Reportaje

Nuevos proyectos para un futuro ligado a la vida de las centrales nucleares

Desde 1992 es el único centro de almacenamiento definitivo de residuos radiactivos de muy baja y de baja y media actividad

La operatividad de El Cabril es finita y se prevé que finalice en torno al año 2073, aunque los residuos de baja y media actividad deberán ser vigilados durante 300 años 

Operarios descargan un contenedor de residuos radiactivos en la nave de muy baja actividad de El Cabril.

Operarios descargan un contenedor de residuos radiactivos en la nave de muy baja actividad de El Cabril. / Diario Córdoba

Manuel Á Larrea

Manadas de ciervos merodean por los alrededores de las instalaciones. El silencio, solo interrumpido por la entrada y salida de trabajadores, reina en una de las lomas de la Sierra Albarrana. Ensimismado en los placeres del entorno paisajístico, uno se topa de repente con los controles de seguridad de uno de los espacios más vigilados de la provincia de Córdoba, gestionado por Enresa (Empresa Nacional de Residuos Radiactivos). Desde hace más de tres décadas, aquel tramo sobre el río Bembézar acoge la única instalación autorizada en España para almacenar de forma definitiva residuos radiactivos de muy baja y de baja y media actividad.

El Cabril es, hoy en día, un ejemplo en la gestión de residuos procedentes de centrales nucleares y de otras instalaciones menos conocidas que también emplean la radiactividad, de sectores como la medicina, la industria, la agricultura o el arte.

Más de 1.000 muestras al año

Para la directora del centro, Eva Noguero, lo más importante del proyecto que dirige desde hace ya 14 años es garantizar la seguridad de las personas y del entorno. Para ello, además de los dispositivos de seguridad y de las inspecciones del Centro de Seguridad Nuclear, realizan más de 1.000 muestras anuales en 124 puntos que, posteriormente, se analizan en laboratorios externos.

Un  técnico pasa revisión con una pértiga de la radiactividad de un camión recién llegado a El Cabril.

Un técnico pasa revisión con una pértiga de la radiactividad de un camión recién llegado a El Cabril. / Diario Córdoba

«A lo largo de los 32 años de funcionamiento que lleva este centro, los resultados ponen de manifiesto que las condiciones radiológicas no se han visto modificadas con respecto a las iniciales», explica Noguero. Las muestras tomadas en agua, aire, suelo, radiación ambiental, animales, vegetación, sedimentos o, incluso, alimentos se enmarcan en los planes del Programa de Vigilancia Radiológica Ambiental. La instalación, como reitera su presidenta, tiene las «medidas técnicas para asegurar el aislamiento de los residuos y, sobre todo, tienes garantizado una vigilancia y un control constante». Noguera invita a los interesados en saber más a que «pasen y vean».

Dentro de El Cabril

Un camión procedente de la central nuclear de Cofrentes (Valencia) pasa el primer control y, antes de acceder a una de las naves para descargar los residuos, pasa por un examen radiológico para detectar si el vehículo está contaminado, algo que no suele ocurrir, puesto que la misma acción se realiza antes de partir.

Dentro de la nave, desde una sala de control comienzan a descargar los bidones de 220 litros. Una grúa los saca y los coloca en los cubos. Esos contenedores, cuando se llenan, son inyectados con mortero hasta rebosar y, después, trasladados hasta las celdas, donde permanecerán durante tres siglos en el caso de los que contienen residuos de baja y media actividad. Finalmente, esa celda que alberga 320 contenedores, cuando no tiene capacidad para más, es cubierta con una losa de cemento fabricada in situ y sellada con pintura impermeabilizante. La interposición de barreras es una de las medidas más esenciales de seguridad. Los propios bidones llegan rellenos de hormigón. Los cubos, también de hormigón y llenados de mortero, van directamente a una construcción de hormigón que es enterrada. Eso, con ayuda de la ingeniería, crea todo un sistema de protección química y física. La geológica es la última barrera.

Una vez en el subsuelo, las plataformas están rodeadas por una red de control de infiltraciones que es la última garantía de control para asegurar el perfecto confinamiento de estos residuos.

Supervisión del sistema de una de las galerías subterráneas que componen la red de control de infiltraciones.

Supervisión del sistema de una de las galerías subterráneas que componen la red de control de infiltraciones. / Diario Córdoba

Evolución continua

«La instalación va modificándose prácticamente todos los años. De hecho, desde que arrancamos en el 92, se han abordado más de 300 modificaciones de diseño», asegura Noguero.

La tecnología avanza, y al mismo tiempo la normativa cambia. Por eso, El Cabril evoluciona permanentemente para velar por la seguridad, en todo caso, y mirando siempre a un futuro finito.

En torno al año 2073, El Cabril volverá a ser un paraje natural, sin rastro de las grandes cubiertas que se erigen sobre las celdas de almacenamiento de residuos radiactivos y que sirven para operar sobre ellos. Estas cubiertas se montan y se desmontan para moverse hacia las plataformas de almacenamiento vacías cuando una se completa. Y, después de algo más de 80 años de actividad, está previsto que el proyecto de gestión en Córdoba finalice.

«La vida de El Cabril está ligada a las centrales nucleares. Una vez que se desmantelen estas centrales, hay que retirar los residuos de baja, media y muy baja actividad que se generen. Y, cuando se produzca ese momento, ¿qué hay que hacer? Cerrar, clasurar este centro. Habrá que desmantelarlo también», explica Eva Noguero, directora de la instalación cordobesa desde hace 14 años.

Más almacenamiento

Hasta ese final, tendrán que transcurrir varias décadas y haber algunos proyectos en El Cabril. Planes que pasan, especialmente, por la ampliación del espacio de almacenamiento. Según el Inventario Nacional de Residuos Radiactivos del Consejo de Seguridad Nuclear, con las cuatro celdas (faltan dos por construir) para residuos de muy baja actividad habría «capacidad suficiente» para cubrir las previsiones.

Sin embargo, en el caso de los residuos de baja y media actividad, con las 28 estructuras de almacenamiento existentes, «no hay capacidad suficiente», precisa Eva Noguero. «Lo que tenemos es un proyecto para construir nuevas celdas de almacenamiento», indica la directora. La solicitud de modificación de diseño y de construcción ya se envió al Gobierno.

Un especialista realiza una verificación de la calidad de los residuos en un laboratorio de El Cabril.

Un especialista realiza una verificación de la calidad de los residuos en un laboratorio de El Cabril. / Diario Córdoba

El 28 de febrero, la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental emitió una declaración de impacto ambiental positiva, según explica Noguero. Y, ahora, «el proyecto está en evaluación por parte del Consejo, que tendrá que hacer su informe».

Desde El Cabril barajan que la autorización llegará a lo largo de este año y la construcción comenzará en 2025. Así, para 2028, estarían construidas las 27 celdas de almacenamiento proyectadas. Se acometerán en dos fases, de 12 y 15 celdas, respectivamente. Esa plataforma, en el sureste del recinto, se alzará en el cerro de Los Pavillos. Este proyecto no es ninguna novedad, ya que, como recuerdan desde El Cabril, estaba recogido en el 6º Plan General de Residuos Radiactivos.

Otro paso próximo es la construcción de la tercera de las cuatro celdas planificadas para residuos de muy baja actividad. En octubre de 2021 se presentó el plan de construcción, que está en evaluación. «Cuando tengamos la apreciación favorable, abordaremos la construcción», señala la directora de El Cabril.

El grueso de las celdas, a un 83%

Que el lector eche cuentas: El Cabril cuenta con 28 celdas construidas. Cada celda almacena 320 contenedores y cada contenedor, 18 bidones con residuos radiactivos. Hasta la fecha, hay 22 de esas 28 celdas completas, lo que equivale a un 82,95%. Este tipo de residuos son los más peligrosos que entran a las instalaciones de Córdoba y tardan 300 años en decaer a niveles de radiación natural. Para los de muy baja actividad cuenta con dos celdas con una ocupación del 26,7% y del 28,93%. En 2023, el centro recibió 2.623 metros cúbicos de residuos transportados en 276 expediciones por carretera.

Vigilancia durante 300 años

Para que los residuos radiactivos de baja y media actividad decaigan a niveles naturales, deben transcurrir 300 años. «La vigilancia es continua en lo que es la parte de operación», recuerda la directora del centro.

«Una vez que la operación cese y se produzca la clausura, se establecerá un programa de vigilancia que en su momento se definirá. Y ese programa está establecido para unos 300 años», abunda Eva Noguero.

Varias capas de pedraplén, arena, arcilla, tierra vegetal y otros materiales cubrirán las plataformas de El Cabril una vez llenas de residuos radiactivos. Entonces, su apariencia cambiará totalmente como puede apreciarse en las simulaciones con las que disponen en el centro gestionado por la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (Enresa).

Después de 32 años, el único centro autorizado en España para el almacenamiento definitivo de residuos de muy baja y baja y media actividad tiene por delante, según las estimaciones, medio siglo en el que sus encargados tratarán de velar por la seguridad de las personas y del entorno privilegiado en el que se ubica.

Un generador de empleo

En El Cabril trabajan actualmente 111 personas como plantilla de Enresa. Una cifra que su presidenta confía en que se amplíe próximamente a 117. Esos números no contemplan los trabajadores de empresas colaboradoras, que «dependen de los trabajos que hay». Además, Enresa tiene contratadas a cerca de 70 personas más, según la directora de El Cabril, para actividades como la vigilancia o la limpieza. La plantilla, de las instalaciones cordobesas se compone principalmente de personas de los municipios de alrededor (68%); mientras que un 22% procede de la capital; un 6%, del resto de la provincia y un 4%, de otros lugares. 

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