Desde hace unos meses, en cuanto se llegó al ecuador de la legislatura con el segundo aniversario del Gobierno del cambio, Andalucía parece una comunidad obligada a convivir con un ambiente de elecciones. Aunque no vayan a celebrarse hasta finales de 2022, no cesan los movimientos que guiñan a un adelanto electoral. Como muestra basta la reciente retirada del apoyo por parte de Vox, que incluso señala que después del verano deberían celebrarse ya los comicios autonómicos. Y, claro está, a Juanma Moreno no le ha hecho gracia que le impongan la fecha y ha enviado al portavoz de la Junta, Elías Bendodo, a recordar que hay estabilidad para agotar la legislatura y que la fecha de las elecciones será el 27 de noviembre de 2022. Cuando toca. Un otoño después del que dice Vox.

Aunque pueda sonar a definitivo, no lo es y el tablero político sigue revuelto con todas las fuerzas preparando sus armas por si se adelantan los comicios. Al propio PP andaluz, firme en su Gobierno de coalición y en la sintonía con Ciudadanos, le toca sufrir las maniobras de su aparato nacional comandadas por Teodoro García Egea y la infiltración de Fran Hervías, quien prepararía el éxodo de políticos naranjas al partido de la gaviota. O, incluso, estaría detrás de situaciones como la que afecta a la alcaldía de Cs en Granada.

Mientras tanto, el líder regional naranja, Juan Marín, se hace cada vez más visible tanto en su funciones de vicepresidente andaluz como en una proximidad a Inés Arrimadas que, por momentos, ha aparcado los rumores de su fichaje por el PP. Eso sí, la presidenta nacional de su formación no le garantiza la candidatura a la presidencia de la Junta y la consejera de Igualdad, Rocío Ruiz, ha solicitado unas primarias para disputársela.

La designación de un ‘presidenciable’ es otra tarea a la que se entregará también Vox. Tras la negativa de Macarena Olona, la diputada malagueña Patricia Rueda y el nuevo portavoz parlamentario, el gaditano Manuel Gavira, cuentan con bastantes papeletas.

El vigente enfrentamiento fratricida en el PSOE andaluz es la prueba más flagrante de todo lo que ha condicionado a la política andaluza la posibilidad de un adelanto electoral. Aunque las primarias iban a convocarse a finales de este año, el aparato nacional de la calle Ferraz optó por adelantarlas seis meses con la elección de candidato a la presidencia de la Junta como leitmotiv excepcional. Pedro Sánchez no quería verse en la obligación de tener que presentar a Susana Díaz y apostó por ir preparándole el viaje hacia el Parlamento de Andalucía al alcalde de Sevilla, Juan Espadas. No será hasta el día 13 de este mes -o hasta un domingo después si hay segunda vuelta- cuando se resuelva el dilema.

Juan Espadas y Susana Díaz, aspirantes a la candidatura del PSOE a la presidencia de la Junta. EUROPA PRESS

Por lo pronto, ni los propios candidatos a las primarias se ponen de acuerdo respecto a la conveniencia de las elecciones anticipadas. Aunque hace varios meses descartó esta posibilidad, Susana Díaz recuerda que está preparada para enfrentarse al reto cuanto antes y regresar a San Telmo. En cambio, Juan Espadas defiende que se acabe la legislatura para no perder fondos europeos y afrontar la recuperación económica, aunque en las últimas fechas ha estado más agresivo y ha pedido que Juanma Moreno se someta a una cuestión de confianza. Y el tercer aspirante en liza, Luis Ángel Hierro, es partidario de que siempre se cumplan los cuatro años. Incluso, vaticina que el presidente andaluz no convocará elecciones hasta finales de 2022.

Por otro lado, si se ahonda en la margen ideológica antagónica a los gobernantes actuales, da la sensación de que toda la izquierda andaluza está en obras con los próximos comicios regionales como detonante de las reformas. Prácticamente, las distintas fuerzas que la componen se encuentran ‘en construcción’, como las páginas web que todavía no han entrado en funcionamiento.

Es el caso de IU y de Podemos. Una vez que tras el sangriento fracaso de la confluencia Adelante decidieron apostar por la fórmula nacional Unidas Podemos para concurrir juntos, ahora andan inmersos en la búsqueda de liderazgos. Bastaría con recordar que la anterior cabeza de cartel fue la ‘desertora’ Teresa Rodríguez para intuir el vacío que debe ser dotado de contenido. Estaría por ver el rol que jugarán los actuales responsables regionales de sendas formaciones. Es decir, si darán un paso adelante el malagueño Toni Valero (IU) o la cordobesa Martina Velarde (Podemos). O si, en cambio, echan mano de la portavoz parlamentaria, Inmaculada Nieto. Es menos probable que desembarque un peso pesado destinado en Madrid, como podría ser el caso de la secretaria de Estado de Igualdad y futurible número 3 de la nueva dirección morada, la gaditana Noelia Vera.

Al mismo tiempo, quien no ha dudado en ponerse las pilas -por si hubiese que echarse a la calle para una nueva campaña- ha sido la propia Teresa Rodríguez.

Su nuevo partido de corte andalucista ha empezado a sentar sus bases en provincias como la de Málaga, con el anhelo del uso de la marca Adelante como punto de partida. Habrá que estar pendiente, además, a un posible acuerdo entre Teresa Rodríguez e Íñigo Errejón para que se sume a la lista ‘teresista’ Más País Andalucía, que tiene como líder regional a la sevillana Esperanza Gómez.