Memoria en verde y morado

Goles de tres puntos

14.05.2017 | 01:27

Aunque parezca extraño, esta tarde el Real Betis pisará el parquet del Carpena y no el césped de la Rosaleda. Aprovechando su estreno como visitante, y dejando a un lado a los clásicos y omnipotentes Real Madrid y Barça, hoy quiero recordar a dos secciones de clubes futboleros que dejaron huella en los buenos aficionados al baloncesto.

En Barcelona, en la avenida de Sarriá, la principal preocupación en los despachos del RCD Espanyol recaía más en los resultados que obtenían N´Kono, Pichi Alonso, Lauridsen y compañía que en el progreso de su conjunto de básket. Desde su creación como sección de baloncesto en 1923, únicamente en la década de los 80 llegó a disputar cinco temporadas en la máxima categoría nacional y aún así, nos dejó una interesante nómina de jugadores.

En la posición de base contaban con la pareja más bajita de toda la historia. El dúo Albert Illa y Toni Tramullas no sobrepasaban el 1,75 metros y dirigían de manera centelleante el ataque blanquiazul. En las alas contaron con el talento y el tiro exterior de Pepe Collins (el primer español de raza negra), Herminio San Epifanio (Epi I, antiguo jugador del Caja de Ronda) y Jordi Freixenet (uno de los primeros aleros altos que jugó en España). Por dentro, el mítico y bigotudo Mike Phillps, pívot de infinita calidad que no pudo hacer carrera en la NBA a causa de la fragilidad de sus rodillas.

Pero su legado más importante, previa a su desaparición y fusión con el Granollers en 1989, fue dar cabida a tres talentosos jóvenes en la primera plantilla españolista. Estos descarados adolescentes eran Ferrán Martínez (pívot de siete pies con un primoroso tiro exterior), Santi Abad (todo talento y poca cabeza) y Manel Bosch (el alero zurdo que hizo historia en el Unicaja de Imbroda) quienes empezaron su prolífica carrera en la ACB en las filas del conjunto perico.

En la Comunidad de Madrid, más concretamente en la sierra madrileña, se produjo el desembarco de un nuevo megalómano proyecto de Gil y Gil en la temporada 90-91. El Atlético de Madrid acudió al rescate de un CB Collado Villalba que se encontraba en horas bajas, con la intención de trasladar el exitoso modelo del balonmano colchonero a la liga ACB. Como sucedió en política o en televisión, la irrupción de Jesús Gil provocó un terremoto en toda regla en el baloncesto patrio. Su primer golpe de efecto vino con el fichaje de una pareja estelar de americanos (ídolos universitarios y con pedigrí NBA) formada por Shelton Jones y Walter Berry. Con su incontenible verborrea y desconocimiento supino del deporte de la canasta, Jesús Gil confesó en una entrevista que había elegido a esa pareja a pesar del ofrecimiento de un jugador africano de más de 2,20 metros y casi 300 kilos de peso. Genio y figura.

La temporada atlética se puede calificar como exitosa en el aspecto deportivo (eliminados en cuartos por el Joventut) y esperpéntica en el resto, a causa de la personalísima gestión realizada por su presidente. En octubre se le acaba la paciencia y destituye al entrenador (Clifford Luyk, icono madridista) y lo peor llega al verano siguiente. Dentro de sus tradicionales embrollos en el club del Manzanares, se presentó una moción de censura que hizo que Gil y Gil abandonara el proyecto de Villalba tras la intervención del Consejo Superior de Deportes.

Ojalá la apuesta bética por reflotar y mantener el básket en Sevilla tenga un futuro longevo y con más cordura que el demostrado por las aventuras periquitas y colchoneras. ¡Viva er Betis manque descienda!

@OrientaGaona

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