Está presente en nuestra celebración del 28-F este invitado indeseable que es el coronavirus, por el que la vida se declina desde hace casi un año de forma distinta y sombría. Resistimos y, por tanto, venceremos, -sin saber todavía cuándo-, a esta pandemia, que es un cambio de época. Siendo muchas las pérdidas personales que tiñen de melancolía este Día de Andalucía y muchos los reveses en tantos negocios de andaluces trabajadores propongo una panorámica de nuestra tierra tras el desgaste de este primer año Covid a punto de cumplirse.

La preocupación de los empresarios andaluces es honda. Por desgracia, y aunque la campaña de vacunación aporte cierta esperanza, no vislumbramos una recuperación. No llegará hasta que se generalice la vacunación. Esta incertidumbre se escribe en los rostros de miles de andaluces. Ellos encarnan los peores números de nuestra Historia reciente: 987.686 personas en paro en Andalucía; 98.821 andaluces en ERTE; entre 17.000 y 20.000 empresas desaparecidas; un retroceso del PIB andaluz de un 10,3%. Arrasado, en definitiva, el 5% de nuestro tejido productivo.

Para dato elocuente que describa nuestro presente, este: en la crisis financiera sufrida a partir de 2008 y durante cinco años la Economía se contrajo un 10%. En la actual, y en menos de un año, la contracción es del 11%.

¿A qué podemos aferrarnos? Detectemos nuestros salvavidas. Esta no es una crisis estructural sino coyuntural y, con esto a favor, seamos coherentes: desarrollemos hasta su última línea el Plan de Apoyo a Pymes y Autónomos suscrito en noviembre con la Junta. Con sus 667 millones es el más ambicioso del país. En Andalucía, gracias a la unidad empresarial, somos capaces de consensos de gran alcance. Hagamos pues realidad lo firmado: ese plan era sólo un inicio, no un fin. Faltan más líneas de apoyo a sectores específicos que aún precisan más atención. Preguntémonos cómo estamos tratando nuestras fortalezas. El Turismo lo es; es un sector capital. ¿Se le está ayudando como merece? Rotundamente, no. Urge un plan de rescate al Turismo. Representa, de forma directa e indirecta, cerca del 30% del PIB andaluz. Hoy se desangra y tendrá que volver a articularse cuando se universalice la vacunación. De otro lado, los empresarios andaluces estamos alertando ya de un riesgo creciente: ¿Serán realmente terapéuticos los fondos europeos? En nuestra mano está. La gestión de las ayudas comunitarias será ágil o no será. La Administración necesita casi una reforma genética para hacerla más eficiente. Nos la jugamos en el modelo de gestión de estos fondos. Otra cuestión que traslado es si estamos entendiendo la dimensión de la pandemia. ¿Estamos a la altura de lo que este momento histórico exige? Urge un autoexamen. Tal vez compartan conmigo que el ciudadano está perdiendo su confianza en el sistema. Sufrimos una profunda descoordinación entre administraciones; diríase que con 17 sistemas diferentes. No es el problema que haya competencias transferidas sino la evidente ausencia de estrategias comunes.

Así, es natural que en ocasiones cunda el desánimo. Existen disparidades casi interpretables como privilegios para unos frente a otros. Para ayudar a los sanitarios y frenar el virus con determinación abordemos una gestión social de la pandemia. Con la salud y la situación en hospitales y ambulatorios como eje no desatendamos tampoco qué sucede en la calle, negocios y hogares. El mensaje a los ciudadanos ha de ser coherente para que el sacrificio de los cierres, sufrido muy recientemente en Málaga, entre otros lugares, tenga sentido y no sea en balde.

Por todo ello, es acuciante, como digo, una gestión social de la pandemia, siendo escuchada la voz de los empresarios y con ayudas a la altura de los sacrificios de pymes y autónomos. Sensibilidad política hacia la fragilidad del tejido empresarial andaluz en este momento.

Sirva esta tribuna privilegiada que me procura La Opinión de Málaga en un día tan señalado para subrayar al término una cuestión clave: el desempleo juvenil. La tasa de paro entre los andaluces menores de 25 años alcanza el 52,2%. Es una generación atrapada entre dos crisis, amenazada ya por la cronicidad de la falta de oportunidades. De no atender esta lacra social nos aventuramos a atomizar a la juventud, que debiera ser palanca de recuperación en el escenario postcovid. Esta crisis nos podrá robar el cómo, pero no el qué de las cosas. Hemos de dar respuestas a los jóvenes, con fórmulas nuevas y alianzas. Para que escriban los 28-F venideros con la seguridad de que les tuvimos presentes en la reconstrucción.