«Salvar la Navidad» será el eslogan, la coletilla o el argumentario político que pasará a la historia de la gestión de la pandemia como un rotundo error con graves consecuencias que los líderes públicos no quieren volver a repetir. 

«No haremos una desescalada precipitada. Si en unos días los expertos aconsejasen avanzar, se hará con prudencia y de manera razonable y proporcionada», afirmó el presidente de la Junta, Juanma Moreno, en sus redes sociales, donde destacaba además cómo la tasa de incidencia cumulada de la comunidad autónoma ha caído de los 959 casos por cada 100.000 habitantes a 237 «en poco más de 20 días».

Andalucía y todas sus provincias andaluzas, salvo Almería, se encuentran ya fuera del riesgo «extremo» de transmisión desde esta semana, después de un mes de desescalada de la tercera ola que llegó a tener a 4.980 pacientes ingresados en los hospitales andaluces.

La situación epidemiológica cada vez es más favorable, pero la Semana Santa llega dentro de un mes y los rumores de una cuarta ola propulsada por la «explosión» de la cepa británica y una relajación de las restricciones para aprovechar el tirón turístico de los días festivos cada vez cobran más fuerza, por lo que las administraciones públicas se afanan estos días en subrayar la «cautela» con la que se establecerán las nuevas normas.

Por su parte, el vicepresidente del Gobierno andaluz y consejero de Turismo, Juan Marín ya ha reclamado un plan de movilidad nacional para que se permita viajar entre comunidades con «toda la normalidad». Y aunque la cartera de Carolina Darias trabaja ya en una estrategia común de cara a la Semana Santa, que según la ministra será «prudente» para evitar las «consecuencias abruptas» de las desescaladas anteriores, el epidemiólogo del Gobierno nacional, Fernando Simón, duda de que sea posible debido a los diferentes estados epidemiológicos de las regiones.