22 de enero de 2019
22.01.2019
Nuevo Gobierno andaluz

Javier Imbroda: Un puñado de vidas en una

El melillense, aunque malagueño de adopción, será el consejero de Educación y Deporte de la mano de Ciudadanos

22.01.2019 | 05:00
Javier Imbroda, en su época de entrenador.

Profesor, entrenador, escritor, empresario, mecenas, columnista... el legendario preparador del Unicaja subcampeón de la ACB se enfrenta a otro reto.

Hay quien pasa por esta vida dejando huella. Javier Imbroda Ortiz (Melilla, 8 de enero de 1961) es uno de ellos. Imbroda ha vivido al límite, ha aprovechado cada día de su existencia y lo ha exprimido al máximo hasta llegar a convertirse ahora en consejero de Educación y Deporte de la Junta de Andalucía, de la mano de Ciudadanos, partido en el que aterrizó en paracaídas y como banderín de enganche en Málaga como guiño a los votantes desencantados del amplio espectro del centro-derecha.

Imbroda es una persona moldeada a sí misma, hecha a su medida. Profesor, entrenador, escritor, empresario, mecenas, columnista en La Opinión de Málaga, político€ Muchas vidas en sólo una para un hombre que domina, con un lenguaje hábil, un discurso intachable y un poder de motivación extraordinario, la oratoria como pocos. Y que ha llegado a convencer, más allá de al mismísimo líder de Ciudadanos, Albert Rivera, para ser cabeza de lista en Málaga en las pasadas elecciones a la Junta, a miles de votantes malagueños que le han aupado a un cargo de máxima relevancia en el panorama andaluz.

Javier llegó a Málaga a mediados de los años 80, siendo aún un pipiolo. Y para impartir clases en el Colegio Hermanos Maristas, en la malagueña Calle Victoria, un empleo que debía desarrollar y compatibilizar con el de entrenador de baloncesto del equipo del colegio. Fue Damián Caneda, exsenador del Partido Popular, quien le reclutó, maravillado por cómo el equipo que Imbroda dirigía entonces, el La Salle, había derrotado a Maristas en el Campeonato de Andalucía.

Enseguida conectó con todos. Imbroda impartía sus materias en horario escolar y por las tardes-noche se encargaba de dirigir a un equipo nacido en un patio de colegio que firmó una de esas machadas que tanto gustan llevar a la gran pantalla. La historia de Maristas no ha protagonizado ninguna película, pero lo podría haber hecho. De la mano de Javier Imbroda, con Pedro Ramírez como ayudante, Mayoral Maristas fue superando obstáculos y ascendió a la máxima categoría del baloncesto español en el verano de 1988.

Imbroda pronto comandó un proyecto que en 1992 se transformó en el actual Unicaja, gracias a la fusión entre Caja de Ronda y Mayoral Maristas, en el que él se quedó como entrenador en jefe. Una aventura maravillosa en la que Málaga alcanzó la elite en el básket nacional, con el subcampeonato de Liga ACB en 1994/95, y su primera participación en la extinta Copa de Europa un año después. El melillense escaló a la velocidad de la luz, e incluso la recién creada selección de Lituania de baloncesto le contrató como entrenador asistente, colgándose una medalla olímpica de bronce en los Juegos de Barcelona 1992.

Su salida del Unicaja no fue fácil. Imbroda es, a día de hoy, el tercer entrenador que más partidos ha dirigido en la historia del club: 281. En 1998 cambió Málaga por el eterno rival, el Caja San Fernando de Sevilla, donde entrenó hasta 2001, también con un tremendo éxito: subcampeón de Liga y Copa en 1999. Su progresión le llevó al banquillo de la selección española de baloncesto. Imbroda alcanzaba un techo que le llevó a los Juegos de Sidney 2000 y a dirigir Europeos (medalla de bronce en Turquía 2001) y Mundiales, con 133 partidos dirigidos en la equipo nacional, para luego entrenar al Real Madrid en el curso 2002/03.

Dicen, sobre todo en el deporte, que también se puede morir de éxito. Quizá a Javier le ocurrió algo de eso. Sus proyectos postreros en Valladolid o Menorca no terminaron de cuajar. Al revés, alguno le llevó incluso a alguna tensión con un amigo de toda la vida como Nacho Rodríguez, base con quien creció en Maristas y luego en el Unicaja. Javier nunca ha dejado las canchas. Cuando se le ha preguntado hasta hace escasas fechas, él siempre recuerda que su profesión es esa: entrenar a equipos de baloncesto. Ha dejado a un lado propuestas exóticas para dirigir selecciones nacionales de Oriente y, poco a poco, el "malagueño" de adopción comenzó a adentrarse en otros caminos.

Máster en Alta Dirección de Empresas en el Instituto Internacional de San Telmo y Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Málaga, Javier desarrolló otras inquietudes, dentro del mundo de la empresa, por ejemplo. Comunicador empedernido, Imbroda es un fanático de lo que ahora se llama coaching. Ha escrito los libros "Si temes la soledad no seas entrenador" (Pearson Educación, 2004) y "Entrenar para dirigir" (Alienta Editorial, 2018 ).

Gestor de grupos, líder innato, en 2010 este malagueño inquieto dio un paso más al crear la "Fundación Javier Imbroda" con el proyecto "Medac" como herramienta activa para educar en valores. La fundación realiza un trabajo impagable en zonas de riesgo de pobreza y de exclusión social en Málaga, con educación, charlas, campamentos y bolsas con merienda para los niños con menos recursos económicos. E incluso desafió al tiempo para volver a ponerse el chándal, ya que dirigió en su creación el equipo de baloncesto Medacbasket, que compitió en Primera Nacional y Liga EBA, atrayendo a jugadores jóvenes con el fin de que prosiguieran también sus estudios en Bachiller o en el acceso a la universidad.

De forma paralela a la creación de su Fundación, y con inversiones en diversas empresas del sector de la salud, de nuevo Damián Caneda se cruzó en su vida. Y en 2011 le reclutó para que fuera el área visible del Área de Deportes del Ayuntamiento de Málaga gestionando la empresa pública "Málaga Deporte y Eventos", en la que trabajó durante un ciclo de cuatro años, durante esa legislatura.

Fueron cuatro años en los que se gestionó, no sin cierta polémica, dando entrada a empresas privadas en el sector público, y en la que tuvo numerosos rifirrafes, críticas y las lógicas batallas entre quien gestiona lo público y clubes, organizaciones y deportistas en desacuerdo con su gestión al frente del organismo Se le echó en cara pasar poco tiempo en su despacho del Palacio de los Deportes. Su gran logro fue la firma de la celebración de la Copa del Rey de baloncesto en el Martín Carpena en 2014 o los Juegos para Trasplantados. La aperturas de gimnasios con participación privada y capital público y la privatización de ciertos servicios fue también uno de los grandes caballos de batalla de esa legislatura.

Articulista de La Opinión de Málaga durante más de un año, en su vida personal, Javier contrajo matrimonio con Pilar (Piluca), natural de Melilla, como él. De esa unión nacieron sus hijos, ambos malagueños. La pareja se rompió años más tarde e Imbroda volvió a contraer segundas nupcias con la almeriense Salvadora.

Javier volvió a nacer el pasado año, como él mismo confiesa. De repente, el malagueño no se sintió en paz con su cuerpo. Tenía fuertes molestias cuando tenía que orinar. Y eso a él le extrañó, porque, como cuenta en la intimidad, rara vez había visitado un hospital y casi nunca tuvo que tomar medicinas. Y lo que descubrió tras varios chequeos en noviembre de 2016 fue que padecía cáncer de próstata. Un tumor muy dañino y que estuvo cerca de llevarse por delante las muchas vidas que Javier ha vivido en sólo una. La lucha fue titánica, requirió de varias intervenciones quirúrgicas, un largo proceso de fármacos y radioterapia. Se vio más fuera que dentro de este mundo, pero por fin, en diciembre de 2017, pudo escribir una carta pública que se viralizó rápidamente en redes sociales en la que explicaba su batalla contra el cáncer, resuelta con una inapelable victoria. Había ganado su partido más importante. Y él quería seguir jugando duro, como siempre lo había hecho.

Sin olvidar nunca sus raíces baloncestísticas, el malagueño optó a presidir la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB), un organismo singular, repleto de luchas intestinas y en cuya votación necesitaba el apoyo de tres cuartas partes de los 18 clubes de la Liga. Imbroda ganó a todos sus rivales en ese camino, pero se quedó sin esa mayoría exigida. Tras unos meses de muchos kilómetros, visitando y entrevistándose con todos los clubes, su triunfo sin premio le causó desazón y pasó página al mundo del básket para mirar, directa y definitivamente, a la política.

Su salto fue a Ciudadanos, partido que conecta con sus ideas, aunque diferente al que trabajó en el Ayuntamiento de Málaga (Partido Popular) y con el que su hermano Juan José preside la Ciudad Autónoma de Melilla. Fue el propio Juan José quien le pidió que no concurriera a las elecciones con Ciudadanos, pero Javier tenía claro cuál era su destino. Tras apenas unos meses de campaña, con el beneplácito del aparato dirigido por Albert Rivera, Ciudadanos volvió a superarse en las últimas elecciones y él se ganó su acta de parlamentario andaluz. En el equipo de gobierno que han formado la formación naranja y el Partido Popular, el malagueño Javier Imbroda es uno de los hombres fuertes, con competencias tan importantes y trascendentes en este siglo XXI como Educación y Deporte. Ahora desde puestos de responsabilidad en la Junta de Andalucía, tratará de unir ese puñado de vidas que él vive en una sola con la de millones de andaluces y malagueños que esperan mucho de Javier Imbroda, ese maestro que desde un patio de colegio hizo soñar a todo el baloncesto malagueño.

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