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Andaluces que rompen estereotipos: "Ser andaluz no es ser blanco y llamarse José Luis"

Anas Hazeb Hamzaoui es granadino de origen marroquí y estudia Ingeniería Civil. Él reivindica una Andalucía donde importa "lo que aportas", no de dónde vienes

Andaluces que rompen estereotipos: "Ser andaluz no es ser blanco y llamarse José Luis"

La Opinión

Chaima Laghrissi

Chaima Laghrissi

Málaga

''Andaluces, levantaos'', dice el Himno de Andalucía. Y en esa llamada cabe mucho más que una postal costumbrista: Andalucía no se reduce al pan con aceite, al acento o a presumir de ''cuatro apellidos andaluces''. En un momento sociopolítico atravesado por la polarización y por discursos que intentan poner fronteras a la pertenencia, la pregunta vuelve con fuerza: ¿qué significa, de verdad, ser andaluz?

Andalucía, precisamente, es difícil de encerrar en una definición estrecha. Es una tierra hecha de mezclas, de idas y venidas, de barrios, pueblos y ciudades donde conviven la multiculturalidad. Aquí, más que el origen, pesa la manera de estar: lo que se comparte, lo que se cuida, lo que se aporta. ''Andalucía no te pide de dónde vienes, sino qué estás dispuesto a aportar'', resume Anas Hazeb Hamzaoui.

Anas tiene 23 años, estudia Ingeniería Civil y vive en Granada. Su nombre delata raíces árabes, pero su forma de contarlo rompe el cliché: ''Ser andaluz no es ser blanco y llamarse José Luis'', afirma.

Anas estña terminando el grado de Ingeniería Civil.

Anas estña terminando el grado de Ingeniería Civil. / La Opinión

Nació en Marrakech y llegó a España cuando apenas tenía tres años. Por eso, asegura, nunca vivió su historia como una “llegada”. «No crecí pensando que tenía que integrarme; crecí siendo un andaluz aquí», explica. Sin embargo, reconoce que todavía le incomoda una idea que se repite con demasiada frecuencia: «No entiendo tener que justificar constantemente que soy español».

Su trayectoria vital se ha ido tejiendo entre Ciudad Real, donde cursó parte de Primaria, y Granada, ciudad a la que se trasladó después con su familia y donde reside actualmente. Y, cuando habla de identidad, lo hace sin dudas: «Soy español de origen marroquí», afirma con total naturalidad.

''Nunca sentí que llegaba a un sitio nuevo. No crecí pensando que tenía que integrarme, crecí siendo un andaluz aquí'', explica. Para él, Andalucía no es solo un lugar en el mapa, sino una forma de entender la vida. ''Andalucía no te pide de dónde vienes, sino qué estás dispuesto a aportar''.

Emprendedor con 18 años

Con solo 18 años fundó una empresa de seguridad, SaveDari, que hoy opera en varios países y que estudia expandirse a España. ''A nivel profesional siempre he tenido claro que quería emprender'', afirma.

Paralelamente, cursa Ingeniería Civil, una vocación que conecta directamente con su compromiso social. ''Me gusta construir. Un ingeniero civil transforma una zona'', resume. El año pasado puso en marcha la asociación sin ánimo de lucro Ingeniería Civil en Acción, con la que canaliza proyectos solidarios.

''Ponemos agua donde no la haya. Trabajamos cuando ves una necesidad y necesitas solventarla'', explica. Su motivación nace de realidades muy concretas: ''Cuando vi que hay pueblos que no tienen luz, electricidad, carreteras o agua potable, eso es lo que me empuja''.

Su activismo está orientado a los derechos sociales. ''Estoy comprometido con los derechos sociales. Defenderlos es parte de mi día a día'', subraya.

Anas combina su carrera con la acción social.

Anas combina su carrera con la acción social. / La Opinión

Identidad y pertenencia

Anas habla de identidad y compatibilidad de culturas. ''Tengo apellidos árabes, pero eso nunca me ha hecho sentir menos andaluz y español que nadie. Al final la identidad no está en un nombre, sino en lo que haces en la tierra en la que vives''.

Reconoce que el proceso no siempre es sencillo. ''Cuando eres español, pero marroquí de origen, tienes que demostrar el doble y argumentar el doble. Es nuestro día a día'', asegura. ''No tengo que justificar a nadie que soy español ni me tienen porque gustar los toros para serlo. Tampoco tengo que tener los ojos claros ni apellidarse Hernández. Ser andaluz es sentirse identificado con esta tierra y aportar todo lo que puedas a tu tierra'', añade.

Choques culturales, racismo e islamofobia

Aunque asegura que Andalucía le ha acogido y que se ha sentido integrado, no niega la existencia de discriminación. ''He tenido la suerte de integrarme, pero hay gente racista, como en todos lados'', admite.

''El racismo que recibo ahora no es ignorante, intenta hablar de nosotros como enemigos. Ciertos partidos políticos usan bulos y desinformación para generar ese clima'', sostiene.

Relata también situaciones cotidianas que reflejan prejuicios. ''Una vez, hablando con unos amigos en árabe y francés, se nos acercó una mujer para decirnos: ‘Lo que tenéis que hacer es aprender castellano’. ¿Cuántos alemanes hablan español en Mallorca?'', cuestiona.

Más motivación que miedo

Ante la polarización política y el aumento de discursos de odio, Anas no responde con temor. ''Más que miedo, me da motivación. Somos más las buenas personas. Las personas con odio llevan existiendo años, pero ese odio se combate con amor, trabajo y esfuerzo'', reflexiona.

Y vuelve a la idea que atraviesa todo su relato: Andalucía como convivencia. ''Andalucía es una forma de sentir, convivir y sentir juntos. Es multiculturalismo. Lo más bonito de España es que, como somos tan diferentes, sabemos respetarnos y convivir''. Porque no se trata de apellidos, colores ni nombre, sino lo que construyes y aportas a esta tierra.

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