16 de noviembre de 2018
16.11.2018
Elecciones Andaluzas

El inicio de un largo ciclo electoral

Comienzan los días de fuego de la campaña electoral. El 2 de diciembre se vota. Al día siguiente, habrá que gestionar un mapa político que apunta a fragmentación.

16.11.2018 | 05:00
Moreno, Casado y Bendodo, en el inicio de campaña del PP.

¿Cómo gestionar el nuevo mapa político que dibujarán las urnas el próximo 2 de diciembre con las elecciones andaluzas? Esta es la gran duda que planea sobre un nuevo proceso electoral que comienza hoy, y que pondrá a prueba la capacidad de los andaluces para digerir los intentos de todos los partidos por seducir a los indecisos durante los próximos 14 días. Dos semanas que pueden ser largas o muy cortas. Todo depende de la tolerancia particular que pueda atesorar cada uno. Como los antiguos crucigramas, la solución a la futura gobernabilidad de Andalucía llegará más tarde. Tendrá que ser resuelta por unos partidos que se han prodigado mucho en establecer vetos cruzados que exigirán actos de contrición como nunca antes los habíamos visto.

La liviandad de las palabras en política es conocida, pero todo en esta obra está hecho para que sus actores se retracten si no quieren que la ingobernabilidad se apodere de Andalucía. Con lo que ya se han dicho los unos a los otros. De entrada, estas elecciones sólo abren dos posibilidades. Una, con un PSOE que añada otros cuatro años a su legado de hegemonía, aunque gobernando en solitario. Otra, alumbrando un matrimonio de intereses entre el PP y Ciudadanos, alentado por un posible cambio de Gobierno en Andalucía que se ha convertido en algo que se parece mucho a una gran gesta. Las calculadoras electorales ya están pasando verdaderos apuros. El último barómetro del CIS vaticina una nueva victoria del PSOE. Clara, sí. Con necesidad de llegar a pactos, también.

En lo que más imita a la verdad, que son los números, casi 6,5 millones de andaluces están llamados a elegir el 2 de diciembre a 109 diputados que se sentarán en el Parlamento para extender la democracia hacia su undécima legislatura. «España no se puede gobernar sin Andalucía», dijo el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. Hoy es algo que se ha extendido ya en eslogan universal y que también ha hecho como suyo el nuevo líder del PP, Pablo Casado. Sirva esto para explicar que la región, además de alimentar sus propias incertidumbres, vuelve a ser una cita que trasciende las dimensiones de la propia cita. Una especie de preludio para que los aspirantes a sacar a Pedro Sánchez de La Moncloa puedan medir su pujanza y salud en las urnas.

El PSOE parte como favorito. Nada nuevo. El CIS otorga a los socialistas 17 puntos de ventaja sobre sus perseguidores y dibuja un triple empate entre Adelante Andalucía, PP y Ciudadanos. En el PSOE celebran los resultados. El resto de formaciones cree que se trata de un exceso de Tezanos. En Ciudadanos creen que pueden adelantar al PP y convertirse en la principal fuerza de oposición. Sería un bofetón en toda regla para los populares, si bien es cierto que la experiencia reciente dice que la formación naranja nunca ha podido traducir en votos lo que le habían marcado los sondeos. El PP aspira a lograr un resultado que les permita sumar con la formación naranja y romper así los viejos equilibrios. La mayoría absoluta en el Parlamento está en 55 escaños. Aquí está una de las claves. Si la suma da entre PP y Ciudadanos, estaremos muy cerca de un cambio de Gobierno en Andalucía.

Va a ser también la campaña de las caras conocidas y de las grandes reválidas. Los principales líderes repiten como candidatos a presidir la Junta. Para Susana Díaz (PSOE), Juanma Moreno (PP) y Juan Marín (Ciudadanos) estas son sus segundas elecciones. Como también lo son para Teresa Rodríguez, aunque ahora está al frente de Adelante Andalucía. Una coalición electoral que se ha traducido de la fusión de Podemos e Izquierda Unida. Sus dirigentes han tratado con especial cuidado explicar que el orden de los factores no altera el producto. La realidad es que se ha acabado relegando a Antonio Maíllo.



Campaña eterna


El arranque oficial de la campaña fue anoche. La sensación, sin embargo, es ya de campaña eterna. Llevamos mucho tiempo de melodrama político. Lo único que queda ya del sagrado simbolismo de la tradicional pegada de carteles es la nostalgia. Un simple añadido más en la mercadotecnia. En realidad, todos los días son campaña. Los políticos llevan semanas recorriendo la provincia y a estas alturas quedan pocas sorpresas por revelar. Los programas electorales dibujan un futuro prometedor. Construcción de hospitales, mejoras en las carreteras, más inversión en educación y menos carga impositiva para el maltrecho bolsillo del votante. Cierto es que la falta de rigor en la fase propositiva viene de lejos, pero nada se ha hecho para mitigar los excesos. La falta de concreción, salvo algunas propuestas sobre infraestructuras concretas, se extiende a todos los partidos.

Habrá desembarco de líderes nacionales. Málaga es la provincia que más escaños reparte después de Sevilla y en la que más partidos se presentan. Destaca el esfuerzo de Casado y Rivera. El primero abrió ayer campaña en Málaga. Volverá el 29 de noviembre y tiene agenda, prácticamente, todos los días. Al igual que el propio Moreno, se la juega. Acaba de ser elegido presidente del PP. Un mal resultado en Andalucía sería comenzar con piedras atadas a los tobillos. El líder del PP quiere introducir de lleno a la política nacional en campaña. Los mensajes contra Sánchez y los independentistas gustan entre sus parroquianos. La duda está en ver si seducen a los indecisos, ante la imperante necesidad del PP de sumar votos. En el PSOE ya han levantado el escudo: lo que defienda Casado perjudica en realidad a Andalucía y es síntoma del menosprecio que le tiene a la región, relegada a segundo plato dentro de sus aspiraciones a nivel nacional.

Rivera, al igual que ya pasó en 2015, se implicará de lleno. En esta ocasión, se suma Inés Arrimadas. En el partido naranja siempre son las mismas caras y se van moviendo como fichas sobre el tablero de Risk. En el PP atacan. Quieren establecer la sensación de que Ciudadanos esconde a Marín. Él asegura estar encantado con el respaldo que le brindan. No tiene el grado de conocimiento de los otros líderes andaluces. Aseguran sus adversarios que no tiene carisma. Gana mucho en las distancias cortas. Quizá, por eso, esté entre los mejor valorados.

La foto que más rápido circula por todo el país es siempre la que más morbo despierta. Será la de Díaz con Pedro Sánchez el 25 de noviembre en Marbella. Mitin conjunto. Esta vez, sin aroma a napalm. Sánchez intervendrá solo en dos actos, aunque es evidente que para Díaz dos son más que suficiente. Un contraste directo con la omnipresencia de Rivera y Casado en Andalucía. Pablo Iglesias vendrá el 30 de noviembre a Málaga. Acto de cierre de Adelante Andalucía.

Pactos o repetición


Esta campaña tiene la particularidad de que se esperan pocas sorpresas en los resultados. La incógnita vendrá después. Una idea ya extendida en San Vicente, sede del PSOE-A, es que Díaz será investida finalmente y tendrá que gobernar en solitario. Adelante Andalucía, por ende, Teresa Rodríguez será determinante. Marín no va a apoyar a Díaz, aunque quisiera. La sombra de la pugna nacional es dilatada y Rivera no querrá una alianza con el PSOE en Andalucía que le saque los colores en Madrid. Un apoyo, ni tan siquiera una abstención por parte del PP, suena a utopía. La lideresa andaluza podría depender de quien ha sido su mayor verdugo en esta legislatura. Dialéctico. La cita será el próximo 2 de diciembre. El amor, si es que llega, lo pondrán los resultados.

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