y un país emergente en todos los ámbitos donde poder llevar un buen nivel de vida y engordar la cuenta bancaria sin sufrir una presión excesiva más allá de la exigencia de ganar algún título nacional e intentarlo» en Europa.

Si los jugadores quieren ir a Turquía, los entrenadores exactamente lo mismo. No hay nada más que mirar a los banquillos de los dos «grandes». Al Efes lo dirige el mítico Dusan Ivkovic, uno de los mejores entrenadores de Europa en las últimas tres décadas. Y en la acera contraria, el rey midas del básket en el Viejo Continente, Zeljko Obradovic, ganador de 8 Euroligas, está al mando del Fenerbahce.

Con la intención de erigirse en el mejor equipo de Europa, el Fenerbahce le contrató en el verano de 2013 después de su año de reposo y residencia en Badalona, al concluir su dorada etapa en el Panathinaikos. Sin embargo el serbio no fue capaz su primera temporada en Estambul de encontrar la pócima del éxito y el equipo se quedó perdido en el Top 16. La temporada pasada cambió la suerte. Su Fenerbahce se mostró sólido y solvente desde la primera jornada de la primera fase. Pasó sin apuros al Top 16 y de ahí al cruce de cuartos de final, en el que superó en el play off al Maccabi por un contundente 3-0. Clasificados por primera vez para la Final Four, los turcos cedieron en semifinales frente al anfitrión Real Madrid y después, en la intrascendente cita por el tercer y cuarto puesto, volvieron a perder, ante el CSKA ruso.

La pasión turca por el baloncesto vive esta temporada un capítulo más. Dinero y buenos jugadores hay; ilusión, también. Faltan títulos para recompensar semejante esfuerzo.

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