El 28 de febrero ha sido tradicionalmente un día de reivindicación, de celebración de nuestra Autonomía, de serena rebeldía dirigida hacia aquellas cosas que deben mejorar en nuestra tierra. Con ese mismo espíritu, aunque con un contexto bien diferente al de otros años, afrontamos el Día de Andalucía, una cita que en esta edición debe convertirse en una llamada a la esperanza, a la confianza en la recuperación y en la fortaleza de la sociedad andaluza.

2019 fue un año histórico para Andalucía, región que consiguió liderar destacados índices económicos en materia de exportaciones y de emprendimiento; así como un crecimiento del Producto Interior Bruto por encima de la media española. A nadie escapa que en ese impulso y liderazgo económico, la provincia de Málaga jugó un papel determinante, con una industria turística que generó entonces un impacto económico cercano a los 15.000 millones de euros en ese ejercicio.

La llegada del coronavirus, responsable de una pandemia mundial y con unas catastróficas consecuencias en todos los ámbitos, supuso un frenazo a un año que arrancaba con las mejores expectativas.

Desde entonces, vivimos en una especie de limbo, en una disonante nota sostenida en la que lo que predomina es la impotencia y el dolor ante las miles de pérdidas que hemos sufrido y ante las consecuencias económicas y sociales que ya arrecian en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Por eso, dada la situación y el panorama al que nos enfrentamos, no hay nada más reivindicativo, nada más rebelde para este Día de Andalucía, que apelar a la esperanza y a la confianza de que entre todos, podremos salir de esta.

Desde las administraciones públicas tenemos la obligación de afrontar los próximos meses bajo esa premisa, dando lo mejor de nosotros mismos para que, con el permiso del proceso de vacunación, afrontemos la recuperación económica y social cuanto antes y de la mejor forma posible. Para que el frenazo que todos sufrimos sea eso, un inevitable e indeseable parón, pero no una caída al abismo.

Desde la Diputación de Málaga ese ha sido nuestro empeño desde el inicio de esta crisis, en la que hemos incorporado el concepto de recuperación a nuestro día a día, a nuestra voluntad política y a la realidad presupuestaria de la institución a la que represento.

Cabe destacar dos hitos en este sentido: el Plan Málaga, que ha puesto a disposición de la provincia y de sus ayuntamientos 233 millones de euros para la recuperación económica y social; y los presupuestos provinciales de 2021, los más inversores de la historia de esta institución, 132 millones, uno de cada tres euros de las cuentas dedicados a la inversión.

En cualquier caso, ambas actuaciones tienen una serie de elementos en común, como es la inyección de liquidez a los ayuntamientos, la administración pública más cercana al ciudadano y la que requiere de un mayor refuerzo ante las situaciones que se derivan de la pandemia; y la inversión en proyectos y equipamientos para la provincia que den aire a la obra pública y que sigan dando respuesta a las necesidades de los municipios.

Merece una mención especial, en este sentido, que se hayan redoblado los esfuerzos en políticas sociales, prestando especial atención a los centros asistenciales que dependen de la Diputación de Málaga y al personal que trabaja en ellos.

Y por supuesto, la promoción turística, sin complejos, sin mirar hacia otro lado y de la mano del sector. Una labor que llevamos a cabo no sólo desde Turismo y Planificación Costa del Sol, sino a través de proyectos que están poniendo el acento en los grandes parajes y espacios naturales de nuestra provincia, sin duda, un gran elemento diferenciador de cara al mercado turístico de los próximos años.

En resumen, si la provincia de Málaga fue clave en el liderazgo económico de Andalucía en 2019, también debe serlo en este proceso de remontada. De ahí la importancia de que todas las administraciones y en todos los ámbitos muestren su compromiso inequívoco con la recuperación y, por tanto, con el respaldo a todos los sectores productivos de nuestra tierra, sin distinción ni sectarismo.

De ahí la importancia de que tengamos una Andalucía fuerte, que no dé un paso atrás en ese espíritu reivindicativo, que exija su sitio en el conjunto del país como región más poblada. Sin aspavientos, pero con firmeza; sin nacionalismos sectarios, pero tampoco sin faltas de respeto a nuestra autonomía y a nuestra identidad.

Esa es mi reivindicación como presidente de la Diputación de Málaga para este 28 de febrero de 2021. La esperanza de una provincia que afronta la recuperación con el brío que la caracteriza, siendo alma de una Andalucía que volverá a brillar con luz propia.