Punto final

Normalidad

28.05.2017 | 01:04

Justo ahora acaban todas las competiciones provinciales en mi deporte, el baloncesto. Aquí en Málaga casi todas las fases finales, por no decir todas, se deciden en formato de Final Four, los 4 equipos mejor clasificados se juegan el título en semifinales y final a un partido. Jugarse la victoria así es mucho más emocionante, es cierto.

Bajo mi modesta opinión, el triunfo es conseguir la clasificación para participar en esta Final Four, puesto que se logra gracias al trabajo de todo el año. Todos los esfuerzos y compromiso de la temporada tienen como recompensa ser protagonistas en estas finales. Esa es una victoria coral. Coral porque la logran los jugadores y jugadoras, entrenadores y padres. Los primeros con su trabajo diario por mejorar. Ahora saben que mereció la pena todas esas noches que se quedaron hasta tarde estudiando por no faltar al entreno de la tarde. Los entrenadores pusieron todo por hacer mejorar a su equipo. Ahora saben que los berrinches por perder algún partido también valieron la pena. Los padres también tienen parte de mérito. Ellos dedican su tarde libre a llevar a sus hijos a entrenar, dando igual si hace frío, calor o si hay partido de Champions en la tele. Ahora se dan cuenta que mereció la pena esos fines de semana que en vez de dormir hasta más tarde madrugaron para que sus hijos fueran a jugar el partido de la semana.

El objetivo ya está cumplido. Todos son protagonistas de la Final Four. Y así hay que tomarlo. Hay que disfrutar de ese logro y pasarlo pipa recordando todo lo que se dejó durante la temporada para estar aquí.

Como digo, este formato es muy divertido porque es muy emocionante. Te juegas todo a un partido. Eso trae consigo que también aparezcan nervios y presión porque todos los chiquillos piensan que se juegan mucho. Es muy difícil quitarles esa presión, hacer que desaparezcan esos nervios. No sé muy bien qué se puede hacer en estos casos. Es una cuestión más para psicólogos que para entrenadores. Pero estoy convencido que la normalidad es muy importante. ¿A qué me refiero con esto de la normalidad? Pues que debemos actuar como siempre, como si no pasara nada, como si jugáramos un partido igual que el del fin de semana anterior. Los niños son niños pero no son tontos y detectan a la perfección cualquier cambio de ánimo. Si esa semana previa a la Final Four se entrena de una manera especial para preparar los partidos cuando no se hace nunca o haces más referencias de la cuenta al partido lo que vamos a provocar es que esa tensión aumente.

Esto mismo puede suceder en casa. Muchas veces los propios padres están más nerviosos que los niños en la semana previa a esas finales. No tengo hijos y no es honesto por mi parte hablar de esto porque mi posición es ventajosa. Pero pienso que hablar con naturalidad del asunto explicando que el objetivo ya está conseguido y que hay que disfrutar disminuye la tensión que ya de por si tienen los chavales.

Por supuesto que respeto lo que haga cada uno porque seguro que lo hace con la mejor de las intenciones. Pero hablar de la final cuando todavía no se ganó la semifinal, preparar una defensa especial sólo para estas finales, o jugar con diez cuando jugaste todo el año con doce no son el mejor camino para conseguir que tus chicos o chicas jueguen lo más parecido a como lo hicieron ya todo el año. Ya entrenamos suficiente durante toda la temporada. No creo que vayamos a cambiar mucho por entrenar diferente en esa semana. Sí que es importante trabajar para minimizar esos nervios y para ello tú debes demostrar que estás más tranquilo que nunca y eres el entrenador más feliz del mundo por disputar esa final four. Seguro que tú estás más nervioso que nadie, tienes derecho a ello. Pero tienes que conseguir que nadie se dé cuenta y, mucho menos, tus jugadores.

Por supuesto que queremos ganar la Final Four y tenemos que hacer todo lo posible para ello. Esto se trata de eso, de ganar. Sin duda que los mejores tendrán más opciones. Pero los que sean capaces de dominar esa tensión pueden ganar a los mejores. Y si no ganamos, ¿qué más da? Disfrutemos que la temporada que viene habrá otra oportunidad seguro.

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