Crónica

Este equipo es una ruina

El Unicaja firma otro partido lamentable ante un Montakit Fuenlabrada que llegó a mandar 27 arriba, mediado el tercer cuarto - La apatía, la falta de ideas, los penosos porcentajes de acierto y la mala imagen general del equipo no tienen excusa posible

15.02.2016 | 01:59
González intenta entrar a canasta ante la defensa cajista. El equipo verde estuvo espeso en ataque y muy poco expeditivo en defensa.

Esto ya no hay quien lo aguante. La paciencia está agotada. Y si faltaba un poco para desbordarla, el Unicaja se encargó ayer en Fuenlabrada de acabar con cualquier atisbo de optimismo de su forofo más recalcitrante. Este equipo es, a día de hoy, una ruina. Y el que no lo vea así es que vive en una dimensión gravitacional paralela.

El Unicaja perpetró ayer en el Fernando Martín de Fuenlabrada una actuación indigna de un club con la historia que arrastra la entidad de Los Guindos. Fueron 40 minutos de juzgado de guardia. Que el Fuenlabrada te «meta» de 27, mediado el tercer cuarto (61-34), es inadmisible, intolerable, inaguantable, insufrible, insoportable y varios calificativos más de los que no se pueden escribir.

El problema es que esto no tiene arreglo. Yo, al menos, no se lo veo. Fichar ahora un refuerzo sería solo poner otro parche más a una plantilla destrozada por la mala planificación del pasado verano. Es una pena en qué han convertido los rectores cajistas y el entrenador al equipo que reinó 21 jornadas en la pasada ACB, que se quedó a 3 minutos de jugar la final de Copa del Rey y a un triple de disputarle el título de Liga al Real Madrid. Cualquier parecido entre ese Unicaja de antes del verano y éste de hoy es pura coincidencia.

No hay un líder, no hay espíritu, no hay alma, no hay química, no hay nadie con un par de huevos bien puestos para pegar una voz y poner al resto firmes. Por no haber, no hay ni talento, solo un conjunto de egos que no se ponen a disposición del colectivo. Lo peor es que la mediocridad de la mayoría ha engullido a los pocos que destacaban sobre los demás. Ver a Kuzminskas, por ejemplo, vagar por el campo, es una pena. El para muchos mejor alero de Europa es ahora mismo una caricatura de jugador, hastiado de entrar y salir, de salir y entrar, de deambular de atrás a delante y de adelante a atrás.

Los tiempos muertos de Plaza tampoco ayudan a entender la sinrazón en la que vive el equipo. No hay una voz más alta que otra ni una bronca individual o generalizada ni ninguna idea sacada de la pizarra para cambiar la dinámica. La caidita de ojos del técnico en la banda cuando vienen mal dadas ya es cansina, como lo de enjuiciar los partidos en función de los marcadores de cada cuarto. Plaza está sobrepasado por las circunstancias. Se ve a leguas.

La falta general de autocrítica para reconocer los errores clama al cielo. En la cancha y en los despachos. Nada tiene lógica desde hace muchos meses en el club. El presidente, Eduardo García, se equivocó el día que puso a Carlos Jiménez a ejercer una labor para la que no está cualificado. Jiménez ha sido uno de los mejores jugadores que yo he visto sobre una cancha de baloncesto. Una estrella. Mi admiración hacia él es máxima. Pero no conoce el mercado ni tiene la maldad necesaria para moverse entre representantes y agencias como secretario técnico. Para eso hay que ser un poco «joputa» y Carlos no tiene ese perfil. Jiménez es buen tío y demasiado educado para tratar de igual a igual con semejantes «tiburones».

Da la impresión de que el club le ha dado mucha responsabilidad demasiado pronto. Y es que apartar a Manolo Rubia de su lado ha sido otro gran error de García. El exdirector deportivo se equivocó mil veces, es verdad, pero también acertó viajando a Zagreb en busca de un tal Luka Zoric, viajando a Eslovenia en busca de un tal Zoran Dragic o viajando a Lituania para traerse a Mindaugas Kuzminskas, por poner solo tres ejemplos de los últimos años. Los viajes de Jiménez son de Los Guindos a su casa y de su casa a Los Guindos. Y ahí es difícil encontrar nada.
Desde luego, todos los fichajes que han llegado este curso, con Jiménez al mando de la agenda de posibles refuerzos, empeoran a los jugadores que se fueron. Y eso no admite debate. Nedovic es peor que Granger. La pareja Jackson-Smith no mejora al dúo Toolson-Vasileiadis, Dani Díez no aporta más que Suárez y solo Hendrix puede salir airoso de la comparación con Golubovic. ¿No había nada mejor en el mercado que lo que se ha traido? ¿Era necesario que con Toolson metiendo triples en la semifinal del play off liguero estuviera ya fichado su sustituto, sentado en el banquillo del equipo rival? ¿Se pueden hacer peor las cosas?

El «presi» nunca debió dar tampoco el visto bueno a cambiar a más de la mitad de la plantilla. Se lo haya pedido el propio Jiménez, Plaza o el Papa Francisco. García sabe de qué va esto, lleva mucho tiempo en la trinchera como para cometer semejante error. Y ahora estamos viendo las consecuencias, con un equipo roto, sin opción de jugar la Copa, con la Euroliga muy cuesta arriba y con el único fin de intentar acabar la temporada séptimo u octavo para entrar en el play off por el título.

Ni lesiones ni cansancio ni ninguna otra excusa valen para explicar lo de ayer. No se puede caer más bajo. El Unicaja no aguantó al Montakit Fuenlabrada ni un asalto. Ni un mísero cuarto. Fue una imagen deplorable. Lo malo es que ni es la primera vez ni tiene pinta de que vaya a ser la última.

El jueves empieza en A Coruña el mayor espectáculo del mundo de la canasta a este lado del Atlántico. Deberíamos estar todos pendientes de vuelos y hoteles. Pero no. Toca ver la Copa del Rey por la tele. Los buenos estarán allí. El Unicaja, como es malo, la verá desde Málaga.

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