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El Unicaja vota en verde

El equipo malagueño gana al FC Barcelona en el Palau cuatro años después y relanza sus opciones en Euroliga con una victoria de prestigio que debe servir de trampolín

21.12.2017 | 17:19
El Unicaja vota en verde
El cajista James Augustine, colosal anoche en el Palau, niega el pase a Adam Hanga.

La exhibición anotadora de Nedovic (26 puntos) y la increíble fiabilidad de Augustine (27 de valoración) conducen a los hombres de Joan Plaza, que firmó una gran dirección - Undécimos ya y mañana viene al Carpena el Milan.

¡Qué bien sienta ganar al Barça! ¡Y en el Palau! ¡Y con pañolada, pitos y lío! El Unicaja liberó sus dudas, firmó una victoria incontestable y saltó por encima del FC Barcelona en un partido vistoso, jugado a meter más puntos, en el que quedó claro que hay talento de sobra en la plantilla y que aquí no sobra nadie: todo lo contrario. Un primer cuarto de tanteo y para intercambiar triples y sensaciones. Un segundo parcial para aprender a sufrir y probar combinaciones tácticas. Un tercero para que Nedovic calentara la muñeca y un cuarto para tumbar al Barça. El Unicaja fue práctico, aplicó cirugía con un «Nedo» genial (26 castañas para él) al bisturí y logró su segunda victoria consecutiva en Euroliga para escalar a la undécima plaza, con un registro de 5-8 y adelantar al mismísimo Barça. Con dos triunfos más que el Valencia. Y uno menos que el Baskonia. Y a dos de la octava plaza, que abre el sueño del Top 8.

Confirmó el Unicaja las buenas sensaciones que ha ido transmitiendo en las últimas semanas. Una mejoría que encuentra un factor común: James Augustine. Lo del americano es una maravillosa locura. A los 33 tacos, el tío se pega con Seraphin, anota 12 puntos, coge 14 rebotes y se va a los 27 de valoración. Es un seguro de vida el pívot. Que juega de «cinco» o de «cuatro». Que ayuda en defensa. Que sabe a lo que juega. Que gana partidos en la sombra.

Buceó el equipo malagueño por las miserias del Barça. Y supo jugar el partido que le convenía. El Barça está en crisis. Sito Alonso aparece en la picota. Reapareció Vezenkov tras varias semanas inactivo (Viny Okouo jugó también tras 53 días sin hacerlo), en detrimento del discutido Pressey. Ni Tomic ni Navarro tuvieron ocasión de jugar. Y Heurtel se echó al Barça a los hombros. Pero el equipo blaugrana no tiene alma. No transmite. Y el Unicaja supo jugar sus bazas. Supo intercambiar golpes cuando tocaba. Supo sufrir en un segundo cuarto en el que llegó a perder 41-35 y minimizó los daños al descanso: 45-44. Y luego llegó el caviar. Nedovic trajo la bandeja y se puso a repartir canastas de todos los sabores. Fue impactante su arranque, con 10 puntos de una tacada. Eso comenzó a desestabilizar al Barça. Que, no obstante, aguantó y llegó a dominar 61-56.

No aflojó el Unicaja. No cometió errores estúpidos. Estuvo brillante el equipo. Plaza movió el equipo a las mil maravillas. Como a él le gusta, con Suárez de «cinco». Con más alegría en el juego. Y con el acierto que ha faltado en tantas ocasiones. Dos triples, de Alberto Díaz y de «King Kong» Waczynski, pusieron todo el picante del mundo: 66-72. Para el Barça esos seis puntos fueron una montaña repleta de obstáculos. Nedovic pidió la bola. Una penetración acabada en «bombita». Y otra más: 73-80. Y luego, asistencia a Augustine.

Con el partido roto, con espacios, a campo abierto, a base de penetraciones, McCallum también dio señales de vida. El americano está negado en el tiro (0/4 en el triple) pero ayudó a su forma. Y el triunfo, con «Nedo» moviendo los hilos y Augustine sujetando el esqueleto, fue colosal: 83-90.


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El equipo necesitaba un triunfo así. Incontestable. En un escenario tan bárbaro como es el Palau, donde no ganaba hace cuatro años ya el Unicaja. Con Nacho Rodríguez sufriendo en el palco. El mismo Nacho que fue líder en aquella final del 1994/95, cuando el Unicaja se dio cuenta de que, como hace ahora su entrenador Imbroda contra el cáncer, podía luchar y ganar. A todos. A cualquiera. En cualquier situación. Lo hizo a su forma hace 22 años. Y anoche lo constató el Unicaja.

Está aprendiendo, a marchas forzadas, a competir y a sobrevivir. Porque esta Euroliga no perdona. Y te machaca en la ACB, donde deberá mostrar también este espíritu y este nivel para meterse en la Copa de Las Palmas, que ahora se ve tan difícil, tan alejada.

El Unicaja ha cambiado los pasitos cortos por las zancadas largas. Ya lo enseñó ante el Khimki. Lo ha corroborado en Barcelona, donde votó en verde, en plena jornada de reflexión antes de las elecciones autonómicas de hoy en Cataluña. Un voto por la valentía y por el crecimiento. Un altavoz para hacerse oír en Euroliga, donde el equipo salta al puesto 11 de la clasificación. Y antes de recibir mañana a un Milan que ayer se merendó al Baskonia.

Sueña la «marea verde» con mayores cotas. Y debe ahora el equipo mostrar más solidez, más consistencia y seguir creando mecanismos e ilusiones. El aprendizaje entra en una nueva fase. Hemos sufrido como perros y ahora merecemos disfrutar como campeones de la Eurocup que somos.

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