Las elecciones andaluzas están a la vuelta de la esquina. Este 19 de junio, más de seis millones de andaluces están llamados a las urnas para decidir quién, de los seis candidatos, se convertirá en el nuevo presidente autonómicoLa llegada de las elecciones genera otras dudas, entre ellas la utilidad del voto nulo, del voto en blanco y de la abstención.

Este tipo de voto se utiliza como castigo hacia la forma de la votación, o porque no hay ningún partido político que represente las ideas del ciudadano. A pesar de esto, conviene saber las diferencias.

Votar en blanco cuenta como un voto válido. Según señala en el artículo 96 del apartado 5 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG).  Pero, ¿a quién beneficia el voto en blanco? Principalmente a los partidos mayoritarios por la Ley D'Hont, debido a la distribución de escaños que hace el método. Este los reparte de forma proporcional a todos los partidos, por lo que para conseguir un escaño es necesario sumar un número determinado de votos.

Voto nulo

Se considera voto nulo cuando en el sobre hay más de una papeleta, se introduce un objeto o cualquier otra cosa, o se dibuja algún elemento en la papeleta. Esta modalidad es conocida por ser la más gamberra de las tres mencionadas.

Se considera un voto crítico, y no perjudica ni beneficia a nadie. Según la actual ley electoral, este voto es emitido pero no válido, por lo tanto no computa en el reparto de los escaños.

Abstención

La abstención se produce cuando no se acude a las urnas a votar. De este modo, el voto no cuenta ni se registra ni tiene una incidencia en las elecciones. La abstención es la más simple de las tres: no ir a votar.

Esta no beneficia ni perjudica a nadie, dado que el reparto se hace contabilizando tan solo los votos válidos emitidos. Es decir, si sobre el censo electoral han votado un 60% de los ciudadanos con derecho a voto, el reparto se hará en base a ese 60%, así que la abstención ni pincha ni corta.

Eso sí, las llamadas de los partidos para reducir la abstención van destinada, fundamentalmente, a evitar esta práctica entre sus posibles votantes, que de quedarse en casa sí que harían mermar de forma considerable los resultados de un determinado partido. Además, en función del porcentaje de abstención, se pueden lanzar dudas sobre la legitimidad del resultado si la participación es anormalmente baja, incluso poniendo en cuestión el propio sistema democrático.