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Vida de los famosos

Cuando Clooney era Frankenstein

El libro 'Ricos y famosos' se adentra en la vida pública y privada de veinte reconocidos personajes públicos

 19:22  
George Clooney.
George Clooney. REUTERS

TINO PERTIERRA Tienen algo en común: son ricos y famosos. Muy ricos y muy famosos. Su riqueza y su fama tienen orígenes distintos y distantes: el cine, la música, el deporte, la moda y los negocios.

Llegar a la cima no fue sencillo: se lo ganaron a pulso. Unos tienen más prestigio que otros. El éxito ha sido, en algunos casos, su perdición: drogas, enfermedades, depresiones, conflictos. La muerte, incluso.

Sombras. Luces. Hay quien busca los focos con desesperación. Hay quien huye de ellos. A unos los ilumina, a otros los ciega. El libro 'Ricos y famosos' recorre la vida pública y privada de veinte personajes acostumbrados a verse en portadas: desde actores como George Clooney y Penélope Cruz, hasta cantantes como Whitney Houston y Amy Winehouse, pasando por empresarios como Amancio Ortega o visionarios como Mark Zuckerberg o Steve Jobs.

¿Por qué no empezar con una sonrisa de oro del soltero de oro? George Clooney, "el rey de los episodios piloto y de las producciones modestas hasta que, de repente, el mundo empezó a prestarle atención". Pocos saben que el joven George desarrolló "la parálisis de Bell, una enfermedad de causa desconocida, que provoca una disfunción del nervio facial. Durante un año el ojo izquierdo se le cerraba y la mitad de su rostro quedaba paralizada, por lo que en el colegio se ganó el apodo de Frankenstein". Ahí está la raíz de su actual capacidad para reírse de sí mismo. Con 5 o 6 años le preguntaron qué quería ser de mayor: "Quiero ser famoso". Lo logró.

Penélope Cruz no lo tuvo tan fácil como ahora cuando dio sus primeros planos en Hollywood. Vivía en una habitación pequeña de hotel y "me sentía tan sola, que me gustaba encontrarme gatos en la calle y llevármelos conmigo". Por cierto, su pasión por el ballet tuvo sus consecuencias: "Tengo todos los dedos de los pies torcidos. Solía sangrar de tanto bailar e incluso me pelé las uñas de los pies, que estaban completamente negras".

Angelina Jolie experimentó en su adolescencia con la autohumillación y se hacía cortes con cuchillos: "Siempre que me sentía acorralada, me cortaba. Tengo muchas cicatrices". Jolie no acaba de comprender "por qué se me ve como a una mala chica. Me gusta mostrarme sexy, colecciono cuchillos y tengo debilidad por los tatuajes y lo tenebroso. Pero hay también otra cara de mí que es delicada. Adoro a mi familia y deseo ser madre, así que no me crucifiquen por una sola cosa".

Michael Jackson no tuvo infancia. De sus primeros años recordaba que "siempre se quedaba solo detrás del escenario, de pie entre bambalinas, cogido al telón polvoriento, observando ávidamente el espectáculo. Estudiaba y miraba cada paso, cada movimiento, cada vuelta, cada rutina, cada imperceptible gesto. Sus padres, sus hermanos y los otros músicos siempre sabían dónde encontrarlo".

Leonardo DiCaprio nació en un barrio marginal y conflictivo de Los Ángeles. "Yo me sentiría miserable viviendo solo en una mansión. No quiero sonar como que soy un niño desfavorecido, pero viniendo de donde vengo he aprendido ciertos valores como no aceptar estar en un hotel y pagar cinco dólares por una Coca-Cola. Con ir al supermercado de la esquina puedes comprar seis por sólo tres".

Whitney Houston: cuánta tristeza. Del "tengo un buen hombre, él cuida de mí" al principio de su relación con Bobby Brown, pasó a "él era mi droga, yo no he hecho nada sin él, yo no hacía nada por mí misma". Otro destino fatal: Amy Winehouse, que era capaz de bromear en el escenario sobre su mala fama: "Ni siquiera he podido emborracharme aún, sólo llevo aquí quince minutos". Estrellas muertas, héroes caídos: Tiger Woods, el golfista cuya infidelidad le costó el imperio. "A veces pierdo los estribos con el propósito de disparar mi adrenalina, para motivarme y llegar a la máxima tensión".

Amancio Ortega, el gallego que revolucionó el mundo de la moda con Zara, es uno de los personajes más enigmáticos del libro. "Querer a la gente que trabaja con nosotros es una obligación. Debéis vivir cerca de cada uno de ellos, de lo que tienen entre manos en sus casas, en su familia, no sólo en el trabajo. Yo quiero una empresa con alma, formada por personas con alma".

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