Memoria en verde y morado

Los viejos rockeros nunca mueren

16.04.2016 | 21:11


El ascenso a la Liga ACB del Básquet Club Andorra a comienzos de los 90 movilizó al pequeño país vecino en su apuesta por convertir al baloncesto en el deporte más relevante. Dirigidos desde el banquillo por Edu Torres y con el complemento de varios ex-jugadores de Unicaja (Hubert Henderson, Sergi López o Toñín Llorente), un quinteto inolvidable de estrellas veteranas componían su columna vertebral. Durante cuatro temporadas consecutivas lograron metas históricas como llegar a la Fase Final de la Copa del Rey y una clasificación para disputar la Copa Korac.


Los «rockeros», que llegaron a Andorra con más de 30 años, estaba capitaneado por el base Jou Llorente, icono del Real Madrid y en la selección española en la década de los 80. Jugador con un físico impresionante para su posición, José Luis marcaba diferencias gracias a su intensidad y calidad. Tras su retirada fue presidente de la Asociación de Baloncestistas Profesionales, cargo que ocupa en la actualidad Alfonso «Rey de Reyes».

En la posición de escolta jugaba Quique «Air» Villalobos, quien desplegó su talento en Málaga y en el Real Madrid antes de recalar en el club andorrano. Convertido en el máximo exponente del básket espectáculo patrio, Quique cambió el parqué por los despachos y su trabajo como agente de jugadores le mantiene cerca de Málaga a través de su representado, Stefan Markovic.

El alero titular era una de las mejores muñecas europeas de todos los tiempos. José María «Matraco» Margall, una leyenda en Badalona, disponía de una mecánica perfecta. Fijaros como sería su calidad que, en su última visita a Málaga vistiendo la camiseta andorrana, anotó un tiro libre sin mirar a la canasta mientras discutía un lance del juego con uno de los árbitros. En la actualidad, convertido en director de un campus de perfeccionamiento para jugadores profesionales, sigue demostrando su puntería con la promesa de mejorar hasta un 30% en el porcentaje de acierto.

Pleno de talento en el poste bajo contaban con Ricky Brown, el pívot más elegante que jamás haya jugado en Málaga y seguro que Andorra. Sus infinitos recursos técnicos le permitían hacer mejores a sus compañeros (como hizo con Arlauckas y Rafa Vecina), aunque su relación con Mario Pesquera no terminara precisamente de forma idílica.


Por último, José «Piculín» Ortiz, el máximo exponente del tiro a tablero, que aterrizó en Málaga después de su paso por el conjunto andorrano y varios conjuntos de primera línea de la ACB. El deportista más idolatrado en Puerto Rico tuvo serios problemas con las drogas y la justicia una vez dejó las canchas.

Estos cinco «rockeros» fueron pioneros del club andorrano. En la recta final de la temporada, confiamos que el Unicaja, liderado por el trío Díaz, Thomas y Cooley, consiga ofrecer su imagen más «heavy» convirtiendo el Carpena en un auténtico «Highway to Green Hell».

@OrientaGaona

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