¿Dónde te habías metido, Unicaja?

El equipo malagueño derrota al Baskonia por 27 puntos, la mayor diferencia de su historia, en una exhibición defensa-ataque y en un duelo que debe marcar, ahora sí, un verdadero punto de inflexión

21.03.2016 | 03:34

­Y, de repente, se hizo la luz... Se hizo el baloncesto. Se hizo la alegría, la pelota fue al lugar adecuado y en el momento preciso, la circulación fluyó, el balón se jugó por dentro y por fuera, hubo constancia en lo que se hizo, fe en lo que se trataba de construir, hubo una propuesta real, con defensas alternativas, controlando el «tempo» del partido, haciendo el juego que más convenía... Unicaja, ¿dónde te habías metido? ¿Qué ha sido de ti en este 2016 maldito? ¿Qué demonios has estado haciendo todo este tiempo? ¿Por qué no has sido capaz de competir, de jugar, de luchar, de lanzar y rebotear como lo hiciste anoche en el Buesa Arena del Baskonia?

La gran victoria del Unicaja ayer en Vitoria, la de mayor diferencia lograda en su historia ante el Baskonia (+27, y se fue ganando por 44-79), supone una alegría inmensa, porque este equipo ha demostrado que puede, al fin, competir ante uno de los «grandes» de la Liga Endesa. No hay que olvidar que hasta ayer, el Unicaja había perdido con Barcelona (primero), Valencia (segundo), Real Madrid (tercero) o Gran Canaria (quinto). Por eso, hacerlo de forma tan rotunda, sin opciones de réplica, pasando por encima del rival, pisoteando al Baskonia, es caviar puro. Sabe a gloria.

Quizá, no hay que rasgarse las vestiduras y hay que ver la realidad de frente, éste era el mejor momento para pillar al Baskonia. Ellos llegaron el viernes por la tarde de jugar en Moscú ante el CSKA, un viaje siempre complicado y del que en Málaga nos hemos quejado hasta la saciedad. Y, por suerte para el Laboral Kutxa, con la cuarta plaza liguera bien amarrada su objetivo se centra en el Top 8, meta para la que dependen de sí mismos en el famoso «Grupo de la Muerte» de la Euroliga.

No seré yo quien reste un ápice de valor a la gesta del Unicaja en el Buesa Arena. Pero es bueno que la realidad no nos ciegue. Ni en lo bueno ni en lo malo. Y lo cierto es que el Unicaja no estuvo en la Copa del Rey, se cayó del caballo hace dos semanas en la Euroliga y ocupa la séptima posición en la ACB, con 12 victorias y 12 derrotas. Como el Bilbao Basket. Con una menos que el Fuenlabrada. Con una más que Murcia, Andorra o Tenerife. Partiendo de esa realidad, el Unicaja debe utilizar lo hecho ayer en el País Vasco. Debe utilizarlo para despegar, de forma definitiva. Debe servirle para recuperar crédito, feeling, confianza en sí mismo y encontrar un camino hacia el play off.

En esta temporada tan triste y tan patética que llevamos, la alegría de ayer equivale a jugar una gran final. Hacía tanto que no nos divertíamos viendo al equipo, que no disfrutábamos durante 40 minutos de partido, que no saltábamos del sillón y cantábamos los triples y los mates... ¡Qué subidón!

Si algo ha de aprender este Unicaja es que la victoria (¡qué digo, la exhibición!) partió desde el equilibrio defensa-ataque. El Unicaja estuvo soberbio atrás, con defensas alternativas, que provocaron que los locales abusaran del triple. Pudo correr, supo correr. Con orden, no con esa locura que a veces transmite el equipo, y que tantas veces confunde jugar con rapidez a jugar con precipitación. A pesar de tirar mal de tres (30%), esta vez utilizó a sus pívots, con un Will Thomas magnífico. Él anotó cinco de los siete triples que metió el equipo ayer. Sus 25 puntos y 28 de valoración son el reflejo de su partidazo.

Thomas encontró tiros liberados, porque el Unicaja ayer se pasó el balón con más criterio. Ganó la guerra del rebote (32 a 37), la de las asistencias (14 a 18), la de las pérdidas (16 a 9)... Se ganó absolutamente todo. Plaza sacrificó a Nedovic, el mejor ante el Estrella Roja, buscando ese equilibrio, controlar el «tempo» y no caer en ese baloncesto alocado que le encanta al Baskonia, un básket de «playground» al ritmo «callejero» de Adams y James.

Volvieron a coincidir en pista Alberto Díaz y Nelson, pero esta vez no pareció un suicidio, como sucedió el viernes en Euroliga. Porque ayer había un plan. Los pívots (Cooley es una roca) jugaron continuamente dentro y fuera, bloqueando y buscando bolas en el interior. Thomas abrió el campo con su muñeca y cuando cortó hacia el aro se llevó todos los duelos individuales. Dani Díez dejó la esquina, esa parcela por detrás del triple en la que se empeña en vivir, y descubrió un mundo lleno de posibilidades cortando y ganándole la espalda al rival... Todos, en definitiva, aportaron, cambiaron el chip y sumaron. Es cierto que ellos venían de Moscú y que el Unicaja no tenía tanta presión, que tenía esa libertad mental, esa tranquilidad de saber que el Baskonia era el favorito. Y al Laboral Kutxa le pesó el hecho de mirar al frente para calibrar los esfuerzos del Top 8. Si nos vemos en play off, seguro que Perasovic es otro, que Bourousis no se va con cero puntos y sólo 17 minutos y que el Buesa muerde. Ojalá que para entonces el Unicaja sea el que todos queremos.

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