El sistema internacional de etiquetado frontal Nutriscore, que será aprobado este año en España, sitúa al jamón en el nivel de valores nutricionales más bajo y al aceite de oliva en una posición intermedia, lo que calificaría a productos tan señeros del sector agroalimentario andaluz como ‘no saludables’. De ahí que la confianza depositada por el Ministerio de Consumo en Nutriscore ha desatado una nueva guerra política entre la Junta de Andalucía, con Elías Bendodo como destacado representante, y el Ejecutivo nacional de PSOE y Unidas Podemos, con Alberto Garzón dándose por aludido.

Los enfrenta un ‘semáforo nutricional’ que ha puesto en jaque a la mismísima dieta mediterránea. Lejos de tener en cuenta otras cualidades, los criterios de Nutriscore ponen el acento en la grasa del aceite y el jamón, al que también ‘condena’ por la cantidad de sal que contiene. De este modo, en los cinco niveles que sitúa de más a menos saludables a los productos -distinguidos por colores y por orden alfabético de la A a la E - el aceite ocupa la C de la etiqueta frontal y el jamón la E, que equivalen a la tercera y a la última posición, respectivamente.

La primera batalla la desencadenó el pasado martes -en su comparecencia posterior a la reunión semanal del Consejo de Gobierno- el consejero de la Presidencia y portavoz de la Junta, Elías Bendodo, cuando aseguró que «ahora vienen estos señores comunistas y nos dicen que el jamón y el aceite de oliva son perjudiciales para la salud. Solo les pido que dejen de atacar a Andalucía», enfatizó el consejero.

Con estos términos tan beligerantes, Bendodo expresó su malestar por la implantación en este país de un nuevo etiquetado frontal que no destacará los beneficios saludables del jamón y el aceite de oliva. Y lo hizo de modo que terminó vinculándolo con las polémicas declaraciones en las que, poco después de estrenarse en el Gobierno de España, Alberto Garzón también relativizó la importancia económica del sector turístico.

Y ahí no se quedó el portavoz del Gobierno andaluz, quien inició una campaña en Twitter que personalizaba en la figura del «ministro lumbreras» lo que él considera una afrenta del Gobierno que «ataca a la economía andaluza» a través del jamón y el aceite de oliva. El miércoles por la mañana, Bendodo publicó un ‘tuit’ con una fotografía en la que mostraba cómo desayunaba con ambos productos y, «para que se entere de una vez el ministro de Consumo», hizo un llamamiento para que esa red social fuese inundada con instantáneas similares. A la iniciativa virtual se han ido sumando posteriormente numerosos cargos públicos y orgánicos del PP andaluz.

Una movilización de estas características no ha pasado desapercibida ni para el propio ministro de Consumo y coordinador federal de Izquierda Unida, Alberto Garzón, quien reaccionó este viernes atribuyéndolo al «negacionismo científico del PP» y calificándolo como «una campaña difamatoria y grotesca. En su habitual estilo, el señor Bendodo acusó a los ‘comunistas’ de afirmar que el jamón y el aceite perjudican a la salud. ¿De dónde sacó esas afirmaciones? Es fácil: de su imaginación. Es decir, mintió. Nadie del Gobierno ha dicho nunca tal cosa», escribió Garzón en su cuenta de la red social Twitter.

El ministro de Consumo subrayó que «Bendodo critica en realidad, aunque probablemente con enorme desconocimiento, el sistema Nutriscore, que es un etiquetado nutricional voluntario que está implantado en Francia, Alemania y cuatro países europeos más».

«Es un sistema que como se ve no es cosa sólo de comunistas, está diseñado para proporcionar mejor información nutricional del producto e incentivar un patrón de consumo más saludable; Nutriscore existe para ayudar a combatir la obesidad y enfermedades crónicas vinculadas a la alimentación», defendió Garzón.

El ministro de Consumo señaló, en esa línea, que «Nutriscore no entra a valorar si un producto es bueno o malo, ni nadie dicta qué tenemos que comer. Su utilidad reside en la capacidad de resumir de manera gráfica si un producto contiene en exceso nutrientes cuyo consumo prolongado puede ser perjudicial para la salud», puntualizó Garzón. De este modo, el ministro seguía poniendo la mano en el fuego por el sistema de etiquetado que ha prendido una guerra política del jamón y el aceite de oliva que, posiblemente, ha llegado para, al menos durante unos días, quedarse impregnada a la agenda dialéctica de la confrontación.