Las otras disculpas reales

Don Juan Carlos no es el único monarca en rectificar. Las monarquías británica, belga y holandesa también lo hicieron

 15:29  
La reina Isabel II sy esposo, el duque de Edimburgo.
La reina Isabel II sy esposo, el duque de Edimburgo. REUTERS

VANESSA SÁNCHEZ Cuando en 1992, durante su habitual discurso televisado por Navidad, Isabel II calificaba aquel año de ´annus horribilis´, no sabía lo que aún estaba por llegar. A la separación de sus hijos, Carlos y Andrés, y el incendio que afectó al castillo de Windsor –símbolo de la monarquía británica y cuya reforma escandalizaría a la población por su presupuesto desmesurado– se sumaría, un lustro después, la muerte de lady Di.

Un acontecimiento que la reina de Inglaterra vivió tranquilamente desde su castillo escocés de Balmoral, donde estaba de vacaciones. Y le pasó factura. Tanto que, por primera vez en 40 años, se vio "forzada" a dar un discurso en directo ante miles de personas para asegurar que estaba triste "de corazón". Así que el ya célebre "lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir" del Rey es un hecho sin precedentes en la historia de la Monarquía española, pero no una excepción en otras casas reales europeas. Son gestos de rectificación escasos, pero de ellos depende que los soberanos vuelvan a conectar con su pueblo.

La disculpa del Monarca tras las fuertes críticas recibidas por lo inoportuno del viaje privado a África en tiempos de crisis podría situarse al nivel de las declaraciones del rey Carlos Gustavo de Suecia, que, acechado por supuestos casos de infidelidades, tal y como reveló un polémico libro –"Carlos XVI Gustavo, rey a su pesar"–, que le acusaba además de frecuentar locales de alterne, tuvo que salir a defenderse: "Hay miles de personas que van a este tipo de establecimientos y es fácil que se produzcan equivocaciones". Lo único que sí dejó claro Carlos Gustavo fue que todos esos rumores perjudicaban claramente su credibilidad y a Suecia. "Lo lamento de verdad".

Hablar de Mónaco y su particular familia principesca es sinónimo de encuentros y desencuentros con la prensa del corazón. Sin arrepentimientos públicos, aunque con demandas de paternidad de por medio, la boda de Alberto II con Charlene Wittstock no vino a apaciguar rumores, sino a aumentarlos. A tres días de la ceremonia se dijo que la novia había querido huir a su país natal al enterarse de que su prometido podía tener un nuevo hijo no reconocido. Y es que nadie en la familia Grimaldi está exento de polémica. Desde Carolina y su sonado divorcio de Ernesto de Hannover a Estefanía y Daniel Ducruet, que fue infiel a la princesa con una "stripper" a ojos de toda Europa.

Si a Isabel II se le pueden atribuir muchos fallos, qué decir de su consorte. Felipe de Edimburgo, esposo de la soberana, es un experto "metepata" gracias a sus declaraciones desafortunadas. Una de ellas tuvo lugar durante un viaje por Papúa Nueva Guinea, donde felicitó a los lugareños por haber conseguido que no les comiesen. A los aborígenes australianos les preguntó si todavía "arrojaban lanzas".

Claro que nada comparado con las travesuras del príncipe Enrique. Célebre es la fotografía en la que el menor de los hijos de Carlos y la princesa Diana apareció vestido con el uniforme nazi. "Lo siento mucho si he causado alguna ofensa o vergüenza a alguien. Fue una mala elección de disfraz y me disculpo", dijo.

La casa real de Bélgica es también un hervidero de noticias y casi todas tienen un nombre propio: el del caprichoso hijo menor del rey Alberto II, Laurent. La última tuvo lugar en 2011, cuando el príncipe hizo oídos sordos a las advertencias de su padre y se marchó sin permiso a la República Democrática del Congo para despachar con el presidente Joseph Kabila. El viaje le costó que fuera excluido de todos los actos oficiales de la familia. Eso sí, los 300.000 euros anuales que recibe de las arcas estatales no han sido cancelados.

También la simpática reina de Holanda, Beatriz I, cuyo segundo hijo, Friso de Orange, permanece ingresado en un centro en coma profundo víctima de una avalancha en la nieve, ha visto cómo su sucesor, Guillermo Alejandro, le daba algún que otro disgusto. Su interés por construir una mansión en Mozambique y pagar en un paraíso fiscal desató las críticas en el país. A Guillermo y a Máxima Zorreguieta no les quedó más remedio que renunciar a ella.

La reina Margarita II de Dinamarca también ha vivido en los últimos tiempos escándalos menores, como los lamentos del príncipe consorte Enrique al sentirse menospreciado o el divorcio del príncipe Joaquín. En la casa real noruega, más allá del pasado de la princesa Mette-Marit, aún está muy presente cómo Martha Luisa, hija del rey Harald V, usó su nombre y título para promocionar las giras que realizó con su coro de góspel.

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